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Juan Pablo Remolina
Domingo 30 de julio de 2023 - 12:00 AM

Un cohete social

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¿Cuántos recursos se asignan a inversión social por parte del gobierno, la cooperación internacional y el sector privado? ¿Estos recursos están produciendo los resultados esperados? Poco se sabe sobre el impacto de las decenas de billones de pesos que se gastan anualmente. Para muchos lo que importa es el monto de los recursos destinados y no la transformación en la calidad de vida de los beneficiarios. Generalmente, el presupuesto público se asigna de manera inercial, al grupo con mayor poder político y sin información sobre la pertinencia de los programas. Por esta razón, en 2010 se crearon los llamados “Bonos de Impacto Social” (BIS) en el Reino Unido.

Los BIS son un mecanismo de financiación de iniciativas sociales en el que ya no se paga por actividades, como ocurre de manera tradicional, sino por resultados. Por ejemplo, si el objetivo es aumentar la empleabilidad, no se paga por formar a un joven sino una vez que este haya conseguido trabajo. Aunque no lo crean, Colombia es uno de los países pioneros en este tipo de mecanismos de financiación, el cual se ha aplicado con éxito en Medellín, Cali, Barranquilla y Bogotá. De hecho, la alcaldía de Bogotá ha destinado más de 30.000 millones de pesos a programas de pago por resultados para colocar a 22.000 personas en el mercado laboral.

Bajo esta óptica, en Bucaramanga tenemos la oportunidad de implementar este mecanismo de financiación y construir un ascensor social o mejor aún, un cohete social. La startup santandereana Campuslands, liderada por Diego Tarazona, garantiza un empleo con un salario entre 700 a 1.200 dólares mensuales en el primer año a los jóvenes mayores de 16 años que hayan culminado satisfactoriamente un entrenamiento como programadores, que dura entre 8 a 10 meses. Luego, el salario tiende a aumentar progresivamente y puede llegar a 3.000 dólares mensuales en 5 años.

Eso significa que en lugar de esperar 11 generaciones para que una persona salga de la pobreza, como sucede en Colombia, ahora puede llegar a ser de clase alta en 8 meses y de manera gratuita. La formación se brinda presencialmente, en unas novedosas instalaciones en la Zona Franca de Bucaramanga, y no tiene ningún costo para el estudiante. Solo se requieren capacidades básicas en lógica matemática, compromiso y disciplina. Hoy América Latina está necesitando más de un millón de programadores. La revolución tecnológica es una gran oportunidad para incluir a la base de la pirámide, ganarle la guerra a la pobreza y generar progreso.

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