Publicado por: Puno Ardila
Se acercan las elecciones para presidente, y no podemos quejarnos porque no haya propuestas, porque sí que las hay. Otra cosa es que sean falsas o verdaderas, fáciles o difíciles, realizables o utópicas; o sencillamente que sean lo que se usa en estos casos de campaña electoral: solo promesas. Pero que las hay, las hay.
Lo importante, como primera medida, es LEER las propuestas de gobierno, ANALIZAR sus fundamentos, su viabilidad, su coherencia, su pertinencia y su conveniencia. Como segunda medida, confrontar si lo propuesto tiene asidero en la hoja de vida del candidato: estudios relacionados, experiencia verdadera, resultados efectivos, manejo de lo público y, lo más importante: probidad. No es posible que votemos por quien no ha mostrado capacidades en el ejercicio de la administración pública o, lo que es peor, que resultemos votando por quien arrastra una estela de hechos irregulares, con cuestionamientos pendientes por aclarar.
Importantísimo además que el candidato cuente con equipo de trabajo de alto perfil, que cumpla, igualmente, con lo expuesto en el párrafo anterior: con hoja de vida, y sin prontuario. Tanto el candidato como su equipo no solo deben ser capaces, sino que deben tener también las manos limpias.
Por ahora, aparte de lo dicho, debemos partir del ejercicio del voto no solo como un derecho democrático, sino como un deber; y si todos los ciudadanos colombianos ejercemos el poder del voto, se hace efectivo el hecho importante de que los funcionarios elegidos deben funcionar como nuestros subordinados, y no al revés, como se ha creído siempre en Colombia, que en vez de pedir cuentas a los gobernantes se les pide permiso, hasta para saludarlos. Si todos salimos a votar, el próximo presidente será elegido de verdad por el pueblo soberano, y no por un grupúsculo de analfabetos engañados de nuevo con el tamal de siempre.
Votemos por quien podamos tener la certeza de que no continuará con el infame saqueo de la nación; por quien busque el bienestar general y no su beneficio personal y el de sus áulicos; por quien en verdad nos renueve la esperanza de vivir en paz.











