Desde hace varios años, algunos de los comandantes de la Policía Metropolitana han advertido de la presencia de jefes mafiosos, que vienen a esconderse temporalmente en los municipios conurbados.

Publicado por: Editorial
Una de las situaciones más críticas que recibió la nueva administración municipal es, sin duda, la que tiene que ver con la inseguridad que prosperó de manera inusitada durante los últimos años, en los que la ciudadanía de Bucaramanga comenzó a ver con frecuencia en sus calles la comisión de delitos que, como el sicariato, sólo habían ocurrido esporádicamente en los momentos más oscuros de la violencia política de los años 80. Pero, últimamente, la acción desbordada de bandas de delincuentes en motocicleta, también fue un delito que se volvió común y motivó toda clase de reacciones en la comunidad.
Así, muchas de las modalidades delictivas que comenzaron a colmar las estadísticas oficiales y la paciencia de la ciudadanía, respondían a dinámicas que no necesariamente tenían que ver con la típica acción de pequeños y aislados grupos de antisociales, sino que eran, en realidad, la manifestación de otras lógicas que se daban en el mundo subterráneo de la criminalidad, plagado de acciones de máxima violencia, que suelen ser expresiones de organizaciones mafiosas, en nuestro caso, relacionadas con una creciente red de microtráfico y últimamente un muy activo mercado para lavadores de dinero.
Este fue precisamente el elemento central de un reciente debate en el Concejo de Bucaramanga, que trataba de evaluar la estrategia de seguridad de la actual administración, y que dejó sentada, a través del concejal José David Cavanzo, la denuncia de una posible proliferación de economías criminales en Bucaramanga. Desde hace varios años, algunos de los comandantes de la Policía Metropolitana han advertido de la presencia de jefes mafiosos, que vienen a esconderse temporalmente en los municipios conurbados y, mientras tanto, van consolidando y fortaleciendo sus organizaciones criminales, que son las que hoy ejercen un verdadero dominio en múltiples sectores urbanos del área.
Dadas estas realidades, sería importante que desde el ejecutivo municipal y desde los planes de la Fiscalía y la Policía Nacional, se consideren no solo las estrategias para contener a los delincuentes que azotan a diario a los ciudadanos con robos, hurtos y atracos, sino que se reconozca la importancia y urgencia que merecen estas bandas de verdaderos criminales que desde actividades mafiosas como el microtráfico o el lavado de activos, son los que causan las heridas más profundas y dolorosas a la comunidad y son, por supuesto, los que hacen el mayor daño, en tanto terminan por convertirse en poderes económicos y criminales con la potencialidad de llevar la ciudad a la anarquía.














