Sergio Fajardo se reivindica como el profesor que quiere ser presidente: un político de centro que habla de coherencia, educación y lucha contra la corrupción en un país cansado de los extremos.
Publicado por: Redacción Política
En el estudio de En Off, el pódcast dirigido por Melissa García, directora de Vanguardia, Sergio Fajardo suelta, con la calma que lo caracteriza: “Aquí está el próximo presidente de Colombia”. Lo dice aferrado a una palabra que repite como mantra: coherencia. Matemático y profesor, exalcalde de Medellín, exgobernador de Antioquia y varias veces candidato presidencial, se reafirma como el hombre que no se ha movido del centro en un país atravesado por extremos, rabias y miedos: el profesor idealista que quiere cambiar la política sin parecerse a ella.
El punto de partida es una frase que detesta y que se volvió costumbre en la calle: “Que roben, pero que hagan”. Detrás, advierte, hay una forma de hacer política sostenida en el clientelismo, “puerta de entrada a la corrupción”, que degradó la política a cinismo: “todos son iguales”, “todos son ladrones”, hasta llegar a esa resignación final. “Entre corruptos no se pelean. ¿Usted ha visto a un corrupto diciéndole corrupto a otro? Solo si lo tumba en un negocio”, dice. Por eso insiste en que es una “amenaza tremenda” para ese mundo y esgrime su dato favorito: “No hay una sola persona que haya trabajado conmigo que esté acusada de corrupción”.
Fajardo vuelve una y otra vez a un origen que le gusta contar: el profesor que cambió el tablero por la plaza pública. A los 43 años era docente de matemáticas en los Andes y la Nacional y, según él, hoy debería ser profesor emérito. Pero vio gobernar a Antanas Mockus en Bogotá y pensó: “se puede hacer política diferente”.
Regresó a Medellín, armó desde cero un movimiento cívico sin partido ni padrinos, convocó ONG, organizaciones sociales, academia, cultura y emprendimiento, y terminó pasando de perder su primera elección a ganar la Alcaldía y luego la Gobernación. “La manera de llegar al poder es diferente, la manera de gobernar ha sido diferente”, señala.
En la memoria reciente su nombre está marcado por dos momentos: la casi victoria de 2018, “por 200.000 votos no quedé presidente”, y el desastre de 2022, que llama sin rodeos “la peor experiencia política de mi vida”. Dice que “falló todo”, asume la responsabilidad y se limita a concluir que estaba “en el lugar equivocado”. En esa misma línea defiende sus dos votos en blanco, primero entre Duque y Petro y luego entre Petro y Hernández, como actos de carácter: “El carácter no es escoger cualquier bando, el carácter es no vender los principios. Prefiero perder a ganar haciendo trampa”.
Santander, Rodolfo y las vías que no llegan
En la conversación, Fajardo repasa su historia con Rodolfo Hernández: lo conoció antes de que fuera alcalde, le mandó gente de su equipo cuando llegó al gobierno local y siempre le tuvo afecto. Tras la primera vuelta de 2022, algunos en la coalición le pidieron hablar con él; lo invitó a su casa, le presentó una propuesta de país y ahí se cerró cualquier alianza. “Hasta ahí llegó eso”, resume, antes de soltar una frase que aún incomoda: “Yo creo que Rodolfo no ganó porque no quiso”.
Santander aparece como símbolo de las deudas del Estado central: transporte público quebrado, ciclorutas invadidas por motos y vías eternamente prometidas como Bucaramanga–Pamplona o la “vía de los huecos” del Carare. Fajardo responde con su fórmula: sentarse a hacer planes serios con alcaldes y gobernadores, sin importar por quién votaron. Recuerda que, siendo gobernador de Antioquia, 120 de 125 alcaldes habían hecho campaña en su contra y aun así firmó con todos acuerdos públicos con cláusulas anticorrupción. “Ese que me insultó habla de él, no de mí. Yo a usted lo voy a respetar”, dice. Ahí, insiste, también se juega la cultura política.
La palabra que lo atraviesa todo es educación. Aunque reconoce que hoy la agenda está dominada por la inseguridad, la salud y el déficit fiscal, insiste en que el próximo gobierno no puede renunciar a un proyecto educativo para jóvenes que cruce educación, inteligencia artificial, empleo y salud mental. Define educación como un ecosistema que incluye ciencia, tecnología, innovación y cultura, y la condensa en una frase que propone como lema: “El presidente de Colombia es el primer educador del país”. Desde ahí critica el ejemplo del gobierno actual y promete un liderazgo rodeado de maestras, maestros, jóvenes, científicos y artistas: “¿Cuántas veces han visto al presidente al lado de un maestro o de una estudiante destacada? Conmigo lo van a ver siempre”.
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En una región marcada por el grito de “agua sí, oro no”, Fajardo tampoco esquiva el fracking. Reconoce que en 2018 decía “no al fracking” y hoy defiende la realización de pilotos controlados para decidir con evidencia, consciente de que el Magdalena Medio no es Vaca Muerta (Argentina) ni el Permian (EE.UU.): “allá son desiertos, aquí todo es verde y agua”. El límite, afirma, es el cuidado del agua y los ecosistemas, pero cree que el país tiene la obligación de aprovechar, con reglas estrictas, su riqueza en petróleo y gas para enfrentar las desigualdades.
Al final, cuando Melissa García le pregunta qué queda del Fajardo soñador de la Ola Verde, él responde sin dudar: “Sigo siendo soñador, sigo siendo idealista”. Lo explica con la metáfora de la bicicleta: se cayó y se quebró la cadera en campaña, hace un año se fracturó la clavícula y hoy entrena en un simulador, pero se promete que, cuando termine la presidencia, porque habla como si fuera un hecho, volverá a montar en carretera y a dictar clases de matemáticas en alguna escuela. “Yo no soy nostálgico, ni vengativo, ni rencoroso, ni amargado. He apostado todo esto por idealista, porque creo que se puede cambiar esta sociedad”.
















