Santander
Domingo 15 de febrero de 2026 - 08:51 AM

¿Accidente o crimen? Las dudas que deja la muerte de Daniel Felipe en Tona, Santander

La aparición del cadáver de un niño a la orilla del río Tona, sumió en el dolor a una apacible población de la provincia de Soto Norte. Nadie se atreve a decir que haya sido un accidente.

La muerte de Daniel Felipe Ballesteros en Tona tiene conmocionado al municipio (Foto de Jaime Moreno / VANGUARDIA).
La muerte de Daniel Felipe Ballesteros en Tona tiene conmocionado al municipio (Foto de Jaime Moreno / VANGUARDIA).

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De La Victoria hacia arriba, a unos ocho kilómetros trepando la vía que conduce a Tona, el rumor se esparció con la velocidad de las ráfagas gélidas que bajan del páramo de Berlín: Daniel Felipe Ballesteros había desaparecido. No había más palabra que esa, escueta y honda: perdido.

El S.O.S. corrió de teléfono en teléfono por la red tonera y, hasta pasadas las ocho y media de la mañana de aquel domingo, todo parecía apenas una travesura, un extravío, un retraso nimio en la rutina apacible de un pueblo acostumbrado a contar las horas por los tañidos de las campanas encaramadas en las torres de la Iglesia San Isidro Labrador y el murmullo del viento. Le sugerimos: Así fue la emotiva velatón en memoria del niño hallado muerto en Tona: comunidad clama justicia

Pero el corazón de una madre no entiende de apariencias. Percibe. Presiente. Late con una memoria que no se rompe jamás. El de Yurani se contrajo sin aviso, como si una sombra le hubiera cruzado por dentro. Lo supo antes de saberlo.

El atrio inmaculado iba adornado por cintas en honor a Daniel Felipe Ballesteros, el niño que fue hallado muerto en Tona. (Foto de Jaime Moreno / VANGUARDIA).
El atrio inmaculado iba adornado por cintas en honor a Daniel Felipe Ballesteros, el niño que fue hallado muerto en Tona. (Foto de Jaime Moreno / VANGUARDIA).

El encargo a su hijo no tomaba más de cinco minutos en su flamante bicicleta. La cocina de la vecina —donde lo aguardaban las morcillas humeantes que tanto le gustaban— quedaba a menos de una cuadra. Ir y volver: eso era todo. Danielito no llegó. Puede leer: Lo que se conoce de la misteriosa muerte de un menor de 10 años en Tona, Santander

La alerta creció como eco en las laderas de aquel caserío anclado a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar, a mitad de camino hacia el páramo. En los grupos de WhatsApp se repetía la misma pregunta con distintos signos de angustia.

Gloria Luna, como tantos otros, leyó hacia las 10:00 de la mañana que el niño no regresaba, que había salido a hacer un mandado, que alguien creyó ver un carro gris avanzando afanado por los adoquines de la avenida principal rumbo al Mortiño. Eran piezas sueltas de un rompecabezas que nadie quería completar.

Hasta que la noticia dejó de ser conjetura y se volvió piedra. Lea además: “Lo atropellaron y lo tiraron”: la versión de la familia por la misteriosa muerte de un niño en Santander

La muerte de Daniel Felipe Ballesteros en Tona tiene conmocionado al municipio (Foto de Jaime Moreno / VANGUARDIA).
La muerte de Daniel Felipe Ballesteros en Tona tiene conmocionado al municipio (Foto de Jaime Moreno / VANGUARDIA).

Más tarde hallaron al pequeño exánime en un recodo del Río Sucio, en dirección contraria a su casa en el barrio Nogales, hacia la vereda Chiscapá, adonde jamás debió encaminarse. Mucho más lejos del trayecto breve y cotidiano hacia el barrio Los Sauces, que habría debido concluir en el desayuno.

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Estamos de luto; tengo una percepción personal por la forma en que quedó el cuerpo del niño habría sevicia, la actuación humana. Hemos ofrecido una recompensa

Estaba frío. Más que el agua transparente que baja recién nacida de la montaña y corre, obediente, hacia la ciudad. Dicen que la postura del cuerpecito no correspondía al descuido alegre de quien se asoma a un cauce por curiosidad.

La bicicleta quedó apoyada junto a la cerca que delimita el chorro y la carretera principal; las pequeñas chanclas, dispersas alrededor del caballito de acero, ahora sin jinete.

Velatón en memoria de Daniel Felipe en Tona, Santander. 
Foto: Suministrada.
Velatón en memoria de Daniel Felipe en Tona, Santander. Foto: Suministrada.

Entonces hubo otro sismo en la red de mensajes: Daniel estaba muerto. Y el pueblo, que hasta esa mañana se había mecido en la calma de sus breñas, cayó en un sopor más espeso, duro, triste. La bruma del páramo pareció descender sobre los techos, el silencio se volvió más pesado que la altura. De Golondrinas hacia arriba había más sosiego que el habitual, hasta ahí se oyó música. Casi se podía tocar con los dedos el dolor de ausencia.

Quienes lo encontraron dieron la alarma definitiva. Después, todo fue un murmullo quebrado, un duelo compartido en voz baja, una pregunta suspendida en el aire helado de la montaña. El tiempo pareció congelarse como los hermanos frailejones.

Desconsuelo, incredulidad, lamento asfixiante. Nadie da crédito a esa desconcertante manera de morir para un chiquillo que se asomaba a la vida, que sorprendía con su madurez, su sensatez de experto en cuerpo chico. Era diferente, maduro para tan pocos años.

El atrio inmaculado iba adornado por cintas en honor a Daniel Felipe Ballesteros, el niño que fue hallado muerto en Tona. (Foto de Jaime Moreno / VANGUARDIA).
El atrio inmaculado iba adornado por cintas en honor a Daniel Felipe Ballesteros, el niño que fue hallado muerto en Tona. (Foto de Jaime Moreno / VANGUARDIA).

“Buen amigo, considerado, bonito…” dijo una chiquita de la misma edad atravesando el parque principal por donde tantas veces pasó con su compañero de quinto de primaria, ataviados de azul y blanco, corbata sin ajustar, con el ribete en el pecho marcado con el nombre de un caudillo liberal baleado en las afueras del Capitolio Nacional en 1914: Colegio Rafael Uribe Uribe.

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Por el sendero hacia el caserío, Carlos Jerez detuvo de estacada la camioneta donde viajaba hacia el terruño, justo cuando vio trocha adentro las barandas del puente desde donde se presume cayó Daniel.

Tomaba fotos, miraba hacia el torrente queriendo captar con su cámara alguna pista del por qué. Ojalá una foto de aquel agraciado sonriendo y no ausente. “Esto se debe esclarecer. Tona es un remanso de paz”. El recodo donde ocurrió todo está a un lado de la vía principal, hay que desviarse unos cuantos metros para ‘caer’ por allí.

El atrio inmaculado iba adornado por cintas en honor a Daniel Felipe Ballesteros, el niño que fue hallado muerto en Tona. (Foto de Jaime Moreno / VANGUARDIA).
El atrio inmaculado iba adornado por cintas en honor a Daniel Felipe Ballesteros, el niño que fue hallado muerto en Tona. (Foto de Jaime Moreno / VANGUARDIA).

La casa de rejas azul turquesa que vio salir a Daniel, el comando de Policía, el coliseo, la vivienda donde debió llegar por las viandas del desayuno, la corta inmensidad de la calle principal adornada a lado y lado con banderines de colores rojo, verde y blanco símbolo local. Honor a un inocente caído. El parque…

Solo los murmullos se atreven a irrespetar la mudez funesta, algunos expresando un pensamiento común: “lo mataron, por qué se iba a caer así”.

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En el Concejo hay una percepción similar.

“Hay que esclarecer estos hechos, no puede haber impunidad”, ha expresado con vehemencia Adalberto Ospino desde su púlpito como edil.

La muerte de Daniel Felipe Ballesteros en Tona tiene conmocionado al municipio (Foto de Jaime Moreno / VANGUARDIA).
La muerte de Daniel Felipe Ballesteros en Tona tiene conmocionado al municipio (Foto de Jaime Moreno / VANGUARDIA).

Sobre un andén, a solo dos casas de la Alcaldía, el mayor Walter Tarazona, comandante de Policía local, se mantiene activo, expectante coordinando cada paso; una patrulla de Infancia y adolescencia llegó una noche atrás, así como los agentes de la unidad de homicidios de Matanza, entremezclados con los habitantes, analizando, escuchando, hurgando, porque además de la percepción unificada a que la partida de Daniel se perfila como dolosa, intencional, criminal.

La noche de la velación frente a la escuela, corrió entre la prole otra tesis, que por más macondiana que parezca no pasará desapercibida: un mudo, ayudante de una flota que va y viene desde Berlín habría dicho que eso que pasó fue un accidente. ¿Con quién; acaso quisieron borrarlo?

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Jesús Santiago Gutiérrez, alcalde del pueblo, es más específico: “estamos de luto; tengo una percepción personal por la forma en que quedó el cuerpo del niño habría sevicia, la actuación humana. Hemos ofrecido una recompensa para esclarecer este hecho. El dictamen de Medicina Legal será determinante, podría voltear la historia, no creo que el niño solo hubiera llegado hasta allá”.

menor hallado muerto en Tona
menor hallado muerto en Tona

Metros adelante, marchando al compás del campanario, doña Romelia Rondón Gamboa, la abuelastra lleva los ojos marchitos por su ‘chinito’. “Había pasado media hora cuando empezaron a buscarlo. Doña Georgina acaba de preguntar por qué no habían ido por las morcillas… Qué puede pensar uno cuando llaman ya a decir que estaba allá en el río. Ay mi chinito, que aclaren esto”.

El atrio se colmó, el catafalco blanco, inmaculado iba adornado por cintas, a Yurani -la mamá- parecía pesarle cada paso; Ángel Gregorio Lizcano su compañero y padrastro de Daniel la sostenía.

¿Qué pasó? Nadie se atreve siquiera a imaginar que el niño se hubiese ido solo al río, que se hubiera lanzado. Entonces: ¿quién lo mató? Huele a incienso, hay cánticos litúrgicos, ronroneo de oraciones. Campanas, campanas…

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