La científica Beatriz Guerra Sierra, experta en Microbiología, advierte que la contaminación de suelos y cuerpos de agua por la minería y otras actividades económicas está llevando a Santander a riesgos altos, lo están envenenando y es una amenaza para la salud pública.

El segundo informe del Índice de Riesgos Subnacional del 2022, publicado hace un par de semanas, reveló que Santander es la región con mayor riesgo medioambiental entre los 32 departamentos y Bogotá. Es decir, “Santander es el departamento con más riesgo ambiental”.
¿Qué llevó a esta conclusión? El informe detalló que hubo 166 casos de delitos de aprovechamiento ilícito de los recursos naturales renovables, 62 casos de explotación ilícita de yacimiento minero y otros materiales, 78 casos por delitos de daños en los recursos naturales y ‘ecocidio’, y 22 delitos por contaminación ambiental.
Estas cifras concuerdan con las denuncias publicadas por este medio, a lo largo del 2022, sobre la contaminación con mercurio en el río Suratá y otros afluentes, la minería ilegal en zona de páramo y Bucaramanga, las dificultades para delimitar el Páramo de Santurbán, el ‘mercado negro’ del oro en el área metropolitana, la presencia de metales pesados en plantas medicionales y hallazgos de cadmio en suelos del departamento.
A partir de este listado de sucesos, que han afectado los ecosistemas santandereanos, Vanguardia conversó con la investigadora y docente Beatriz Guerra Sierra, directora del Laboratorio Liibaam de la Universidad de Santander y doctora en Ciencias Biológicas, quien recientemente descubrió un hongo que absorbe cadmio en cultivos.
Esta entrevista recoge las conclusiones y experiencias de esta científica sobre los metales pesados en Santander por cuenta de las actividades mineras.
En zona rural de San Vicente de Chucurí descubrieron un nuevo hongo capaz de absorber el cadmio, del cual fue investigadora, ¿qué pasa con los suelos en Santander? ¿Están llenos de metales pesados?
“Los suelos contaminados por metales pesados no es solo un problema de Colombia, en el mundo hay muchos sitios. En Santander también tenemos suelos con metales pesados, no todos, específicamente con concentraciones por encima del valor reglamentario para un suelo agrícola, por ejemplo, el cadmio, que es un elemento tóxico para casi todos los organismos vivos.
Cuando está presente en los suelos, son las raíces de las plantas que lo absorben directamente y este metal pesado pasa así a los tejidos vegetales, llega fácilmente a la cadena alimenticia y pone en riesgo la salud humana. De ahí que la biota (ecosistema) del suelo y sus microorganismos juegan un papel fundamental para mitigar o limpiar esos tóxicos.
Talaromyces santanderensis es un nuevo hongo que identificamos como parte de la biodiversidad fúngica (hongos) de los suelos cacaoteros de San Vicente de Chucurí, que tiene la capacidad, no solo de crecer en suelos contaminados con cadmio, sino tolerar esta contaminación”.
¿De dónde salen estos metales pesados?
“Quiero dejar claro al lector que las fuentes constantes de contaminación por cadmio están relacionadas con su aplicación en la industria como reactivo corrosivo, así como su uso de estabilizador en productos de PVC, pigmentos de color y baterías, y en áreas con suelos contaminados, que es una ruta potencial para la exposición al cadmio.
También diversas actividades humanas como la fundición y refinación de cobre y níquel, la combustión de combustibles fósiles y el uso de fertilizantes fosfatados. Está presente en el reciclaje de desechos electrónicos, en la actividad volcánica, en la erosión y abrasión de rocas y suelos, y los incendios forestales”.
¿Qué otras investigaciones hay sobre contaminación de suelos en Santander, específicamente en zonas de páramos?
“Nuestro grupo de investigación de Biotecnología Agroambiental y Salud-Microbiota ha desarrollado otros trabajos que le apuestan a la mitigación de la contaminación por metales pesados en cultivos agrícolas de importancia económica en la región.
Empleamos recursos naturales como especies de plantas para limpiar metales pesados de los suelos, eso se conoce como fitorremediación; también por acción de los hongos, se llama micorremediación, y utilizamos bacterias.
En estos procesos encontramos que las actividades de minería ilegal han dejado una alta degradación del ecosistema, con presencia de metales pesados que, no solo contaminan los suelos, sino también fuentes de agua. Por ejemplo, evidenciamos la presencia de metales pesados, como cadmio, mercurio y arsénico, en suelos y aguas aledañas a la zona minera del municipio de California (Santander).
Lamentablemente, con el desarrollo económico, varios problemas eco-ambientales se empeoraron por la liberación de sustancias tóxicas, especialmente, de las industrias metalúrgicas, manufacturera y minería, así como los cambios en el entorno ecológico, hechos que no han sido suficientemente investigados”.
¿Cuáles son las consecuencias en el cuerpo del consumo de cadmio y mercurio? ¿Cuáles son los síntomas?
“En la literatura científica se reporta que la absorción de cadmio tiene lugar principalmente a través del tracto respiratorio y, en menor medida, a través del tracto gastrointestinal. Cuando ingresa al cuerpo se acumula en los riñones, el hígado y el intestino, causando afecciones a la salud y cánceres.
Otros estudios epidemiológicos han demostrado que la exposición al cadmio puede promover enfermedades musculoesqueléticas, como la osteoporosis, la artritis reumatoide y la osteoartritis.
Probablemente sea responsable de diversas afecciones patológicas, como enfermedades neurodegenerativas y trastornos relacionados con la edad, y las enfermedades de Alzheimer y Parkinson”.
Y el mercurio...
“En cuento al mercurio, es una toxina que actúa directamente sobre el sistema nervioso y la salud de una persona. Hay que tener en cuenta, si es metilmercurio o mercurio elemental (metálico), la cantidad y duración de la exposición, la edad y de qué forma ingresa (inhalación, ingesta o contacto con la piel). De estos factores dependerán los efectos, que pueden ir desde severos, sutiles, hasta no ocurrir nada.
Se ha reportado algunos síntomas como pérdida de la visión, sensaciones de alfileres y agujas en las manos, los pies y alrededor de la boca, falta de coordinación de movimientos, deterioro del habla, audición, caminar, y debilidad muscular.
Desafortunadamente, el oro con frecuencia se extrae en circunstancias peligrosas para la salud, especialmente la minería artesanal y en pequeña escala. Un método común de extracción utiliza mercurio líquido, lo que genera una alta exposición en los trabajadores, en ellos hay síntomas de trastornos neuropsicológicos, como ataxia, temblores o problemas de memoria”.
¿En qué cantidades de cadmio y mercurio para el cuerpo humano se puede hablar de contaminación?
“Existen algunos test para determinar los niveles de metales pesados en sangre, obviamente cualquier nivel por mínimo que sea desde que esté presente se puede denominar contaminación, porque no son sustancias naturales que deban estar en el cuerpo”.
Vanguardia ha recogido denuncias de contaminación de mercurio y cadmio en ríos y quebradas, y hace poco en plantas medicinales. ¿Qué ha llevado a esta situación? ¿Cuáles son las causas?
“Como he explicado, la contaminación por metales pesados en los suelos, no solo pasa a las plantas y a la cadena alimenticia, sino que también afecta a todo el ecosistema, incluyendo animales, plantas y fuentes hídricas”.
¿Usted cree que nos estamos envenenando?
“Sí, nos estamos envenenando en Santander. No solo por metales pesados en el ambiente, sino también por el incremento de la polución, debido al 1% de crecimiento de las emisiones de carbono derivadas de la utilización de combustibles fósiles.
Se necesita una buena colaboración entre gobiernos, productores y consumidores para ayudar a garantizar la salud de los suelos, libres de metales pesados, de pesticidas y sustancias químicas que atentan contra la salud y la seguridad alimentaria.
Es deseable implementar agricultura biológica, menos pesticidas y sustancias xenobióticas (que no se produce natural), y buenas prácticas agrícolas. Los suelos saludables son la base de los sistemas alimentarios sostenibles”.
¿Considera que el mercurio y cadmio son una amenaza para la salud pública de la provincia de Soto Norte y del área metropolitana de Bucaramanga?
“Por supuesto, estos metales pesados son una amenaza pública. Anteriormente mencionamos todos los efectos indeseables de la contaminación con estos metales pesados que puede ocasionar en la salud humana”.
En la región se ha detectado también arsénico, ¿sabe algo y en qué contexto?
“No sé con exactitud o a qué nivel se ha detectado, puedo mencionar que el arsénico es un metal pesado que, como otros más, se encuentra ampliamente distribuido en la naturaleza. Mucha de su dispersión lamentablemente en el ambiente se debe a la minería y a procesos comerciales”.
Fuentes le confirmaron a Vanguardia que en la zona norte de Bucaramanga ya existen piscinas con cianuro, que requieren gran cantidad de agua, ¿qué riesgo para la salud pública tendría esta actividad, que inicialmente se realizaba en la montaña?.
“El cianuro, por ser una sustancia muy activa, aun a bajas concentraciones puede ser tóxico, bloquea el transporte de oxígeno a las células, los efectos de la exposición aguda afectarían el sistema nervioso central y cardiovascular”.
Autoridades ambientales y políticas poco o nada le han prestado atención a lo que pasa en zonas de páramo, incluso pasa desapercibido, ¿cree que ha faltado control para frenar la contaminación?
“Si no me equivoco, quizás Colombia posee cerca del 50% de la cantidad total de páramos del planeta y tiene el páramo más grande del mundo (Sumapaz). Lamentablemente, ha faltado más atención, cuidado y preservación a través de políticas claras y contundentes para cuidar los páramos, que ofrecen importantes servicios ecológicos.
Los páramos son capaces de retener y almacenar agua, proporcionan el 50% del suministro de agua del país, por lo cual, no se debe permitir cualquier tipo de actividades que atenten con su contaminación, sea agrícola o minera.
El problema también ha sido de falta de censo, control y conocimiento de la población que habita los páramos, quienes se asentaron allí desde hace muchos años y han venido desarrollando actividades ligadas también a la agricultura y a la minería para su sobrevivencia.
Un poco menos del 39% del total de páramos colombianos están protegidos por el Sistema de Parques Nacionales. No obstante, no hay controles efectivos, se han otorgado licencias ambientales a multinacionales que explotan los suelos de los páramos, como en Santander, sin proyectar el efecto mortífero sobre el ecosistema y la humanidad”.
¿Recomienda estudiar la biodiversidad de microrganismos que existen en Santander para dar algunas soluciones a la contaminación?
“Cuanto más diversos sean los organismos del suelo, mayor será la resiliencia, la productividad y el funcionamiento del ecosistema del suelo, por lo tanto, la respuesta a la pregunta es más que un sí, es fundamental.
La biodiversidad del suelo es prioritaria para que la agricultura sea productiva y al mismo tiempo sostenible. Desafortunadamente, la biodiversidad en los suelos agrícolas ha sufrido por las actividades humanas.
Se ha informado que una de cada seis especies vitales asociadas con el suelo está al borde de la extinción, debido a la pérdida de hábitat, la deforestación, la sobreexplotación y la contaminación del suelo”.
¿Considera que se debe hacer una vigilancia epidemiológica más rigurosa para determinar los niveles de contaminación en los alimentos y las afectaciones a la salud que generan los metales pesados?
“Sí, es urgente. La seguridad alimentaria eficaz y la evaluación de la calidad de los alimentos basada en el riesgo son esenciales para proteger la salud pública.















