Después de acompañar a su madre durante más de un año de quimioterapias, Martha y Fernanda Acevedo fundaron Sonrisas que Sanan, para que ningún paciente con cáncer de San Vicente de Chucurí enfrente solo la enfermedad.

Publicado por: John Arias
Lo que comenzó como el acompañamiento de una familia a una madre durante su enfermedad terminó convirtiéndose en un propósito para acompañar a otras personas que atraviesan el cáncer.
Así nació la Fundación Sonrisas que Sanan, una iniciativa que busca que ningún paciente de San Vicente de Chucurí tenga que enfrentar solo los largos desplazamientos, las quimioterapias, las dificultades económicas o los momentos de incertidumbre que trae consigo la enfermedad.
La historia de la fundación está ligada a Evelia Moreno, madre de Martha Isabel Acevedo Moreno y Fernanda Acevedo Moreno. Durante más de un año, sus hijas y el resto de la familia estuvieron a su lado mientras recibía tratamiento contra el cáncer. Lea también: Diana Marcela García: hacer de la vejez una etapa para vivir con dignidad y alegría
Publicidad
En ese camino conocieron de cerca una realidad que las marcó: personas que llegaban solas a sus quimioterapias, algunas después de recorrer largas distancias desde sus veredas, sin recursos suficientes para transporte, alimentación o alojamiento y, en ocasiones, sin siquiera alguien que les ofreciera compañía.
“En ella vimos toda la fortaleza que tuvo en todo el proceso de quimios”, recuerda Martha. También recuerda las escenas que observaban mientras acompañaban a su madre: pacientes que terminaban sus tratamientos sin alguien que estuviera esperándolos, sin un vaso de agua o una palabra de aliento.
Esa experiencia sembró una pregunta: ¿qué podían hacer para que otras personas no tuvieran que vivir solas ese proceso?
Después del fallecimiento de Evelia, la familia decidió transformar ese dolor en una forma de servicio. En junio de 2026 constituyeron legalmente la Fundación Sonrisas que Sanan, con el propósito de acompañar a personas que enfrentan el cáncer, sin importar su edad o género. Actualmente cuentan con 15 beneficiarios de San Vicente de Chucurí, quienes deben viajar hasta Bucaramanga para recibir sus tratamientos.

Seis formas de acompañar
Pero acompañar, para esta familia, significa mucho más que ayudar con un pasaje. La fundación comenzó por conocer las historias y necesidades particulares de cada beneficiario para construir un plan integral de acompañamiento.
Publicidad
La propuesta contempla seis líneas de servicio: apoyo emocional y familiar; bienestar y autocuidado; transporte, alimentación y alojamiento durante los tratamientos; fortalecimiento de emprendimientos y autonomía económica; orientación para trámites y acceso a servicios, y acciones de prevención y sensibilización en la comunidad.
Una de las preocupaciones que encontraron fue precisamente la situación económica. Algunas personas, al enfermar, dejaron de trabajar y descubrieron que no contaban con seguridad social o con ingresos suficientes para sostener a sus familias. Por eso, “Vuelve a crecer”, una de las líneas de la fundación, busca apoyar pequeños emprendimientos o acompañar a quienes quieren iniciar uno para generar ingresos durante el tratamiento.
También está “Te acompaño”, pensado para quienes deben desplazarse durante horas hasta Bucaramanga para recibir una quimioterapia. Desde las veredas, algunos pacientes emprenden el viaje de madrugada. Para ellos, conseguir transporte, alimentación o alojamiento puede convertirse en otra dificultad que se suma a la enfermedad.
La fundación quiere, además, construir una comunidad. Por eso busca vincular voluntarios de diferentes profesiones, como odontólogos, fisioterapeutas, abogados, psicólogos y profesionales del deporte, para que los beneficiarios puedan encontrar espacios de bienestar, conversación y acompañamiento.
Publicidad
La intención es que puedan reunirse, compartir sus experiencias y descubrir que hay otras personas que comprenden lo que están viviendo. “Que tengan un lugar a donde ir como a refugiarse y poder hablar”, explica Martha.

Homenaje a Evelia
En el nombre de la fundación también está la memoria de Evelia. Antes de elegirlo, la familia hizo un ejercicio para identificar aquello que había caracterizado a su madre. La respuesta apareció en palabras sencillas: la sonrisa, el acompañamiento, estar pendiente de los demás y correr cuando alguien necesitaba ayuda. De ahí surgió Sonrisas que Sanan.
Ahora, esa sonrisa quiere convertirse en una red que crezca. Aunque la fundación apenas comienza y buena parte de su trabajo se sostiene todavía con el aporte personal, el talento y el tiempo de sus integrantes, sus creadoras esperan conseguir recursos y aliados para ampliar el acompañamiento.

Una carrera para ir juntos
Su primera gran convocatoria será el 18 de octubre, a las 8:00 de la mañana, en San Vicente de Chucurí, con una carrera por la vida.
Publicidad
No habrá ganadores ni competencia: la idea es caminar, correr y sonreír juntos como una manera de acompañar a quienes enfrentan el cáncer. La actividad busca reunir a habitantes del municipio, familias, turistas y personas de otros lugares que quieran sumarse a la causa. La inscripción para adultos tendrá un costo de $30 mil y para niños de $25 mil.
Fernanda asegura el sueño más grande es paradójicamente que la fundación no tenga que crecer demasiado. “Ojalá esto se corte”, dice al pensar en la llegada de nuevos pacientes. Porque detrás de cada nuevo beneficiario hay una familia que comienza un camino que ellas ya conocen: las noches difíciles, las lágrimas, la incertidumbre y la necesidad de levantar la cabeza para continuar.
Mientras ese día llega, Sonrisas que Sanan decide estar ahí.
Porque la enfermedad puede traer miedo, cansancio y soledad, pero esta familia aprendió que una palabra, un viaje compartido, una ayuda económica, una orientación o simplemente la presencia de alguien pueden hacer más llevadero el camino.
Y así, desde San Vicente de Chucurí, el recuerdo de una madre se convirtió en una misión: acompañar la vida con amor y hacer que, en medio de una enfermedad tan difícil, nadie tenga que sentirse solo.
















