Las obras temporales no logran estabilizar la carretera más importante de San Vicente.

Las fuertes lluvias que azotaron la región en las últimas semanas desnudaron otra vez la realidad de abandono en la que se encuentra la vía que comunica a Bucaramanga con San Vicente de Chucurí, arteria esencial para la movilidad y la economía de un municipio cacaotero que depende de este corredor para sacar su producción.
Vanguardia recorrió la ruta y constató, con registros gráficos, que sectores neurálgicos como Peña de Oro Grande, Peña de Oro Chiquito y el kilómetro 2.4 en la salida hacia la zona de Lisboa están en condiciones peligrosas.

Al atravesar estos tramos, se observa la pérdida de banca, piedras y material suelto que obliga a reducir la circulación en varios puntos. Los taludes aparecen inestables, las cunetas están deterioradas y los rastros de derrumbes recientes evidencian un abandono que ha sido denunciado una y otra vez por conductores y habitantes de la región.
El kilómetro 2.4, saliendo de San Vicente hacia el sector de Lisboa, se ha convertido en un escenario de riesgo extremo. Allí, los hundimientos y bordes fracturados obligan a los vehículos a transitar con sumo cuidado. Las lluvias reblandecen el terreno y el agua corre sin control sobre la carretera, acelerando su deterioro y convirtiendo el paso en un peligro constante para quienes dependen de esta vía.

Henry Romero, chucureño, se atreve a decir: “Esto ya no es una carretera, es una trocha. Cada vez que llueve es peor. Uno pasa con miedo de que el carro se vaya al vacío o se dañe”. Sus palabras reflejan la angustia de quienes viven al filo de los derrumbes todos los días.
Por su parte, Carlos Gómez, transportador de carga agrícola desde las veredas cercanas, expresó su indignación: “Nos toca sacar el cacao y otros productos por aquí y así es difícil. Cuando llueve todo es caos”.
La importancia de esta carretera no puede ser subestimada. Por este trayecto se transporta más de la mitad de la producción de cacao de San Vicente de Chucurí hacia otras regiones del país, convirtiéndola en un eje estratégico para la economía agrícola de Santander. Sin embargo, la fragilidad de la vía evidencia que las autoridades han sido incapaces de garantizar una conectividad segura y duradera.

Pese a los esfuerzos por intervenir en sectores críticos como Peña de Oro, las obras no han logrado mantenerse frente a la fuerza de la naturaleza. Las constantes remociones en masa y la falla geológica de la zona siguen afectando la estabilidad de la vía, dejando claro que las soluciones temporales no bastan.
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No es la primera vez que estos tramos se ven comprometidos. En julio de 2020, un derrumbe en Peña de Oro Chiquito obstruyó por completo la vía Bucaramanga–San Vicente de Chucurí. Ante la emergencia, el municipio declaró la urgencia manifiesta y la Secretaría de Infraestructura Seccional contrató obras para habilitar nuevamente el paso. Sin embargo, la situación estructural persiste, lo que evidencia que los problemas no se resuelven con parches.
Desde entonces se han levantado terrazas y reconstruido partes de la banca, pero no se ha podido garantizar la estabilidad a largo plazo. Los habitantes de la vereda advierten que la geología del terreno hace que cualquier esfuerzo sea temporal: “Aquí no es que no quieran arreglar la vía, el problema es que cada invierno vuelve y se la lleva. El suelo no aguanta”, asegura María Teresa Rojas, quien ha visto cómo cada obra se desvanece con la temporada invernal.
A pesar de las inversiones realizadas, la vía sigue siendo vulnerable a los movimientos de tierra que caracterizan la región, lo que evidencia la falta de un plan estructural serio que garantice seguridad y conectividad para los usuarios y productores locales.

Aun así, la administración departamental intenta mostrar avances. La secretaria seccional de Infraestructura, Jésica Juliana Mendoza Ramírez, anunció que está por salir un contrato por $201 millones con el municipio de San Vicente de Chucurí para ejecutar labores puntuales en los tramos más críticos. Reconoció, no obstante, que la falla geológica sigue siendo un reto mayúsculo para cualquier intervención que pretenda ser definitiva.
Mientras tanto, el riesgo para los usuarios sigue creciendo. Reportes ciudadanos alertan que recientemente un bus estuvo a punto de caer a una cuneta debido al deterioro del pavimento y la pérdida de borde en uno de los tramos más comprometidos.

El alcalde de San Vicente de Chucurí, Óscar Mauricio Sanmiguel Rodríguez, aseguró que ha estado ejecutando obras de mantenimiento para garantizar la movilidad: “Hemos gestionado maquinaria y apoyo institucional para atender esta situación”, afirmó.

Los habitantes, sin embargo, denuncian que las respuestas son insuficientes. Piden soluciones estructurales que garanticen la seguridad de la comunidad y la continuidad de la actividad económica. Recordaron que la región tiene un alto potencial productivo que no puede quedar aislado por el deterioro de un corredor vial estratégico.

La situación de la vía revela un patrón de abandono que se repite: obras temporales, soluciones a medias y la exposición de conductores y habitantes a riesgos que podrían evitarse con inversión estructural y compromiso con la conectividad de la región. Mientras tanto, quienes pasan por este importante corredor cacaotero siguen siendo testigos silenciosos de una carretera que no para de afrontar emergencias.














