Santander
Viernes 10 de abril de 2026 - 01:38 PM

Más de 11 horas en carretera, entre Bogotá y Bucaramanga: el espejo de una región en protesta

Bloqueos, trochas y malestar ciudadano se han convertido en el paisaje cotidiano de la crisis generada por el catastro, el alza del predial y las interrupciones viales, una situación que evidencia la complejidad del momento que vive la región.

Las protestas y bloqueos viales les han generado a los viajeros graves retrasos. (Foto: Franz Rey / VANGUARDIA)
Las protestas y bloqueos viales les han generado a los viajeros graves retrasos. (Foto: Franz Rey / VANGUARDIA)

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Más de 11 largas horas, entre la noche del jueves y la mañana de este viernes, necesitó el vehículo en el que se desplazaba el periodista Rodolfo Galvis Blanco, de Vanguardia, para completar el trayecto entre Bogotá y Bucaramanga, un recorrido que en condiciones normales no debería superar las siete horas, pero que hoy se ha convertido en una odisea marcada por los bloqueos viales que asfixian a Santander.

El periodista grabó un video en el que muestra, tramo a tramo, los cierres, las filas interminables y el drama que se vive en los corredores viales. Su experiencia no es una excepción, sino el reflejo indignante de una crisis que golpea a más de 60 municipios, donde la inconformidad ciudadana frente a los desmedidos cobros del predial, derivados del controvertido catastro multipropósito, ha desatado una parálisis que castiga a miles de ciudadanos, evidenciando el abandono, la tensión social y el profundo malestar que sacude a toda una región.

El periodista Rodolfo Galvis Blanco, de Vanguardia, realizó el recorrido vía terrestre entre Bogotá y Bucaramanga, en el que tuvo que enfrentar al menos ocho puntos de bloqueo neurálgicos a lo largo del trayecto, reflejando las mismas barreras que hoy deben sortear miles de ciudadanos.

La imposibilidad de viajar por vía aérea obligó al periodista a tomar la carretera, pero esa decisión terminó exponiendo una crisis mucho más profunda: ocho bloqueos marcaron el recorrido y, en cada punto, filas de entre dos y cuatro kilómetros de camiones, tractomulas y vehículos particulares evidenciaban la magnitud del colapso.

Esos no solo son datos: son familias, comerciantes y conductores atrapados durante ocho, diez y hasta catorce horas o más, perdiendo citas médicas y jornadas laborales. “Nos dejaron pasar por ser medio de comunicación”, relató Galvis Blanco, un privilegio que contrasta con la realidad del ciudadano de a pie, obligado a esperar sin garantías mientras el tiempo -y con él su sustento- se desvanece en medio de la incertidumbre.

Pero avanzar implicó asumir riesgos aún mayores: ante los bloqueos, la única salida fue desviarse por trochas y caminos veredales que, en plena temporada de lluvias, se convierten en verdaderas trampas, con lodo hasta los ejes, carreteras destrozadas y tramos inestables que ponen en peligro la integridad de quienes intentan llegar a su destino. No se trata solo de incomodidad, sino de un tránsito inseguro donde cualquier error puede terminar en accidente.

Como buenos colombianos, mientras unos realizaban bloqueos en las vías, otros ciudadanos se encargaban de orientar y asesorar a los viajeros sobre qué rutas, vías o veredas podían tomar para poder transitar sin contratiempos. Esta situación se veía aún más complicada por la densa niebla que dificultaba la visibilidad, especialmente en el tramo entre Oiba y Socorro, lo que hacía el desplazamiento mucho más lento y riesgoso.

Indignación y algo más

En medio de este panorama no solo domina el caos, sino la indignación: los bloqueos son la expresión de una comunidad que siente que no ha sido escuchada. El detonante es el catastro multipropósito impulsado por el Gobierno Nacional, que -según denuncian- ha disparado el impuesto predial de manera desproporcionada en al menos 60 municipios del departamento.

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Las consecuencias ya se sienten en la vida cotidiana: comerciantes reportan pérdidas por mercancías que no llegan o se dañan en el camino, transportadores acumulan sobrecostos y trabajadores pierden días enteros de ingreso; en el campo, la situación es aún más crítica, pues campesinos y pequeños propietarios aseguran que el incremento del predial los está empujando a una decisión impensable hace unos años: abandonar sus tierras. (Le puede interesar: Bloqueos viales en Santander y carta a Petro: ciudadanos reclaman cambios urgentes al catastro)

“Hoy muchos dicen que no pueden tener su finca, porque con ella van a tener que pagar el predial”, se repite en los bloqueos como un eco de desesperación; no es una consigna, es una advertencia sobre el quiebre de la economía rural.

La ciudadanía insiste en que no se opone a la actualización catastral, sino a la forma en que se ha implementado: sin gradualidad, sin pedagogía suficiente y sin medidas que protejan a quienes no tienen cómo asumir estos incrementos. La crítica apunta directamente a la falta de respuesta del Gobierno Nacional, que hasta ahora no ha logrado canalizar el descontento ni ofrecer soluciones concretas.

Mientras tanto, la crisis sigue creciendo: los bloqueos no solo paralizan las vías, paralizan la economía, afectan el abastecimiento y profundizan la sensación de abandono estatal.

El viaje de once horas y cuarenta minutos no fue simplemente un retraso de un periodista, sino la evidencia de una región atrapada entre decisiones administrativas y la falta de respuestas oportunas; es la historia de miles de ciudadanos que hoy ven cómo moverse, trabajar o incluso conservar su tierra se ha convertido en una lucha diaria. Y la pregunta sigue sin respuesta, suspendida en cada carretera bloqueada: ¿Cuánto más tendrá que resistir la gente antes de que se escuche su voz?

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