Después de 12 años de trayectoria como referente del deporte y la recreación en Bucaramanga, la sede principal de Gigiomania cerró definitivamente sus puertas borrando el sueño que en 2014 inició Cecilio Alberto Vera Rojas, “Gigio”, en la calle 56 con carrera 17. La infraestructura fue demolida para la devolución del terreno a su propietario.

Publicado por: Sarid Nikoll Rodríguez Mantilla
Durante años, las luces de las canchas, las carreras detrás de un balón y las voces de niños y jóvenes que aprendían a jugar hicieron parte del paisaje de Gigiomania, un espacio que convirtió el deporte y la diversión en punto de encuentro para cientos de familias. Hoy, donde alguna vez hubo grama sintética, música y proyectos de formación, solo queda el recuerdo de un lugar que terminó desapareciendo por un litigio sobre el terreno donde fue construido.
La demolición de Gigiomania no solo puso fin a una estructura de varios pisos. También dejó una sensación de nostalgia entre quienes encontraron allí un lugar para compartir, entrenar y construir recuerdos. Detrás de su desaparición hay una historia empresarial de más de una década, una inversión que no pudo recuperarse como se esperaba y un conflicto contractual que terminó por cerrar sus puertas.
“Gigiomania nació en un punto muy estratégico y visual, donde se hizo un trabajo interesante para el tema de la diversión, del esparcimiento, del deporte y, sobre todo, las escuelas de formación deportiva”, recuerda Cecilio Vera Rojas, empresario y creador de la marca.
El proyecto tenía una propuesta poco habitual. En el primer piso funcionaban dos canchas de grama sintética, donde niños, jóvenes y adultos encontraban un espacio para practicar fútbol. El segundo nivel estaba destinado a la discoteca y, en el tercero, funcionaba un gimnasio que complementaba las escuelas deportivas. Era una apuesta por reunir, bajo un mismo techo, distintas formas de entretenimiento y actividad física.
Con el paso del tiempo, la marca creció y abrió otras sedes: Gigiomania 360, en Piedecuesta, y ParqueManía del Bosque, en el Parque de la Salud de Floridablanca. A esa iniciativa se sumó Chiquimania, una fundación dedicada a la atención de niños que opera como gestora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF).
Pero el crecimiento del negocio no estuvo libre de dificultades. Desde el comienzo, Vera hizo una inversión considerable para levantar su proyecto sobre un terreno arrendado. Doce años después, las diferencias con el propietario impidieron alcanzar un acuerdo para continuar y llevaron a la entrega del predio, con el compromiso de devolverlo en las condiciones originales: únicamente como un lote.

La experiencia también le dejó una reflexión sobre los riesgos de emprender en terrenos ajenos, especialmente en una ciudad donde los costos de la tierra, los arriendos y los materiales pueden comprometer la viabilidad de cualquier iniciativa.
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“Aquí en Bucaramanga, desafortunadamente, la tierra es muy costosa, los arriendos y los materiales están muy costosos. El cierre financiero de un proyecto de estos es tan grande que no da para el inversionista y, desde luego, le va a generar un problema al dueño del predio”, explica.
De esa experiencia nació un consejo que hoy comparte con otros emprendedores. Vera reconoce que la pasión por sacar adelante una idea puede llevar a pasar por alto advertencias que, con el tiempo, cobran importancia.
“Yo soy una persona inquieta. Lo que viví con este proyecto, pues, ya aprendí, ya conocí y pienso que no voy a recomendar a alguien para que cometa el mismo error que yo. ¿Por qué? Porque invertir en lo que no es de uno no es conveniente. Como dicen los abuelos: ‘el que se viste con lo ajeno, en la calle lo desnudan’”, reflexiona.
Sin embargo, la historia de Gigiomania no termina para él con la entrega del terreno. Aunque reconoce el valor sentimental que alcanzó el establecimiento, su mirada está puesta en nuevos proyectos. Uno de ellos es la remodelación de Gigiomania 360, en Piedecuesta, con la intención de convertirlo en un escenario para conciertos con capacidad para más de mil personas. También busca reubicar a sus trabajadores para evitar que se queden sin empleo.
Entre esos planes, queda el recuerdo de quienes pasaron por el establecimiento y le dieron vida. Para algunos, Gigiomania estará asociado con tardes de fútbol, entrenamientos y amistades; para otros, con celebraciones, música y encuentros familiares. Cada visitante se llevó una experiencia distinta, y esa diversidad de memorias es, precisamente, lo que el empresario considera uno de sus mayores orgullos.
“Hay recuerdos tristes, hay recuerdos felices, depende de cómo la persona que vino lo vivió. Ese es el recuerdo de la gente que vino y, bueno, ese es el orgullo mío como empresario, de hacer cosas que generen diversión, que generen familia, que generen amistades, que generen recreación”, expresa.
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La desaparición del lugar también provocó comentarios y especulaciones en redes sociales. Algunas publicaciones llegaron a relacionar la marca con presuntos casos de lavado de activos y otras actividades ilícitas, señalamientos que afectaron su imagen. Frente a esos rumores, Vera niega haber estado involucrado en hechos de esa naturaleza y afirma que no tiene intención de salir a responder cada comentario.
Prefiere tomar distancia de las discusiones y concentrarse en lo que viene. “Yo no soy el juez para juzgar a nadie. El que va a juzgar es mi Dios, y el que tenga problemas con la ley, que los asuma”, señala. También reconoce que la exposición pública puede hacer que una trayectoria quede marcada por las críticas, incluso después de años de trabajo.
Gigiomania ya no está en el lugar donde nació. Su estructura desapareció, pero la memoria de quienes encontraron allí un espacio para el deporte, la diversión y la convivencia permanece. Para Cecilio Vera, queda la satisfacción de haber impulsado una iniciativa que reunió a tantas personas y la certeza de que, pese a las pérdidas y las lecciones que deja el camino, toca seguir adelante.















