Bucaramanga
Domingo 23 de agosto de 2009 - 10:00 AM

‘Papá Jaime’ ya tiene 55 mil hijos adoptivos

Hace mucho tiempo Jaime Eduardo Jaramillo Echeverry, más conocido como ‘Papá Jaime’, se puso en la tarea de dictarles una sencilla clase de español a varios niños de la calle.

Publicado por: Euclides Ardila Rueda

Sus indigentes pupilos le dijeron, en ese entonces, que no necesitaban ir a la escuela para saber que 'hogar' y 'hambre' se escribían con ‘hache’. Además, le dijeron que en el ‘diccionario de sus vidas’ no aparecían los significados de palabras tales como 'papá' y 'mamá’, ni mucho menos el término 'amor'.

La lección fue grande para Jaime Eduardo. Tanto, que se propuso ayudar a estos menores. Hoy, 35 años después de haber institucionalizado la Fundación ‘Niños de los Andes’, se enorgullece al decir que a lo largo de todo este tiempo ha sido el ‘padre adoptivo’ de al menos 55 mil niños que vivían dentro de las alcantarillas o en las calles de nuestra Colombia.

Todo ese ‘montonón’ de hijos, algunos de los cuales le han dado nietos y bisnietos, han sido parte de su familia. ¡Claro! Él conformó su propio hogar ‘biológico’ con Patricia González, de cuya unión hay dos hijos y dos nietos.

Su fundación se ha encargado de rehabilitar a los pequeños que, de manera increíble, viven sumergidos entre los sumideros de las calles de diferentes ciudades del país. Él les da hogar, salud, educación y, sobre todo, lo que más les hace falta: afecto.

Su sensibilidad social viene de tiempo atrás. Cuando tenía 10 años, a este sembrador de paz se le dio por organizar un programa solidario para conseguirle vivienda al vigilante del colegio en donde estudiaba. Su iniciativa caló tanto que no sólo consiguió una casa para el celador, sino un barrio con 77 viviendas. Dichos predios fueron entregados a las personas más necesitadas de la capital caldense.

¿De dónde salió la idea de darle vida a la Fundación ‘Niños de los Andes’? Siempre me ha preocupado el drama de los niños que duermen sobre el frío pavimento de las calles y me impresioné mucho cuando supe que existían menores que dormían en huecos, debajo de los puentes y entre las alcantarillas. Además, con frecuencia era testigo de hechos desgarradores que afectaban a estos menores y que, por supuesto, me hicieron pensar que debía hacer algo por ellos.

¿Alguna historia en particular?Recuerdo que durante la Navidad de 1973 yo iba caminando por la calle; de pronto pasó un carro y de ese vehículo cayó la caja de  una muñeca al piso. Una niña indigente salió corriendo y levantó la caja. Estaba feliz, ella me miraba, y por estar  mirándome no se dio cuenta que venía una tractomula. Ese vehículo la atropelló.Cuando comprobé que esa niña murió por una caja de una muñeca que no tenía nada en su interior, entendí cuál era mi misión en este mundo. Con todo el frío en el alma, el dolor y el resentimiento, salí disfrazado de Papá Noel a repartir regalos a los niños de la calle. Ahí nació la fundación que hoy presido.Su institución, sin ánimo de lucro, ha asistido a muchas menores indigentes que llegan en estado de embarazo. ¿Cuál ha sido el caso más dramático del que usted haya sido testigo en ese sentido?

No olvido a Blanca. Era una menor quien, a sus escasos 12 años, vivía en la desesperación que sólo se puede ver y sentir cuando se ha vivido en una horrible madriguera. Una noche cualquiera,  Blanca sintió un fuerte dolor de estómago y se empezó a retorcer. ¡Nadie sabía qué hacer! Era una extraña sensación como de parálisis que invadía su cuerpo. De pronto, después de un aterrador grito que despertó a todos sus compañeros del ‘parche’, una indefensa criatura brotó de la oscuridad de su vientre hacia las tinieblas de aquel horripilante lugar.

Las pulgas, los piojos, las cucarachas y las ratas fueron los otros testigos del nacimiento de su hijo, Milton, aquella noche de luna llena.Y la historia sigue, sólo que al ver a Blanca sacar un oxidado cuchillo y cortar el cordón umbilical de su pequeño bebé, uno prefiere seguir admirando el esplendor que iluminó ese cuadro crudo, real y dramático. Desde entonces, al niño Milton se le conoce como: ‘el hijo de la oscuridad’. Lo más grave de esta historia es que en Colombia nacen como Milton, 45 niños indigentes al año. Son chiquillos que finalmente terminan como Blanca, regateando una oportunidad para sobrevivir en medio de la cruda realidad.     ¿De dónde sale la plata para el financiamiento de las obras de esta fundación?Es una suma de esfuerzos. El 50% es autosuficiente, pues tenemos los programas sociales de las galletitas, los cartuchos desechables de las impresoras, las tarjetas de Navidad y la panadería. El otro 50% sale de donaciones nacionales e internacionales.Hace poco menos de tres meses usted estuvo a punto de dejar ‘huérfanos’ a sus hijos. Cuentan que tras un aparatoso accidente durante un vuelo en parapente, en San Juan de Puerto Rico, su cuerpo quedó pendiendo de un hilo. Sabemos que sufrió un aneurisma cerebral y que perdió, de manera provisional, todos sus sentidos. Por fortuna, hoy está recuperado. ¿Qué enseñanza le dejó este grave accidente?

Muchas y tal vez usted necesitaría páginas enteras para escribir las lecciones que aprendí. Para resumir, le puedo decir que asumí este episodio como un segundo más de vida que Dios me concedió. Hoy veo las cosas más bonitas. Le cuento que mis ojos no se recuperaron del todo; incluso veo rayos de luces que me hacen sentir, de manera paradójica, que todo el tiempo estoy en Navidad. Espero que cuando la muerte toque a mi puerta, el día que sea, yo pueda devolverle a Dios todas las cosas buenas que me ha permitido disfrutar.

Usted aspiró en algún momento a ser Alcalde de Bogotá. Incluso alcanzó la tercera votación durante los escrutinios. ¿No le ha vuelto a picar el ‘bicho’ de la política?

¿Sabe una cosa? quedé bien curado de esa ‘enfermedad’. De manera desafortunada para hacer política en este país hace falta algo más que liderazgo y sentido social; se requiere de mucha plata. Mientras no exista una verdadera cultura democrática, que sea sana y transparente, será muy difícil elegir a buenos líderes. ¿Usted cree que en Colombia no existen líderes políticos y sociales capaces de ayudar a los niños de la calle?Sí los hay, y sé que son muchos; sólo que no han tenido la oportunidad de acceder al poder. El verdadero líder es el que cuando está ascendiendo arrastra a otros con él en su ascenso, y les enseña a los demás a que ayuden a otros. Además, es  el que supervisa y contagia de su fe, de su pasión, de su amor y de su sueño a otros para hacer un mundo mejor. O sea, el verdadero dirigente es el que les enseña a los otros a buscar la estrella más alta y los ayuda  a cogerla, pero siempre con los pies en la tierra.

Usted ha sido un hombre muy reconocido en el mundo entero; incluso fue designado como uno de los 10 líderes más sociales y humanos la historia colombiana. ¿Qué significado han tenido para usted las distinciones recibidas?Los premios no son tan importantes, como las obras que trascienden. Los diplomas se agradecen y se reciben, pero a veces sólo producen emociones pasajeras que se llaman ‘euforias’. Lo esencial de la gestión de cualquier persona, con plata o sin ella, con apellidos de abolengo o no, radica en cristalizar buenas obras en esos lugares en donde reinan la miseria, el hambre y la pobreza.

Además de salvar a miles de niños de la indigencia, ¿cuál cree que será su principal legado?Tal vez el haber sembrado una conciencia social. Hay mucha gente que está a mi lado y que ha ayudado a que se multiplique el mensaje. Existen muchas fundaciones en el mundo que han nacido a raíz de este trabajo. La filosofía es clara: si ayudas a una persona, eso es lo importante. Para el mundo entero, eres un N.N., pero para la persona a la que tú estás ayudando, eres su mundo, eres lo más importante. ¡Ahí radica la diferencia de servir!

PERFIL

Nombre: Jaime Eduardo Jaramillo Echeverry.Oriundo: Manizales, Caldas.Edad: 54 años.Estado civil: Casado.Estudios: Se graduó como ingeniero geofísico y de petróleos en la Universidad de Austria, donde también adelantó un doctorado en ‘Prospección y Exploración’. Además, se especializó en Geoquímica y Mineralogía en la Universidad de Johannes Gutemberg, en Mainz, Alemania. En Oklahoma, Estados Unidos, hizo una especialización en Petróleos.Cargos  ocupados: Se ha desempeñado en empresas de la categoría de Exxon, Chevron, Maxus, Mobil, Texaco, British Petroleum, Triton y Petróleos de Brasil. Durante los últimos 35 años de su vida ha estado al frente de su fundación: ‘Niños de los Andes’. También creó la empresa que dirige en la actualidad y que se llama: ‘Liderazgo, Papá Jaime’. Distinciones: Premio Orbital Humanitario, de Washington; Premio Mundial de la Paz; Medalla al Servicio, de Kiwanis Internacional; y Galardón Luz, Esperanza y Amor, de la Sociedad Amigos. De igual forma, fue designado como uno de los 10 líderes sociales y humanos más sobresalientes, por la Cámara Junior Internacional. A finales de 1999 fue escogido como uno de los 50 grandes líderes entusiastas del Siglo XX.Libros de su autoría: ‘Los hijos de la oscuridad’, ‘El cabalgante de la noche’, ‘Volver a lo básico’ y ‘Te amo, pero soy feliz sin ti’.

TESTIMONIO

Un historia de ‘Papá Jaime’

Tras el rechazo de su familia, el niño Hoovert cayó en las entrañas de la tierra. Era un lugar donde las drogas alucinógenas se veían como las ‘reinas de las tinieblas’, porque eran los cimientos para poder soportar la tortura grande de vivir entre una alcantarilla.      En medio de esa oscuridad, el pequeño Hoovert se preguntaba: '¿Dónde está Dios?     El menor no entendía por qué, si decían que este mundo es de todos, él no podía disfrutar de nada y sólo podía padecer los insultos, los golpes, las torturas y el abandono.      Después de vivir en esa oscuridad durante muchos años, finalmente un día ‘Papá Jaime’ bajó a la alcantarilla y le dijo:      - 'Hoovert, el futuro no es lo que estamos esperando ni sufriendo; es lo que nosotros hagamos con nuestra vida. No importa dónde estés, lo importante es hacia dónde vas y cómo sueñas lo que te va a dar felicidad. En la vida lo más importante es soñar. Y cuando tengas un sueño, vívelo de una manera ardiente y con todas las fuerzas de tu corazón, siéntelo con pasión, para que tus sentimientos vibren'. 

Estas palabras retumbaron en su corazón y fue así como el niño tomó conciencia y percibió que la luz se encontraba en su interior.     Hoovert le ganó la apuesta al destino, gracias a su capacidad de concebir sueños, de visualizarlos, de llenarlos de vida y de trabajar duro hasta materializarlos.

Publicado por: Euclides Ardila Rueda

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