Arnol Pardo cumplió su deseo de ser Policía por un día y comandar una estación. Haber perdido una pierna por el ataque de una serpiente no le impidió vestir el uniforme con el que soñó.

Publicado por: KAREN JOHANA MANTILLA M
El teniente coronel Arnol Jair Pardo Ramírez se convirtió en el más joven en portar este cargo en la Policía Nacional, y durante un día fue el comandante de Policía de Barbosa. Así hizo realidad parte de su sueño, que no será completo después de lo vivido el 17 de enero de 2015, cuando un accidente lo dejó fuera de las posibilidades de ‘servir a la patria’, como él mismo lo dice.
A sus 11 años, Arnol esquiva las palabras burlonas que le lanzan algunos niños de la escuela, ubicada en el sector rural de Barbosa, a la que caminaba diariamente 45 minutos desde su vivienda en la vereda La Palma de ese municipio al sur del departamento.
La vida de Arnol fue igual a la de un niño del campo que vive con sus padres, recorre potreros, escala árboles y disfruta del aire puro en su día a día, hasta hace un año y tres meses, cuando en una finca del municipio de Cimitarra fue picado por una serpiente conocida en la región por su peligrosidad: la talla equis o pudridora, como la llaman algunos campesinos en Colombia.
La talla equis es una serpiente considerada por los biólogos una de las más peligrosas del continente y se encuentra presente en los países del norte de Suramérica, Centroamérica y el sur de los Estados Unidos.
Es la principal responsable de mordeduras a personas en comparación con otros reptiles de su especie.
Con una longitud entre un metro 40 centímetros y los dos metros y medio, tiene como hábitat los espacios cercanos a viviendas o zonas pobladas.

“La longitud de estas serpientes y su facilidad para elevar la parte media superior de su cuerpo, le permiten morder a sus víctimas en la parte superior de las rodillas, además que se han conocido casos en los que puede expulsar el veneno a una distancia cercana a los dos metros”, explicó el subintendente Jean Carlos Lizcano Acero, coordinador de la Policía de Protección Animal y Ambiental del Tercer Distrito de Policía de Barbosa.
El accidente
De cómo sucedieron las cosas no hay muchos detalles. Arnol se encontraba en el campo, en zona rural cuando sintió que algo le picó en una de sus piernas, ahí se pierden sus recuerdos e inician los de su madre.
“El 17 de enero del año pasado, lo picó una talla equis en una pierna, al niño lo llevamos de urgencia al Hospital de Cimitarra, pero ahí dijeron que no podían hacer mucho, que tocaba remitirlo y lo enviaron para Bucaramanga. Ahí comenzó la lucha por salvarle la vida; hasta que un día después los médicos dijeron que se encontraba estable”, relata Claudina Ramírez Alfonso, la madre de Arnol, una mujer que en su rostro refleja una vida de trabajo en el campo.
Ya estable, los médicos ahora tenían la tarea de salvarle el pie, pues la primera atención que el menor tuvo no fue la adecuada lo que puso en peligro una de sus extremidades.
“Para salvarle el pie comenzaron a hacerle cirugías, pero el cuerpo de Arnol no respondía de la manera en que los médicos necesitaban, por lo que después de seis intervenciones nos dijeron que no había nada que hacer, que tocaba quitarle la pierna al niño, porque tener la extremidad comprometía su vida, es decir tocaba elegir entre la pierna o el niño”, agregó la madre de Arnol Jair.
Para cuando el menor salió de la hospitalización, ya habían pasado cerca de 60 días de haber sido mordido por una culebra y ahora no tenía una de sus piernas.

“Después de que lo dieron de alta, seguimos asistiendo a unos tratamientos ahí mismo, en Bucaramanga; e inició una nueva lucha, una para que él tomara lavida de la mejor manera”, asegura Claudina dejando asomar lágrimas en sus ojos, pero sin permitir que salgan.
‘La lucha’
Asumir a los 10 años que moverse depende de un par de muletas y que una pierna ya no está es un proceso al que muchos, incluso adultos, se enfrentan sin éxito; sin embargo el empeño y la sonrisa de Arnol le dieron a su familia la tranquilidad de saber que superaría la situación.
“En agosto del año pasado, llegamos a vivir a la vereda La Palma. Para esa época a él le dieron la prótesis y comenzó a usarla, sobre todo para ir a la escuela, pero aunque él no se queja, no dice nada, sé que es un proceso que no ha sido fácil”, explica su mamá.
Entre 45 y 60 minutos de camino recorre Arnol desde su humilde vivienda hasta su escuela, eso sumado al esfuerzo adicional por tener una prótesis hicieron que su madrina le regalara una bicicleta con los pocos recursos con los que contaba, todo para que el menor no dejara de asistir al colegio y soñar con un futuro mejor.
“A mí me gusta jugar fútbol, antes me gustaba más correr, pero también me gusta montar cicla; eso sí al principio no era capaz de montar, pero ya puedo y así voy a la escuela, me echo menos tiempo que caminando”, dice Arnol, con la sonrisa constante dibujada en su rostro. Muestra su curiosidad por aprender todo sobre lo que lo rodea, como cualquier niño de su edad, pero además asombra la facilidad con la que asume su condición, como si se tratara de un juego más.
Su sueño
“Yo hice contacto con la patrullera Viviana Guerrero y el subintendente Jean Carlos Lizcano, hablamos sobre Arnol, sobre el accidente y cómo había sido todo para él; en ese momento la patrullera me preguntó que cuál era el sueño de mi hijo y yo le dije que el sueño de él desde pequeñito es ser Policía”, relató la madre de Arnol.
Tanto la patrullera Guerrero como el subintendente Lizcano hacen parte de las unidades del Tercer Distrito de Policía de Barbosa adscritos al Departamento de Policía de Santander, ellos junto con el subintendente Edwin Gordillo Diaz y la mayor Ana María Luquerna, comandante de la Estación de Policía de Barbosa, decidieron trabajar en hacer realidad el sueño de Arnol y convertirlo en el comandante de la estación de este municipio por un día.
“Para nosotros fue un choque muy fuerte escuchar de la boca de Arnol que su sueño era ser policía, solo podíamos pensar en lo mucho que uno como ser humano se queja y ver que él es un niño sonriente y con un sueño tan grande que se hace lejano; pero lo más duro fue el proceso de explicarle por qué no podía ser policía, algo que él entendió de una manera muy madura”, relata la patrullera Viviana Guerrero, quien hace parte del equipo de la Policía de Infancia y Adolescencia del Tercer Distrito.
Nuevo comandante
A las 7:00 de la mañana del pasado 18 de marzo un grupo de policías llegó a la vivienda de Arnol Jair Pardo Ramírez, con ellos llevaban un uniforme completo marcado con el rango de teniente coronel, solo que este no tenía un tamaño común para un adulto. En esta ocasión el uniforme iba a ser por un guerrero de la vida. Y así comenzó a hacerse realidad el sueño de Arnol.

“En nuestra estrategia de darles cumplimiento a los sueños de unos niños, tuvimos la oportunidad de conocer a Arnol, que hace más de un año perdió su miembro inferior derecho, pero pudimos darle un día en el que su sueño se cumplió y compartió con todas las unidades. Fue un trabajo muy bonito el que se hizo con él”, explicó la mayor Ana María Luquerna.
Arnol se sentía como en casa, saludaba, mandaba, modulaba por el radio, hacía solicitudes y recibía el respaldo de todos con quienes se cruzó en ese día como policía.
“A mí lo que más me gustó fue usar el radio y saber que todos pueden escuchar lo que digo; también me gustó dar órdenes y formar, todo me gustó. Los regalos también me gustaron, fueron muchos, gracias”, fueron las palabras del nuevo teniente coronel Arnol Pardo.
Cuando regresó esa noche a su casa en La Palma, colgó con el cuidado de algo quebradizo, su uniforme, el cual guardó de manera meticulosa para poder decircon orgullo que él ya fue Policía y que nada ni nadie le impidieron ver su sueño cumplido.















