Édgar Sánchez Torres, más conocido como Junífero, es un soldado más del batallón de cuenta chistes de Santander; todos los días quiere arrancarnos sonrisas. Es Contador Público de la Universidad Santo Tomás, pero se toma muy en serio el arte de hacernos reír. También es parte del elenco de Sábados Felices, el programa de humor más viejo de Colombia.

Publicado por: HELLMAN VILLAMIZAR DAZA EDITOR Q'HUBO
Nada más serio que hacer humor. Nada menos risible que pensar en cómo mamarle gallo a la realidad. Peor cuando se es metódico, cuando la piedra salta si alguien te desordena la cuadrícula. Detrás de todo chistoso, jocoso, bromista, hay un troglodita, malgeniado que se despeluca con una simpleza.
Reflexivos, inteligentes, brillantes y pensadores. Muchos aseguran que detrás de Cantinflas había un filósofo popular; de Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, la erudición de William Shakespeare, de hecho, su contagiosa melodía silbada como estribillo detrás de la comedia más famosa de Latinoamérica, iba más allá de los cachetes de marrana flaca de Quico; de las pecas y la histeria de La Chilindrina; de la picardía inherente a don Ramón para escapar del señor Barriga para no pagarle el ‘atrasito’ de 12 meses de renta; de la añoranza de El Chavo por comerse una torta de jamón…
“Un paciente salía triste del hospital cuando lo asaltan en la puerta y el ladrón le dice:
- ¡El dinero o la vida!
- ¡Ah! ¿Tú también eres médico?”
Hasta la crisis de la salud nos da pie para morirnos, de la risa y no del malestar. La vida, la existencia misma es una broma. Trate de sacarle chiste a eso. Trate de sobrevivir con ocho pela’os, solo y que uno de ellos gaste cada segundo de su respirar en hacer mofa para precisamente eso, coexistir.
[Video: https://www.youtube.com/watch?v=Yjt6T9lTW-k]
A Charles Spencer, ‘Charlie Chaplin’, actor, humorista, compositor, productor, guionista, director, escritor y editor inglés, británico puro, lo sacaron de su país por ‘chistoso’, a pesar de no tener voz. Su fama fue en el cine mudo. Y aún así fue tildado de comunista.
A Jaime Garzón lo asesinaron por pensar ‘demasiado’, porque lo idealizaron, vaya ironía, también con la izquierda. Pareciera un sino que rodea a todos quienes tienen que reírse después de lo sufrido y luego de lo vivido.
Toda una vida de humor
Solo que Édgar Sánchez Torres prefiere ser un cobarde vivo, que antepone la coexistencia de sus tres hijos como motor del hogar, a correr el riesgo de pensar demasiado.
Para él no todo fue siempre un chiste; no todos los atardeceres eran de sonrisas, ni los amaneceres. Igual que muchos ‘chistosos’ tiene un día a día serio, severo, lleno de compromisos.
Se torna ceremonioso, supervivir es una hoja de contabilidad, con lo que se preparaba para afrontar la existencia. Su pesar es notorio cuando evoca aquellos días que transcurrían lentos metido con doña Edilia Torres, su mamá y un hermano, en una pieza del barrio Álvarez de Bucaramanga, sobreviviendo, en esa trashumancia de ciudad en que doña Edilia quedó frente a la prole, viuda.
-Primero vivimos en un barrio muy duro, no lo menciono porque no quiero herir susceptibilidades, donde manejaban más los apodos que los nombres, donde la puñalada era más fácil que un abrazo. Claro, eso ha cambiado, evolucionado. Que yo hiciera algo diferente, para mi mamá era alegría, pero lo que más la afanaba era buscar la comida para los ocho. Imágenes de algunos de sus ‘conocidos’ de barrio haciéndose lances con armas blancas, denominados no por los nombres de pila, sino por alias. ¡Vaya broma!
Han pasado muchos almanaques de agua panela y mojicón desde cuando de pantalón cortico se volvió payaso de la escuela, así no más, por combustión espontánea. Mamá no le decía nada, no tenía tiempo.
-Empecé con un payaso chileno con casi ocho años, hacía vainas en la Escuela Fidelina Ramos, en la Manuela Beltrán.
Pasó rápido esa mamadera de gallo que es la infancia, feliz, inocente e indocumentado, pensando solo en reír y hacer reír. Llegó el colegio (el Coomultrasan) donde ayudó a montar los payasos, porque solo había teatro; casi de forma alterna apareció en su vida el Teatro Arte de Bucaramanga.
-Necesitaban un pela’o para una obra que se llamaba las manos de Dios, y seguí ahí con esa gente.
-En 1986 montaron una obra donde tenía que hacer un personaje de campesino, y en el proceso de elaboración aparece Junífero; grabábamos radio novelas para la Policía, consejos para que no robaran a la gente y todas esas vainas.
Así es Junífero, ese hijuepuerca camperolo que tiene un bigotico como para’o de mosco, vestido con una pinta de caja fuerte (solo él sabe la combinación), ruana de paraco e’ pueblo y alpargatas. Junífero su persona. Hay quienes a carcajadas se levantan todas las madrugadas cuando lo escuchan en Olímpica, rumbo al trabajo, con ese tono tan de ‘biena’… de bien adentro de Santander.
-Yo era un personaje del campo. Para entonces me sabía todo el repertorio de Emeterio y Felipe y Pastor Vesga me escuchó y me pidió que creara un personaje para la radio. Ya estaba en undécimo. Esa fue la época del Álvarez, hasta que me cogió el Ejército pagando en la calle y no me creyeron que mantenía a mi mamá haciendo piñatas los fines de semana. Me levantaron y a ella le tocó acomodársele a una hermana.
No dejó de hacer payasadas, a pesar de la infantería en Arauca, en Casanare, por allá donde la guerra aún no cesa, en la frontera caliente. Llevaba el peso de esa broma de vida que siempre lo ha seguido.
Ahí, en el morral de campaña, junto al camuflado, el fusil, el cepillo de dientes, las botas y la cantimplora, entre los cutes que arriaba a ritmo de recluta, iba embutido el vestido de payaso y una guitarra rozando de vez en cuando la trompetilla del Galil.
-Me vinculé al grupo de acciones sicológicas, ahí se necesita siempre un payaso y no porque le fuera a hacer chiste a la guerra, sino porque era una forma de acercarme a las comunidades. Claro, además les hacía capacitación a los demás ‘lanzas’ sobre locución, actuación…
Su forma de hacer de la existencia un estímulo para la risa, fue abriéndole paso de a poco, para entre balances y contabilidades ajenas, direccionar lo que sería el libro de cuentas de su vida, su camino, amén del cartón de la Universidad Santo Tomás que lo acredita como Contador Público.
-Cuando salí, el Currinche me siguió contratando. De hecho estando en el Ejército me daban permiso para ir a grabar chistes en la emisora. Entré a Sábados Felices ganando muchos programas, hice muchos libretos ganadores para compañeros de Santander.
-Empecé a ir a Sábados Felices desde el 2004, hasta el 2010 que ya me llaman en ‘Los pesos pesados de la risa’.
Y ahí estoy ya con el elenco. Grabé 26 programas en el ‘ring’, gané 24 y cuando estaba a punto de expirar ese espacio, me dieron la oportunidad.
¿Que es un buen chiste?
-¡Yo!















