Leandro, Sandra y Astrid no se conocen, pero tiene algo en común, los tres cumplen la bonita labor de ejercer la enfermería con vocación y servicio. Feliz Día del Enfermero y la Enfermera.

Publicado por: Redacción Vanguardia.com
Si desde siempre el trabajo de enfermeras y enfermeros ha sido noble y de una gran vocación, en tiempo de pandemia es una profesión heroica. Hoy 12 de mayo, se celebra su día.
Están en ‘frente de batalla’, dándola toda para la recuperación de sus pacientes, aún bajo el riesgo de contagio de COVID-19.
No es fácil, son humanos, sienten miedo pero también esperanza. Apegados a su juramento de servir, siguen ahí, en la lucha diaria en medio de ese sube y baja de cifras.

Leandro José Duque Sánchez es una de esas personas que a diario se enfrentan a esta situación. Trabaja en la zona COVID de la Clínica Chicamocha, sede Conucos.
Es venezolano, lleva 12, de sus 33 años, ejerciendo su labor; 4 de ellos en Colombia.
El último año no ha sido fácil, un ‘enemigo invisible’ obligó al personal de salud a cambiar protocolos, “nosotros siempre hemos estado enfocados en lo que es el cuidado del paciente, pero en el contexto de la pandemia se han cambiado mucho los protocolos con lo referente a autocuidados, implementar normas de bioseguridad más exhaustivas, a tener mucho más en cuanto a la prevención para evitar los contagios y poder seguir brindando esa atención de calidad que merecen los pacientes que llegan a nuestro cuidado”, dice Leandro.
Los días parecen repetitivos, algunos menos suaves que otros, pero “siempre llegamos con la mejor disposición a recibir el turno”.
Sienten miedo, son humanos, pero también tienen la esperanza intacta. “Nosotros siempre desde el inicio de la pandemia sentimos incertidumbre, es una patología nueva, un virus nuevo, no sabíamos cómo enfrentarlo, pues no habían protocolos claros, pero los fuimos construyendo. Siempre nos encomendamos a Dios al iniciar turno porque está el riesgo de contagio, hay miedo, pero tratando de hacer lo mejor posible”.
La vacuna fue para ellos un aliciente, una esperanza entre tanta espera, “cuando tuvimos la oportunidad de contar con la vacuna, no es que nos sintamos sin temor, pero sí un poco más seguros para atender y hacer las cosas de la mejor manera” añadió Leandro.
Ahora, con la esperanza puesta en que pronto todo esto calme, piden a la comunidad seguir protegiéndose, “nosotros estamos aquí luchando, pero esperamos que la gente adopte medidas y tome consciencia para que bajen los contagios, el panorama tiende a disminuir pero con todo este contexto creemos que pueda subir”.
Al final de su jornada, la mejor recompensa para Leandro es “poder ganarme la sonrisa de los pacientes y un agradecimiento cuando regresan con salud a casa, ese mensaje de gracias, esa sonrisa que se llevan los pacientes es lo más gratificante. Sin duda si volviera a nacer sería enfermero de nuevo, esto es una profesión de vocación, no una profesión elegida.
“Agradezco el trabajo de todos los que ponen la cara que están día a día enfrentando esta situación, agradecerles por estar allí y por ponerle el corazón a esta noble profesión”.
Sandra Milena Meléndez Maldonado, es otro ejemplo más de esa lucha, lleva 20 años ejerciendo su labor. Ella, a diferencia de Leandro, no cumple su labor en un centro médico, sino de casa en casa, atendiendo a sus pacientes en visitas domiciliarias.

En la actualidad atiende a 12, a los cuales visita varias veces al día. Una labor difícil.
Sale de su casa todos los días a las 4:30 de la mañana, toma su inmenso bolso cargado con todo lo necesario para atender a sus pacientes y arranca en moto a hacer el recorrido, no sin antes encomendar su día a Dios y a la Virgen María. A casa regresa a las 11:00 de la noche.
Pero lo hace con amor, “mi mejor recompensa es el agradecimiento de mis pacientes, su recuperación, verlos salir adelante, ver que sobreviven y ganan las batallas a las enfermedades.
“Para mí, ser enfermera es mi vida completa, es la entrega total a esto, es poder servir, poder ayudar a que salgan adelante de su proceso de enfermedad, el médico formula, pero la enfermera es la que está ahí y los acompaña en su recuperación todos los días, varias veces al día”.
Sandrita también siente miedo, hace poco, cumpliendo con su labor también se contagió de Covid, pero logró superarlo.

“Sentimos miedo porque tenemos familia, nos da miedo llegar y contagiar a nuestras familias, nos da miedo enfermarnos, a mí por ejemplo también me dio, gracias a Dios todo salió bien, solo un poco fatigada, pero mi Dios es muy grande y bondadoso. Siempre tengo a Diosito, él es el que rige mi vida”.
Según cuenta Sandra, si bien los pacientes que visita eran en su mayoría adultos mayores, últimamente son personas más jóvenes, señal de que quizá la vacunación esté cumpliendo su objetivo, pero también un llamado a los jóvenes para que se cuiden.
“En estos momentos la gran mayoría de mis pacientes son personas entre 30 y 50 años, máximo 60, la población vulnerable que eran los abuelitos, ya ha calmado un poco, está funcionando la vacunación.
“Mi llamado es al autocuidado, hay que seguir luchando contra el cambio, la Reforma de la Salud no nos conviene a ninguno, pero debemos marchar con protección”. Los enfermeros y enfermeras nos cuidan, pero también como ciudadanos debemos contribuir a que su trabajo sea menos difícil.
Y en la última historia está Astrid Calderón Alsina, quien lleva más de 20 años como auxiliar de enfermería. Su labor la cumple en una IPS en Cañaveral, precisamente en jornadas de vacunación, de promoción y prevención.

“Aquí cumplimos varias funciones, todo lo que es Promoción y Prevención, a mí me corresponde por ejemplo, toma de citologías, electrocardiogramas, vacunación en niños y adultos y vacunación Covid”.
Para Astrid, ser enfermera significa “entrega, espíritu de servicio, a todo el que llegue atenderlo lo mejor que se pueda porque eso contribuye en la recuperación de nuestros pacientes”.
La jornada comienza para ella desde las 5:00 de la mañana cuando se levanta para dejarle todo listo a su hijo y salir rumbo a su trabajo donde inicia labores a las 7:00 de la mañana y termina a las 5:00 de la tarde.
Para enfermeros y enfermaras no ha habido confinamiento, a pesar de la pandemia, ellos siguen trabajando igual, “no hemos parado, debemos atender a las personas ya sea que haya paro, que haya confinamiento, igual trabajamos sin parar.

“Nuestra mejor recompensa es el agradecimiento de los usuarios, nosotros siempre estamos disponibles en lo que podamos colaborar”.
Ante esto Astrid hace un llamado a las personas para que se cuiden “que cumplan con todos los protocolos para salir de esta situación lo más pronto posible”:
Feliz día a todos los enfermeros y enfermeras.
















