Bucaramanga
Domingo 06 de julio de 2025 - 01:36 PM

Ataque a cuchillo a mujer reveló el peligro de la carrera 15 de Bucaramanga: todo por ganar el chance

Le dieron dinero por ganarse el chance. Fue atacada en Bucaramanga y resultó con 20 puntos cicatrices. Esta es la historia.

Ataque a cuchillo a mujer reveló el peligro de la carrera 15 de Bucaramanga: todo por ganar el chance
Ataque a cuchillo a mujer reveló el peligro de la carrera 15 de Bucaramanga: todo por ganar el chance

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Ocurrió a las 11:30 de la noche. Era un sábado. Laura acaba de salir del prostíbulo donde trabaja desde hace más de una década, El lugar hace parte de los negocios de mala muerte ubicados sobre la carrera 15, entre calles 34 y Quebradaseca.

Estaba feliz. Los efectos de la droga que consumió esa noche no la abandonaban todavía. Por el contrario, quienes la vieron dicen que expresaba una efusividad pocas veces vista. La escucharon gritar de la borrachera, y claro, por lo feliz que se sentía. Uno de sus clientes, esos que la visitaban con cierta regularidad para tomar ron y luego desnudarla a su antojo, le dio esa noche un doble regalo.

Detrás de ella, a una corta distancia venía ‘La Rola’. Ambas se acercaban al puente de la Quebradaseca. Ella también trabaja en el bar. Aunque era santandereana, se ganó el apodo por su hablado medio suave, medio impostado, para nada característico del estereotipo de mujer de esta tierra.

‘La Rola? se preciaba de ser la mejor amiga de Laura. Ambas compartían los días de marginalidad, las incertidumbres de no tener dinero para sus familias, la droga que consumían, la ropa que usaban para verse “más provocativas”, los abusos de los clientes violentos en la intimidad de las habitaciones y la rabia por no tener un mejor presente, y carecer de un futuro transparente.

Le dieron dinero por ganarse el chance. Fue atacada en Bucaramanga y resultó con 20 puntos cicatrices. Esta es la historia.
Le dieron dinero por ganarse el chance. Fue atacada en Bucaramanga y resultó con 20 puntos cicatrices. Esta es la historia.

Laura estaba destinada a sufrir esa noche en Bucaramanga

Era inevitable. Laura estaba destinada a sufrir esa noche. De alguna forma ‘La Rola’ lo percibió cuando vio tan feliz en la mesa a su amiga, abrazada a ese cliente generoso en las penumbras que se forman con luces de colores y el humo de los cigarrillos, que parecen pegarse al bullicio de aquel burdel. Era fin de semana de quincena. El lugar estaba concurrido de sujetos aferrados a los escotes de las mujeres, que como trabajo soportan esas miradas con fingidas sonrisas. Como lo dijo alguna vez Laura:

- Ser puta no es fácil...

Los habitantes de la carrera 15 de Bucaramanga

El sol en Bucaramanga se ha ido. Para muchos el día acaba de morir. La ciudad tiene diferentes rostros dependiendo de las horas. Alguien diría que una Bucaramanga solar es regida por encuentros matutinos, uno que otro café mojado en charlas, reuniones o trabajos con horarios caóticos. Pero hay otra ciudad lunar, provocativa y con secretos y crímenes.

Eso ocurre con estas cuadras de la carrera 15. En el centro de Bucaramanga. Las voces de los transeúntes son diferentes. Los olores de la ciudad se modifican vertiginosamente dependiendo de las manecillas del reloj. En el día los almacenes de chucherías, cacharrerías, arreglo de planchas, ventas de tela, cafeterías, ferreterías, y claro, la gran plaza de mercado, entre otros negocios, dominan el horizonte de cemento.

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Los clientes entran y se van. Los comercios se iluminan y se oscurecen dependiendo de las ventas. La informalidad es protagonista. Es cotidiano ver los mototaxistas cómo se disputan los clientes, junto a la voz de un ‘pirata’, quien no para de repetir que tiene los dos últimos cupos para el expreso que llegará hasta más allá de Café Madrid, en el Norte de Bucaramanga.

También están las sirenas de las ambulancias, que le compiten al caos diario, los consumidores de droga, que se esconden estratégicamente para fumarse sus dosis. Aparecen los nubarrones debajo de las prostitutas callejeras, ubicadas debajo del puente peatonal y en esquinas estratégicas, a la espera de las miradas de los clientes. Respondiendo que el “rato” vale $30 mil.

Le dieron dinero por ganarse el chance. Fue atacada en Bucaramanga y resultó con 20 puntos cicatrices. Esta es la historia.
Le dieron dinero por ganarse el chance. Fue atacada en Bucaramanga y resultó con 20 puntos cicatrices. Esta es la historia.

La bulla siempre pasa por su ración diaria. De noche, es la misma historia, solo que con menos personajes. Los pasos noctámbulos suelen tener un aire misterioso. Como muchos bumangueses, la carrera 15 se transforma, para bien o para mal. Muestra sus peligrosos dientes.

En la esquina de la carrera 15 con calle 33, a unos pocos pasos del semáforo, cuya luz cambiante no los alcanza, acostados en el piso pasan el tiempo tres personas. Dos hombres y una mujer. El tinte negro de hollín de la ciudad los impregnó por buena parte de sus cuerpos. En un instante, ella se pone de pie. Recorre unos cuantos metros.

En una columna de un local ya cerrado, que sobresale del andén, se baja lo que podía ser una pantaloneta corta. Se acurruca. La secreción líquida de sus riñones corre por el piso, como un hilo traslucido ante la escasa luz de la calle que no tiene iluminación. Se sube la pantaloneta y regresa a la compañía de sus amigos.

Los tres tienen una pipa ordinaria. Comienzan a consumir convertidos en retazos de lo que alguna vez fueron o debieron ser para una ciudad correcta. Irreconocibles para el otro mundo que se mueve delante de ellos. Que los ignora. Que los califica de alimañas repugnantes. Al otro lado acaba de llegar un motorizado. Alguien pidió por teléfono una dosis de ‘perico’. Sin contratiempo, se cumplen el domicilio. Entrega el mandado y ambos ‘se abren’ del lugar.

La carrera 15, resiste aferrada a las necesidades de los bumangueses que la cruzan, una y otra vez de esquina a esquina, algunos por placer otros por sobrevivir. Este sector es la espina dorsal del rebusque. En las noches es común ver cómo la basura del día se arruma sobre el andén.

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 Pasan los recicladores haciendo su inventario de objetos. . A veces es un habitante de calle, en otras, acuden parejas con sus pequeños hijos buscando algo de dinero entre el desperdicio.

Frente a los burdeles siempre están uno o dos hombres mal encarados. Se pasan el día aplaudiendo, como una forma de llamar la atención para que los transeúntes ingresen al bar. Su jornada es abrir y cerrar la puerta, lidiar con borrachos y requisar. Su patria confiable es la acera. Su labia debe tranzar al potencial cliente hablando de las “chicas”.

En algunas ocasiones esas “chicas” se asoman a la puerta. Rubias o morenas, con faldas reducidas o vestidos apretados aparecen como huyendo claustrofóbicas. Son jóvenes y también mujeres mayores, con el peso de los años rodeando sus cuerpos flácidos. Es común verlas pedir un tinto, hablar de cualquier cosa, encender un cigarrillo e inhalar su humo tóxico despacio, como si fuera oxígeno puro que les salvara la vida del encierro.

No faltan los ladrones. Como buitres vuelan las calles a la espera de víctimas, esas que piensan que caminar este andén es apenas comparable con transitar alegre y despreocupadamente por un bonito parque, donde no cabe la malicia. Gran error. Deambula una modalidad de carteristas que se especializan en los pensionados y abuelos, que acuden mayormente por prostitutas jóvenes y complacientes. Son sus preferidos. Los siguen con sus ojos encorvados, esperando la oportunidad para meterles la mano en el bolsillo y salir corriendo. Estas cuadras son su territorio de caza.

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- Aquí le dieron plomo a un muchacho que cambió de proveedor al comprar droga. El tipo que siempre le vendía se enojó, sacó un arma y le disparó. Usted consigue droga aquí fuera y dentro de los negocios. Todos aquí tenemos algo untado. Si no se vende droga, se guarda. Si no se prostituye, se roba. Unas pocas son las que manejan estas calles. Si usted llega a prostituirse y no le cae bien, le mandan un par de tipos y la sacan a golpes. De resto, que venga el diablo y escoja...

La carrera 15 de Bucaramanga no siempre fue así

La carrera 15 fue bautizada como la Avenida El Libertador. En sus orígenes era un camino surcado por quebradas (Quebradaseca y La Rosita). En 1900 aparecieron los primeros edificios. Una década después llegaron los primeros automóviles y también se importa el primer bus urbano, la carrera 15 entonces se impuso sobre las demás vías por su comercio. Poco a poco se reemplazaron los tradicionales coches tirados a caballo, cuya estación se encontraba en la carrera 15, entre las calles 33 y 34, con su pesebrera en el Puente de la Cochera.

Le dieron dinero por ganarse el chance. Fue atacada en Bucaramanga y resultó con 20 puntos cicatrices. Esta es la historia.
Le dieron dinero por ganarse el chance. Fue atacada en Bucaramanga y resultó con 20 puntos cicatrices. Esta es la historia.

A finales de la década de los 50 Bucaramanga continúa su expansión, surgen la Quebradaseca como vía. Tiempo después el alcalde Francisco Páez, logró demostrar que el cruce de la calle 36 con 15 se constituía en el kilómetro cero de la carretera nacional a Bogotá. Llegó dinero para la expansión.

La carrera 15 fue símbolo de conexión y progreso. También de diversión y buena música. El Caracol Rojo era un gran salón capaz de albergar a unas 50 personas en la pista de baile, iluminada con bombillos de colores pegados al techo. Estaba ubicado en la calle Cuarta. Zona caliente de música salsa de Bucaramanga de los años sesenta y setenta.

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Desde una ventana o arrimado al zaguán, Miguel ‘Basuco’, aprendió a sus ocho años, durante las noches de 1975, la filosofía de la baldosa. Entendió que el ritmo de la salsa se hizo para sacudir los pies y alegrar el espíritu. Por la Cuarta, en los setenta de Bucaramanga, grandes orquestas y bailadores pasearon su reputación. Un cuartazo era un prestigio. En 1985, sin embargo, El Caracol Rojo estaba en el ocaso.

Las grandes orquestas que en la década pasada iluminaban el lugar, desaparecieron. Por el sifón del patio de esa vieja casona que chupaba lluvias se coló la vergüenza y llegó el hampa, las prostitutas y la droga. La carrera 15 se llenó de malas mañas, de puñales y desenfrenos, que todavía perduran.

Ni sirvió el negocio en Bucaramanga, se regresa a la prostitución

Cierta molestia, enojo, rabia y frustración circulaban libremente en el desparpajo con que habla Laura. No explica mucho de su pasado. Con los ojos secos, ya no se da licencia de llorar. Su voz es cuerda gruesa, que parece apretarla cada vez que narra como la vida la convirtió a sus 15 años en huérfana. Dos años después paso de ser una joven con sueños a ser explotada sexualmente en un burdel de la carrera 15.

- En mi fiesta de 15 años llegó la guerrilla al pueblo donde vivía. Mataron a mi mamá y desaparecieron a mi papá. A los 17 años me vine para Bucaramanga con mi hermana a un inquilinato de una tía. Mi hermana se consiguió un mal marido. Un día el tipo la asfixió. En el bar me falsificaron la cédula. Llevó en esto 28 años...

Laura tiene un hijo de 18 años. Ya terminó el bachillerato. Busca un trabajo. Ella dice que sus conocidos se han encargado de dañarle el corazón al muchacho, quien a veces, en momentos de desesperación le grita:

- Mamá, cuanto quisiera tener un trabajo para que usted no volviera a la 15.

No es que ella no desee dejar ir todos los días. Hace un poco ahorró dinero para comprar un asador pequeño y vender ‘chuzos’ de carne y chorizos. Deambuló por toda la carrera 15. De cada lugar que ganaba en la calle, la retiraban. Comerciantes fijos e informales le repetían que estorbaba y que el humo molestaba. Incluso alguien le estrelló esta frase en la cara:

- Mejor devuélvase de puta, usted vendiendo chuzos no le da.

Así acuchillaron a Laura en la carrera 15 de Bucaramanga

Laura no volvió a trabajar desde esa noche de sábado en el burdel. Ahora está por su cuenta a lo largo de la carrera 15 buscando clientes. Lleva así más de tres años. Las trampas de la carrera 15 son peligrosas y en cada recoveco de estas tres cuadras puede salir una alimaña enemiga, como le ocurrió con su mejor amiga ‘La Rola’.

Ella le dijo a su novio, mesero del burdel, que esa noche siguiera a Laura cuando caminaba con destino a Quebradaseca. El tipo la alcanzó. Por atrás la abrazó. Ella reaccionó e intentó zafarse, pero sintió como la hoja de un cuchillo penetró en la parte de arriba de su pierna izquierda. El hombre la volteó y le enterró el cuchillo una vez más. Ahora en el estómago. La dejó sangrando en el piso y le robó dos millones 200 mil pesos que llevaba encaletados.

- Me los dio ese cliente. A él le dije una vez que apostara el chance con el número 2008. El tipo le puso una fe de esas terribles por ganar y se lo ganó. Le dieron $24 millones. Le dio dos millones de pesos al negocio, que yo le debía. Dos millones de pesos más me los puso esa noche en la mesa de gratitud. Estaba contenta. Ese día me había ido muy bien. Con clientes me había hecho $200 mil. Me emborraché. Me fui para la Quebradaseca y mi mejor amiga me echó al mozo para que me robara...

Laura tiene las cicatrices de 20 puntos en su cuerpo.

- La gente habla mal de mí por ser prostituta. Nadie sabe que detrás de una mala mujer hay una buena persona. No me considero que sea buena porque haga cosas buenas. Me considero buena, porque a pesar de todo lo malo que me ha pasado, no le hago daño a la gente.

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