Juan Pablo II no tenía previsto viajar a Bucaramanga, la visita en Colombia era de cinco días, pero se agregó un sexto día.

Publicado por: Redacción Vanguardia.com
Besar el suelo fue lo primero que hizo el papa Juan Pablo II al pisar tierra santandereana luego de bajarse del avión el 6 de julio de 1986 en Bucaramanga, hace 39 años.
Con su sonrisa bonachona, esa que parecía transmitir momentos de paz, saludó y bendijo a los cerca de 600 feligreses que lo esperaban y que con tiquete en mano pudieron ingresar al Aeropuerto.
Eran las 11:45 de la mañana cuando el avión presidencial de la Fuerza Aérea Colombiana, el FAC-01, arribó al Palonegro. Diez helicópteros de las Fuerzas Armadas ‘escoltaban’ al papa y a las más de 30 personas que hacían parte de su comitiva.

Todo un acontecimiento mundial que tenía epicentro en la ‘Ciudad de los Parques’. En la parte trasera del avión viajaban 71 periodistas: 23 italianos, 18 estadounidenses, 7 colombianos, 6 españoles, 7 franceses, 5 alemanes, 2 de gran Bretaña, 1 polaco y 1 mexicano.
Desde el aeropuerto Palonegro un helicóptero trasladó a Juan Pablo II, cuyo nombre de pila era Karol Wojtyla, al Seminario Mayor en Floridablanca. Aterrizó en la cancha.
Una calle de honor lo esperaba para que entrara en la capilla. Allí rezó el Ángelus porque era mediodía y con agua bendijo a los presentes.
Quienes lo vieron contaban que estaba siempre muy sonriente, transmitía la gracia de Dios. Manifestó estar muy feliz de estar en la Arquidiócesis de Bucaramanga, pero el compartir en el almuerzo fue algo muy corto, pues ya debía ir a la misa.
Antes de avanzar hacia el corazón de Bucaramanga, el Sumo Pontífice saludó en el seminario a los 16 dirigentes, estuvo en el jardín para saludar al clero, los sacerdotes las religiosas y los seminaristas. Una alcoba estaba preparada para él, pero Juan Pablo II solo descansó 15 minutos y continuó con su agenda camino a Real de Minas.
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Un río de gente en las calles de Bucaramanga para ver a Juan Pablo II
Un ‘río de gente se lanzó a las calles’. Emocionados querían verlo, saludarlo y grabar en su memoria, sus retinas y sus cámaras fotográficas, ese momento para el recuerdo.

Montado en el ‘Papa Móvil, un Land Rover que pesaba dos toneladas y media, y costaba 6 millones de pesos, Juan Pablo II recorrió la ciudad. Lo antecedían en la caravana un carro libre, en otro iba Arturo Mari, fotógrafo del papa y del periódico L’Osservatore Romano; además de dos motos de la Policía.
A pesar de la lluvia, al menos medio millón de personas de toda el área metropolitana se desplazaron a pie por la autopista de Floridablanca para acompañarlo en su recorrido hacia la Ciudadela.
Allí, en un templete acondicionado y bajo estrictas medidas de seguridad, el papa hizo su homilía ante miles de personas que habían esperado durante horas para verlo y pedir su bendición.

Precisamente en ese lugar desde el que se dirigió a por lo menos 80 mil santandereanos, hoy se levanta una estructura sobre terrenos de lo que eran las pistas de aterrizaje del antiguo aeropuerto Gómez Niño, que funcionó allí hasta 1974.
Hoy, esa zona está totalmente urbanizada al punto que es el sector más densamente poblado de la meseta de Bucaramanga. Junto a la escultura pasan a diario centenares de personas, entre ellas los feligreses de la parroquia Torcoroma que se levantó a pocos metros de esta estructura metálica.
¿Cuántos días estuvo Juan Pablo II en Bucaramanga?
Durante dos días, el sumo pontífice estuvo en la capital santandereana para disertar sobre la Virgen, la familia, la fidelidad a la vocación sacerdotal, el servicio a los pobres desde el Evangelio y los 500 años de la evangelización de América Latina.
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Monseñor Héctor Rueda Hernández (qepd), quien en 1986 era el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, recordaba hace algunos años que Juan Pablo II no tenía previsto viajar a Bucaramanga, “la visita en Colombia era de cinco días, pero se agregó un sexto día para que todo el nororiente pudiera verlo. Fue muy cortés”.
“El Papa Juan Pablo II inspiraba ternura y tenía un carisma muy especial, daba una sensación de tranquilidad impresionante”, recordó por su parte Rafael Eduardo Orduz Pico, quien tuvo el honor de recibir la comunión del Santo Padre.
Otro de los detalles que para entonces se destacó durante la visita papal, fue un inmenso lienzo con su imagen el cual le llevó tres meses de elaboración al maestro santandereano Omar Mateus.
Al menos 20 lápices y 5 cuñetes de pintura gastaron para poner manos a la obra sobre un lienzo de 17 metros de alto por 10 de ancho, del tamaño aproximado de un edificio de cuatro pisos.
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Con la ayuda de Orlando Morales tuvo que recurrir a la sala de exposición de la Biblioteca Gabriel Turbay para hacer el dibujo, en el cual tardó una semana.
Luego, los seis rollos de lienzo de 1,80 por el largo que debió comprar fueron unidos con máquina industrial, fondeados y templados.
Lo primero que se pintó fue la cara, luego la sotana y así poco a poco hasta llegar al final.
Tres días antes de la visita, la gigantesca obra se instaló en un lugar cercano al templete donde estaría el Papa. Con grúas y postes de cemento fue sostenido y tuvo que soportar fuertes vientos y lluvia.
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Terminada la visita del Papa la obra fue retirada, guardada en una bodega y desde aquel entonces nadie sabe dar razón de ella.
Juan Pablo II fue, sin lugar a dudas, uno de los líderes religiosos más carismáticos de la historia. A su paso por Colombia, además de Bucaramanga, visitó Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Barranquilla, Pereira, Popayán, Chiquinquirá, Tumaco y Armero, lugar en el que oró por las víctimas de la avalancha que se registró meses antes, el 13 de noviembre de 1985 y que dejó más de 20.000 muertos.
Más que una visita, las autoridades locales y nacionales esperaban que la llegada papal consolidara la paz con los grupos guerrilleros. Tan trascendente fue que el Movimiento 19 de Abril, M-19; el Ejército Popular de Liberación, EPL, y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc, enviaron mensajes al Papa con el fin de buscar diálogos directamente, pero él ratificó que su visita era como un miembro de la Iglesia.
Juan Pablo II llegó a Colombia en medio de muchas dificultades y dolores. La toma del Palacio de Justicia, la tragedia de Armero, las guerrillas matando en cada esquina y el narcotráfico en expansión.
Hoy ya no está, pero tras 39 años, Colombia sigue buscando la paz y en Bucaramanga, muchos siguen recordando a ahora san Juan Pablo II.


































