Las disputas que se desataron durante el pasado fin de semana en Bucaramanga encendieron de nuevo las alarmas en torno a la agresividad que caracteriza a muchos.

Publicado por: Euclides Kilô Ardila
Entre la noche del jueves y la madrugada del pasado lunes, la Policía Metropolitana reportó un alarmante aumento de riñas callejeras, tras un agitado fin de semana en Bucaramanga en el que la comunidad bumanguesa fue partícipe de diversas actividades y fiestas.
Después de la algarabía y de las celebraciones propias del citado certamen, la Policía realizó 68 capturas por diferentes delitos.
Además, de las 10.870 llamadas de emergencia que recibió la institución policial, 498 reportaban casos por riñas, 253 denunciaban alteración de la comunidad y 161 más fueron registradas por violencia intrafamiliar.
Por comportamientos contrarios a la sana convivencia, la Policía impuso 604 ‘comparendos’, debido a desórdenes y desacato a la ley; así como por porte de armas, donde hubo un total de 478 casos.
En sectores del Centro, Ciudad Norte y Cabecera se logró la incautación de armas cortopunzantes y dosis de estupefacientes. A quienes andaban armados y con drogas alucinógenas se les impuso el ‘comparendo’, correspondiente a la violación del Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana.
El tema es más grave si se tiene en cuenta que las estadísticas en materia de conflictos nos tienen en la penosa lista de los ciudadanos en donde mayores lesiones interpersonales se presentan, producto de las riñas callejeras.
De hecho, en Bucaramanga se presentan 403,1 lesiones por cada cien mil habitantes; mientras el promedio nacional es de 120,7 lesiones por esa misma proporción de colombianos. Es decir, aquí se triplican los casos de personas heridas tras los conflictos que se suscitan durante las referidas riñas.
Lo peor es que tales cifras, que nos dejan en el penoso primer lugar en el ámbito nacional, se dan producto de los miles de pleitos que se desatan en calles y barriadas y que se suceden básicamente entre personas que se conocen entre sí.
Para el veedor ciudadano, Henry Plata, “si tomamos como referente los casos que se reportan en Medicina Legal; es decir, los presuntos delitos sexuales, la violencia propia dicha y grescas familiares, así como la tasa de violencia con niños y adolescentes, violencia de pareja y violencia contra el adulto mayor, aquí también se presentan tasas por encima del promedio nacional”.
“La permisividad que ha venido imperando en esta feria, con los vistos buenos de las propias autoridades, además de los excesos en los consumos de bebidas alcohólicas e incluso de estupefacientes, han convertido esta feria en un caldo de cultivo para el disparo de las riñas callejeras”, precisó.
“Lo peor es que entre los mismos vecinos, llevados por el alcohol, los bumangueses se vuelven más agresivos. Estas conductas, sumadas al recio carácter del santandereano, el lenguaje soez y la forma tajante y recia como se comportan algunos, hacen que todo eso desencadene en conflictos y trifulcas”, añadió.
Para él, “debemos avanzar hacia una sociedad moderna, civilizada y racional en donde los conflictos se tramiten de manera pacífica, con argumentos y no con la agresión física o la eliminación del contradictor”, acotó.
“Nos damos en la jeta”

Por su parte, Julio Cesar Acelas, experto en temas urbanos y candidato a doctor en Estudios Políticos en el Externado, “en Bucaramanga resolvemos los conflictos y las disputas entre familiares y vecinos a la fuerza, ‘dándonos en la jeta’. Lo grave, además de las cifras, es que ello se normalizó y, pero aún, eso no le preocupa a nadie, menos a las autoridades”.
Y añadió: “Se ha demostrado que cuando hay política e intervención sostenida en prevención y resolución pacífica de conflictos -justicia comunitaria, mediación, conciliación con equidad-, esas pequeñas causas derivan en convivencia y cultura de paz, antes que en muertes violentas, tal y como ocurre actualmente”.
“Para ello, lo primero es saber y comprender la filigrana de las riñas y de las peleas ciudadanas. Poco sabemos de ellas, porque no existen en la ciudad análisis rigurosos que nos lo muestren para poder prevenirlas y/o controlarlas”, señaló el experto ciudadano.
“Sin duda opera entre nosotros un factor cultural. Los santandereanos hacemos parte de una ‘cultura silente’, de poca comunicación, que se reconoce mediante el grito, las palabras soeces o el silencio vengativo a la hora de desplegar emociones”, argumentó.
“Eso lo aprendimos en un proceso de larga duración cultural; por tanto, lo podemos transformar positivamente. Nuestra tradición cultural y social reproduce esos atributos desde la cuna, la escuela, la familia y la calle. No hemos aprendido, como otras culturas, la barrera del ‘primero hablemos’ y la búsqueda de consensos. De entrada, agredimos. Esos comportamientos y hábitos indeseables se pueden transformar mediante buenas estrategias y cambiar por otros más incluyentes y respetuosos. La responsabilidad les compete a todos e inicialmente a las autoridades”, agregó.
“La institucionalidad, como la sociedad, normalizó en grado sumo la incultura ciudadana: adolecemos de alternativas preventivas de la violencia y pedagogías de resolución de las agresiones”, precisó.
“En las alcaldías la palabra ‘prevención’ es risible y, al contrario, derrochan cientos de millones de pesos en acciones que no impactan lo fundamental. Es increíble que no cuenten con especialistas ni expertos, ni hagan asociaciones efectivas con ONGs, círculos académicos, organizaciones sociales, empresas, el gobierno central, la cooperación, los colegios, etc...” anotó.
“La ciudad debe sacudirse en función de la prevención y la cultura ciudadana como eje central de la gobernanza local, lo que tendría resultados efectivos, tal y como lo hizo el alcalde Mockus en Bogotá. Esa debe ser la prioridad”, agregó.
“Transformar comportamientos es relativamente fácil, solo se requiere de voluntad política y conocimiento de los problemas por parte de los tomadores de decisiones, para que se irradien a la gente. Ello no sucede por aquí. El parroquialismo genera autosuficiencia y arrogancia. Habrá que esperar nuevos gobernantes”, puntualizó el experto.
















