Cerca de 1.200 familias campesinas, de 24 municipios de Santander, le hicieron apuesta a la producción de este fruto pese a que sus terrenos reunían las condiciones para que en ellos se sembraran cultivos ilícitos.

Publicado por: Milton Velosa Araque
En una finca de la vereda Vericute de Floridablanca vive el señor Héctor Mendoza, un campesino de 60 años, quien desde hace cerca de 35 estableció su vida en este sector del área metropolitana.
Aunque durante mucho tiempo fue el administrador de la finca que habita, con esfuerzo logró convertirse en propietario; de eso ya hace cerca de 10 años.
En la finca se cultivaban árboles de guanábano, pero como el terreno queda ubicado en una zona de ladera varias hectáreas permanecieron baldías.
Don Héctor dijo que “si uno siembra hortaliza aquí se daña mucho el terreno”, por eso él decidió que dejaría, por un tiempo, sin uso esta tierra.
En estas zonas baldías, cuando no hay opciones, algunos campesinos optan por ubicar allí plantaciones de coca. Sin embargo, el año anterior, Mendoza Rincón, se enteró que había una convocatoria para favorecer a campesinos que quisieran sembrar cacao en terrenos como el suyo.
“Unos vecinos me dijeron que había un link en el que uno podía postularse para ser beneficiado con una hectárea nueva de cacao. Fui a la Oficina de Desarrollo Rural de Floridablanca, me inscribí y tuve la fortuna de que, en pocos días, me dijeron que había sido favorecido”, expresó el labriego.
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Luego de que se le diera luz verde para el proyecto de cacao, a su finca llegó un equipo técnico para analizar las condiciones del terreno y posteriormente le llevaron unas plántulas de cacao que, a la fecha, tienen ocho meses de sembradas.
Junto con su esposa y un empleado de planta, este campesino florideño se dedica todos los días a cuidar las plantas de cacao, para que en cerca de tres años desde el momento de la siembra comiencen a dar fruto.
“En terrenos de ladera el cacao ayuda mucho a proteger el terreno. Eso me permitió también sembrarle algunas maticas de plátano y otras de yuca. El cacao es una alternativa real para no pensar en cultivos ilícitos. Sí se puede producir y darle un valor agregado a nuestra tierra, formar empresa”, aseguró don Héctor.
Mientras su hectárea de cacao continúa creciendo, el labriego ya piensa en extender este cultivo a más zonas de su finca y poder sostener su economía con base en este cultivo.

La alternativa para 1.200 familias
Como don Héctor, 10 familias más de Floridablanca y 1.200 de Santander se beneficiaron con un convenio establecido entre la Gobernación de Santander, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) y la Federación Nacional de Cacaoteros.
Esta iniciativa consistió en establecer renovaciones en cultivos envejecidos o siembras nuevas de cacao en 1.200 hectáreas de Girón, Floridablanca, Piedecuesta y otros 21 municipios de Santander.
En tal sentido, la representante Regional de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito para la Región Andina y el Cono Sur, Candice Welsch, destacó que “el cacao puede crecer en las mismas condiciones que la coca. Este fruto puede ser la mejor manera de remplazar la ilegalidad. Lo más importante es brindar a los campesinos, a las comunidades honorables, un futuro sostenible y seguro”.
Por su parte, el gobernador de Santander, Mauricio Aguilar, indicó que “estamos motivando a nuestras familias campesinas a no desfallecer, nuestro campo santandereano es la despensa en la economía y es ahí donde nosotros tenemos que seguir enfocándonos; les estamos apostando a los Objetivos de Desarrollo Sostenible porque cuando se trabaja en equipo, sin duda se pueden dar buenos resultados”.
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Aguilar Hurtado añadió que “en estos 24 municipios dejamos esta buena práctica, la semilla. Nuestro campo no lo debemos abandonar y brindar las herramientas para que los campesinos tengan allí su opción de vida”.
A su turno, el presidente ejecutivo de Fedecacao, Eduard Baquero, sostuvo que “las fincas cacaoteras de Santander y Colombia son despensas de alimentos. Allí no sólo se ve cacao sino aguacates, cítricos, plátano y otras. El cacaocultor tiene las posibilidades de tener un sistema completo de alimentación”.
Este proyecto tuvo un costo cercano a los $ 3.400 millones, $1.700 millones de la Gobernación de Santander y los restantes $1.700 de la Unodc. En el proyecto, los campesinos recibieron, entre otros, abonos orgánicos, fertilizantes, análisis de suelos, estudios de cadmio, insumos y se pudo injertar 320.000 plántulas y generar 165.000 clones de cacao con variedades de Santander.













