Situación en Bucaramanga.

Publicado por: Euclides Kilô Ardila
Dos niñas, estudiantes de un reconocido colegio del sur de Bucaramanga, protagonizaron hace unas semanas una pelea en las afueras del plantel. En la Comuna Oriente, dos alumnos más se fueron a los golpes tras el desenlace de un partido de fútbol. Y en noviembre pasado, a la salida de otra institución educativa, otros jóvenes se enfrentaron con machete.
Tales hechos, que quedaron registrados en videos y que fueron compartidos en redes sociales, tienen preocupados a los padres de familia, a los vecinos de esos sectores y a la comunidad académica en general.
¿Qué es lo que está pasando con nuestros jóvenes? ¿Por qué ese están agrediendo, no solo a los golpes sino también con armas?
No se trata solo de incidentes aislados. Las peleas entre los compañeros de estudio son frecuentes, involucrando a estudiantes y a jóvenes que incluso no forman parte de la institución, generando problemas y penosas situaciones que afectan la convivencia pacífica.
De hecho, en la pelea a las afueras del colegio del sur de la ciudad, una gran cantidad de alumnos rodeaban a las alumnas y las alentaban a que siguieran en el combate.
Para José Alfredo Monsalve Ferreira, sicólogo, “las violencias en entornos escolares se pueden expresar mediante diferentes maneras, ya sea física o verbal”.
Además, dijo el experto, muchos estudiantes esperan la finalización de jornadas académicas para fomentar violencia verbal entre ellos, lo que multiplica las grescas.
“Es triste e indignante que estos episodios se repitan a diario. Los jóvenes no saben resolver sus diferencias y promueven el matoneo. Es terrible ver estos casos de intolerancia estudiantil en las ‘narices’ de las propias entidades educativas y que tantos jóvenes se vuelvan cada día más agresivos”.
¿Por qué tantas disputas?
El profesional sostiene que “es probable que existan desacuerdos personales entre los estudiantes que desemboquen en confrontaciones físicas. Problemas de convivencia, diferencias de opiniones o rivalidades previas pueden desencadenar en hechos de violencia”.
También, en palabras de Monsalve Ferreira, “hoy en día los estudiantes están bajo una presión social, alimentada por las redes sociales y parientes”.
“La presión por pertenecer a un determinado grupo o mantener una reputación dentro del entorno escolar puede llevar a algunos estudiantes a recurrir a la violencia para demostrar su posición o defender su honor, contribuyendo así a los enfrentamientos entre pares”, argumenta.
Para él, “tantos los maestros, como los padres de familia, los rectores, las demás directivas de los planteles y las mismas autoridades locales no promueven o no saben aplicar mecanismos efectivos para la resolución pacífica de conflictos dentro de las instituciones educativas”.
“Es evidente que todo esto propicia que las diferencias entre estudiantes escalen hasta llegar a situaciones de violencia física, ya que no cuentan con las herramientas necesarias para gestionar y superar los conflictos de manera constructiva”, señala.
“Es fundamental abordar estos problemas de manera integral, promoviendo la empatía, la comunicación asertiva y el respeto entre los estudiantes, así como implementar estrategias de prevención y mediación para evitar que los conflictos se resuelvan a través de la violencia”, sugiere el profesional.
¿Qué responde la Alcaldía?
En lo que tiene que ver con los entornos escolares, el Municipio respondió que están activadas las alertas escolares en varios colegios, entre ellos en el de la Comuna Sur, en donde se presentaron los hechos de la agresión de dos estudiantes.
Sobre las riñas a la salida de colegios, Martha Cecilia Guarín Lizcano, secretaria de Educación de Bucaramanga, anuncia determinaciones luego de que se conociera un video que muestra la pelea entre las dos estudiantes.
La funcionaria menciona la activación de los protocolos como la denominada Ruta de Convivencia Escolar: “Desde ya se hace el acompañamiento respectivo”. También indica que se revivirá la figura de la Escuela de Padres, en los diferentes planteles del Municipio.
Invitó a los componentes de la comunidad educativa a activar los mecanismos para generar empatía y solidaridad.
Habló de la necesidad de adoptar medidas pedagógicas y correctivas para impedir que sucedan otros hechos de intolerancia en los entornos escolares.















