Dos científicos santandereanos y uno nortesantandereano del Instituto Colombiano del Petróleo (ICP) de Ecopetrol realizaron por primera vez mediciones para identificar la contaminación del aire durante el viaje y la del combustible del buque en el que viajaron.

Publicado por: Luis A Cárdenas Mateus
Mientras los colombianos nos preparábamos en diciembre de 2023 para iniciar las novenas de Navidad, celebrar la llegada del Niño Dios y recibir el 2024, dos santandereanos y un nortesantandereano zarparon desde Cartagena el 14 de diciembre a bordo del Buque ARC ‘Simón Bolívar’, a una expedición a la Antártida que duraría 122 días.
¿Motivo del viaje? Recopilar datos para investigar la calidad del aire durante todo el recorrido (más de 20.000 kilómetros desde Cartagena hasta la Antártida) y medir las emisiones de carbono del buque en el motor de generación (abastecimiento de energía para el funcionamiento de la nave) y en el motor de propulsión (impulso de la nave para darle movimiento).
Jaime Andrés Rincón Castro, ingeniero químico de Norte de Santander; Jhorman Alexis Niño, microbiólogo de Barrancabermeja; y José Luis Sarmiento, ingeniero mecánico de Bucaramanga, fueron los protagonistas de esta travesía que arrancó en Cartagena (mar Caribe), prosiguió en Panamá, continuó hacia Buenaventura (océano Pacífico), Perú, Ecuador y Chile, hasta llegar a la Antártida.
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Lo primero que hicieron los investigadores fue instalar un equipo en el buque para medir el material particulado, es decir, el polvo o contaminación que viaja en el aire. Tomaron muestras o capturaron polvo en filtros de diferentes tamaños del material como PM1, PM2.5, PM10 y compuestos orgánicos volátiles.

“Con este equipo recolectábamos información las 24 horas del día. Teníamos dos rutinas, una en la mañana y otra en la tarde, que nos mantenían bastantes ocupados. Medíamos la velocidad del viento, establecíamos coordenadas, cambiábamos los filtros e íbamos recolectando datos, filtro por filtro para identificar la concentración, de qué tipo es, de dónde viene, el tamaño de la partícula y qué la genera. Por ejemplo, en el cruce del Canal de Panamá, el papel del filtro estaba muy contaminado porque hay bastante tráfico de buques esperando el turno para pasar. Hay muchas emisiones que se concentran y generan contaminación”, explicó Jaime Andrés.
En cuanto a los análisis de los tubos de escape del buque para medir las emisiones, se instalaron sondas para calcular la huella de carbono y verificar la calidad del combustible que en un 100 % fue producido por Ecopetrol.
“La intención con esta medición, que arrojó 11.361 datos, es calcular el impacto ambiental de la expedición. La idea es que la captura de la información en el Caribe y Pacífico colombianos permita tener una línea base para que Colombia empiece a apuntarle al cumplimiento en temas de emisiones marítimas que exige la Organización Marítima Internacional (OMI)”, explicó José Luis.
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En la actualidad en Colombia no se miden las emisiones de los buques colombianos ni de los extranjeros cuando navegan en aguas del país. La idea con esta investigación es que se empiece a regular ese tráfico marítimo como se hace en otros países, en donde a la llegada de un barco a puerto se le pide un certificado de emisiones, algo similar al certificado técnico-mecánico de los vehículos en las ciudades.
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Esta es la primera vez que Ecopetrol se vincula, mediante un convenio con la Armada Nacional, a este tipo de investigación y a una expedición a la Antártida.
El propósito de este trabajo también es establecer una línea base de la situación ambiental de las costas colombianas, para que el país y Ecopetrol tengan la información de cara a futuras exploraciones y proyectos de generación de energías renovables.
‘El viaje, una experiencia enriquecedora’
Los investigadores no sólo vivieron la experiencia de recolectar datos, también fue de vida, convivencia, relacionamiento con los miembros de la Armada Nacional y conexión con la Antártida.
“Tuvimos una etapa de preparación para el viaje como curso de alturas, cursos de supervivencia, pruebas físicas, psicológicas y hasta de polígrafo. Ya en el buque aplicamos algo de disciplina militar y la convivencia con mis compañeros y con la gente de la Armada fue muy buena”, manifestó Jaime Andrés, quien agregó que cada vez que llegaron a un puerto de otro país fue “bonito ver a todo el cuerpo diplomático recibiendo el buque y a nosotros. Fue como encontrar un pedacito de Colombia allí. Mientras abastecían al buque, los colombianos residentes en esos países podían ingresar al barco”.

José Luis, por su parte, contó que los paisajes en la Antártida son bonitos, ver animales tan grandes como ballenas es “impresionante y muy emocionante. Todo es blanco, no anochece y durante el tiempo que estuvimos, que era verano, solo hubo noche un día y fue de una hora, pero era como un día nublado. Por eso nos obligábamos a dormir, de lo contrario nos hubiéramos afectado”.
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Al llegar a la Antártida pisaron tierra firme, visitaron varias estaciones de otros países, era necesario usar gafas por la radiación y los vientos, y hasta afrontaron una alerta de gripe aviar de pingüinos.












