Tras el reciente anuncio del actual gobernador de Santander, Juvenal Díaz, de cambiarle el nombre al estadio Alfonso López por el del goleador histórico del Atlético Bucaramanga, Américo José Montanini Ruetti, decidimos escudriñar el pasado para recordar las razones por las que el gobernador de 1941, Alfredo Cadena D’Costa, decidió bautizar a esa unidad deportiva con el nombre del dos veces presidente de Colombia. Esta es la historia:
Llevábamos 83 años llamando al estadio Alfonso López; pero ¿Qué sabíamos de esta figura presidencial, más allá de tener claro que fue mandatario de Colombia entre el 7 de agosto de 1934 y el 7 de agosto de 1938 y entre el 7 de agosto de 1942 y el 7 de agosto de 1945?
Para los veteranos e incluso para muchos paisanos que ya no nos acompañan en este mundo terrenal, el nombre de Alfonso López Pumarejo resuena con un eco nostálgico que transporta a los corazones de los seguidores del deporte hacia épocas de grandeza y emoción desbordante.
El estadio, que hasta este año llevará su nombre, ha sido testigo de gestas deportivas memorables. De hecho, en los años 40 se erigió como un monumento a la pasión y entrega de un presidente que significó mucho más que un líder político liberal, pues hizo grandes aportes para nuestra tierra santandereana.
Alfonso López Pumarejo, con su carisma y compromiso, logró unir a una afición en torno a los V Juegos Nacionales que representaban no solo el deporte, sino también la identidad y el orgullo de la región.
Nadie niega que cambiar el nombre del estadio para recordar cada gol y cada ovación, además de la huella imborrable que dejó aquel mítico jugador Américo José Montanini Ruetti, es válido. No obstante, también es justo tener presente que hace 83 años, Alfonso López, presidente de Colombia, supo ganarse el cariño y la admiración de la afición deportiva de la época.
¿Por qué? Porque en ese entonces, finales de los años 30 y comienzos de los 40, entre las gradas del naciente estadio se mezclaban las emociones y los recuerdos de tiempos gloriosos, cuando la realización de los V Juegos Nacionales resonaba con un significado especial, simbolizando la grandeza y el espíritu deportivo que caracterizaban a una ciudad como Bucaramanga, que emprendía su gran desarrollo.
Aunque los años pasen y las generaciones cambien, sobre todo en este momento en el que el Atlético Bucaramanga está a 90 minutos de alcanzar su primera estrella, no se puede dejar de recordar la importancia de mantener viva la memoria y el legado de aquellos que marcaron un antes y un después en la historia de nuestra tierra.
La afición búcara resalta la importancia de rendir un homenaje al goleador histórico de Atlético Bucaramanga, con quien la comunidad santandereana encuentra en su legado un verdadero ejemplo de excelencia deportiva y cívica; pero algunos historiadores alegan que el estadio de fútbol, ubicado en la carrera 30 con calle 14 de Bucaramanga, tuvo en el presidente Alfonso López Pumarejo a su gran promotor.
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Aquel 11 de diciembre de 1941, “se le puso nombre al escenario deportivo en honor al Presidente porque él no solo vino al Departamento a inaugurar el estadio, sino también a entregarles a los santandereanos muchas de las obras que su gestión lideró”, reza un escrito publicado en Vanguardia de ese entonces.
“El gobernador de Santander en 1941, Alfredo Cadena D’Costa, decidió ponerle el nombre del mandatario nacional al escenario deportivo, no solo por un compromiso político, sino también por el agradecimiento que los santandereanos le profesamos al mandatario nacional”, se lee en el registro periodístico de la época.

En ese entonces, 1941, el estadio Alfonso López, al igual que sucede hoy con Américo Montanini, tenía un gran arraigo con el Departamento pues bajo el gobierno de Alfonso López se lideraron proyectos de gran envergadura para la capital de Santander, incluyendo la construcción de la unidad deportiva, como la misma realización de los referidos Juegos Deportivos en Bucaramanga.
¡Y él no sólo fue promotor del deporte! Durante el gobierno de López Pumarejo se impulsó, por medio de la Ley 68 de 1935, planteada por el Ministro de Educación y por el escritor Jorge Zalamea, la reforma universitaria, el establecimiento de las libertades académicas y además se promovieron la democratización y liberación de la educación básica y media.
¡Claro! El deporte siempre encontró en López Pumarejo a un gran patrocinador. Y aunque la estructura del estadio inicialmente fue construida para suplir las necesidades adquiridas con el compromiso de realizar los V Juegos Nacionales, poco a poco el escenario se convirtió en un referente nacional.
El estadio no tuvo un uso específico hasta 1949, cuando comenzó a servir como sede del naciente equipo de fútbol Atlético Bucaramanga; y desde ese entonces, se le han realizado tres intervenciones.

Sin duda, llevar a este escenario a una nueva pila bautismal para ponerle otro nombre, también resulta válido para muchos. ¡Y como no! Américo Montanini, el delantero argentino, apodado La Bordadora, es el histórico goleador del Atlético Bucaramanga, al que llegó cuando tenía 23 años.
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Aunque Montanini nació en 1933 en Buenos Aires, en donde jugó por cinco años en las divisiones menores del River Plate, llegó en 1956 al equipo leopardo, en el que estuvo en dos periodos diferentes (1956-1961 y 1964-1968), y en el que hizo 134 anotaciones, así como alcanzó a llegar con el equipo al tercer lugar del torneo local.
Montanini, nacionalizado como colombiano, hizo en total 178 goles en primera división de fútbol profesional de Colombia, del que se retiró en 1968. Continuó viviendo en Bucaramanga, donde falleció el pasado 20 de noviembre de 2023.
Sea como sea, el estadio de fútbol de Bucaramanga fue, es y seguirá sido testigo de innumerables emociones a lo largo de su historia, primero como Alfonso López y ahora como Américo Montanini. Ambos nombres honran a figuras destacadas en la historia del país, de la ciudad y del deporte.
Eso sí: el legado del Alfonso López perdurará en la memoria de quienes fueron testigos de la construcción del escenario; mientras que en sus gradas, el nombre de Américo Montanini representará la historia tatuada del goleador. Ambos nombres, cada uno a su manera, contribuyen a la rica tradición futbolística de Bucaramanga.














