A veces nos enredamos de manera innecesaria por cosas que nos estresan, nos atormentan y nos amargan la vida. ¡Debemos ponerle punto final a tanto pesimismo, nada sacamos con quejarnos! Lo mejor es asumir la realidad y entender que, con una sana actitud, vendrán tiempos mejores. La propuesta es sencilla: no enredarnos la pita y visualizar las soluciones de esos problemas que afrontamos.

A veces nos enredamos la vida más de la cuenta. Quedamos enfrascados por emociones que están cargadas de pensamientos negativos que nos refunden aún más en el mundo del pesimismo.
Hablo de pensamientos tóxicos que, si no logramos controlarlos, terminan en estrés, en episodios de ansiedad e incluso en ideas depresivas que se mezclan y nos arruinan la existencia.
Así las cosas, vivimos atosigados con ideas caóticas que no nos dejan ver el sol y, en cambio, nos sumergen cada vez más en un remolino de pensamientos desbocados.
Con tanta pensadera nos angustiamos al creer que algo nos saldrá mal, cuando no hay ninguna razón para creer en esos vaticinios pesimistas.
También solemos escoger una vida difícil por los comportamientos que asumimos. Lo más grave es que, al complicarnos la vida, nos exponemos a un mayor número de preocupaciones y de problemas.
Lo más grave de todo esto es que finalmente no somos capaces de encontrarle significado a nuestra vida y, peor aún, perdemos la esperanza, la fe, el tesón y la fortaleza.
Esto suele suceder cuando pasamos por alguna circunstancia en nuestra vida que discrepa con las creencias sobre nosotros mismos y sobre cómo somos en el mundo.

¿Acaso es usted de los que se levanta y protesta porque el sofocante sol que le espera, los trancones y, en general, las tareas del trabajo del día le auguran calor, estrés y cansancio? ¿Es de los que pronostica que todo será gris y melancólico, a pesar de que el cielo esté despejado y claro?
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Si piensa así, a lo mejor todo estará en su contra. Lo peor es que, con esa actitud negativa, usted comienza sin quererlo a discutir con Dios: ¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho para merecerme esto?
Luego usted mismo se va a desquitar con los demás y, para ello, utilizará métodos más explosivos que las bombas, tales como: los gritos, las rabietas, los malos gestos e incluso las groserías.
Ojo: no deje que la ansiedad se meta en sus problemas cotidianos. Cuando alguien decide vivir en un mundo enredado, se centra tanto en las afugias que pierde la perspectiva de la lógica que lleva su vida.
No puede llegar al punto de sentir que sus aflicciones son enormes, entre otras cosas, porque usted siempre será del tamaño de sus pensamientos.
No se preocupe demasiado por las cosas, porque muchas de las situaciones por las que se angustia nunca suceden.
Jamás permita que los líos mentales se conviertan en una constante. El camino hacia pensamientos más saludables y la máxima felicidad en realidad puede ser más corto de lo que cree; es solo cuestión de cambiar de actitud.
Mejor dicho: no convierta su vida en una ‘maraña’ de problemas; es mejor verla como un mar de oportunidades y de retos para mirar hacia el frente.
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BREVES REFLEXIONES
Siete sabios consejos: 1. Entrene como atleta; 2. Viva como si fuera su último día; 3. Aliméntese como un nutricionista; 4. Descanse como un bebé; 5. Gane como un campeón; 6. Mire al frente como si fuera un binocular; y 7. Sea honesto como si estuviera en un confesionario.
Ojalá sienta el abrazo de Dios, sobre todo si enfrenta un momento difícil. Espero que oiga su voz, aún en su momento de mayor silencio; y que pueda defenderse, más allá de que se sienta vencido. Recuerde: Dios le hace sentir siempre su presencia.

Somos el resultado de los libros que leemos, de los cafés que disfrutamos, de los viajes que hacemos, de las personas que amamos, de los sueños que cumplimos, de los abrazos que damos y, sobre todo, de las oraciones que elevamos al cielo.
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Dedíquele el tiempo necesario a cada cosa, y no más del que debiera. Y eso también implica no estar pendiente del smartphone y de priorizar las relaciones personales. ¡También dese una ‘escapadita’ de fin de semana a un lugar alejado del bullicio!
EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en estos tiempos. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página.

Testimonio: “Me siento estancado en mi vida, aunque eso no quiere decir que esté pasando por momentos realmente malos. Es que estoy abrumado porque no logro darle el impulso que deseo a mi vida. Es una especie de pesadez del alma. Espero que comprenda lo que le digo. ¿Qué me puede estar pasando? Deme su consejo”.
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Respuesta: Todos, en algún momento de la vida, nos hemos sentido atrapados en una oficina de trabajo, en un lugar específico, en una relación afectiva monótona o en alguna situación que, por ‘x’ o ‘y’ motivo, nos obliga a permanecer estancados. Así que, de entrada, comprendo lo que siente.
Pero no puede dejarse envolver por esa pegajosa sensación de ‘pesadez’, tal y como usted mismo lo menciona. Se lo planteo porque si no se despercude de ese abatimiento anímico, seguirá anclado en el punto donde se encuentra y eso le impedirá visualizar o poner sus ojos en otras direcciones.
Si se siente estancado es porque en su interior se están produciendo los cambios necesarios para dar el próximo salto en su vida. Le corresponde entablar un diálogo interno en el que usted mismo identifique la verdadera razón por la que se siente así. Tal vez la monotonía lo atrapó o, de pronto, la zona de confort lo está confrontando. Puede ser que no esté aburrido sino que los pensamientos negativos lo distraen de su verdadera misión en esta vida. Cuando identifique ese motivo que lo ancla a esa rutina, ¡... suéltese de él!
Podría empezar por ir tomando pequeñas decisiones que lo conduzcan al punto en el que quiera estar. No se desespere, simplemente vaya realizando pequeñas acciones que lo saquen de la abulia actual.
Pídale a Dios que le dé la claridad necesaria para poder revitalizarse y mirar hacia el frente con optimismo.















