Hace seis años, Ailil Martínez Vergara dejó el estado Zulia, Venezuela, y llegó a Bucaramanga junto a su familia, buscando un nuevo comienzo. Aunque dejó atrás dos carreras profesionales y el negocio familiar, en Colombia encontró una oportunidad para emprender y reconstruir su vida.

Ailil, pastelera y docente de idiomas, ha conquistado a Bucaramanga, Santander, y a los migrantes de Venezuela con su negocio, A Sugar, una cocina oculta especializada en galletas, postres y tortas. “En Venezuela, progresar se volvió casi imposible. Mi esposo dejó su negocio, y dejamos nuestra casa. Comprendimos que, al final del día, lo material no es lo más importante”, recuerda.
Adaptarse a un nuevo país no fue fácil, pero su aprecio por la gente de Bucaramanga, Santander, hizo que el proceso fuera más llevadero. “Amo a la gente de aquí; son muy educados y decentes, es como estar en casa”, menciona Vergara.
Sin embargo, llegar sin documentos y sin experiencia en el sistema educativo colombiano presentó sus propios desafíos. Comenzó como mesera y trabajó en atención al cliente gracias a su dominio del inglés. “En ese tiempo puede ahorrar y comprarme una moto, que utilice para hacer domicilios, mientras en mi mente ya germinaba la idea de iniciar mi propio negocio”, añade.
La pandemia aceleró sus planes, con algunos ahorros y el deseo de pasar más tiempo con su hija, descubrió las clases gratuitas de pastelería. “Durante el primer año, mi esposo y su familia me apoyaron con los insumos para hacer tortas en cada cumpleaños. Fue entonces cuando me di la oportunidad de practicar y enamorarme de este arte”, cuenta.
Este mes de agosto, A Sugar cumple cuatro años en Bucaramanga desde que Ailil decidió emprender, utilizando el concepto de cocina oculta, que ya comprendía bien tras haber trabajado en plataformas de domicilios. “Sabía cuánto se podía cobrar por los pedidos y entendía lo que significaba trabajar a puertas cerradas”, explica la emprendedora.

Un negocio que se distingue en la ciudad no solo por sus tortas, sino también por una variedad de cookies y postres, además de su excelente atención. “Mi pastelería tiene un plus que la diferencia de otras en la ciudad. Al principio, vendía solo a venezolanos, pero con el tiempo logré conocer el paladar de los colombianos, que prefieren las tortas un poco más húmedas. Ese ha sido el éxito que me mantiene en crecimiento”, afirma.
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A lo largo de su camino emprendedor, ha encontrado apoyo en varias organizaciones, como la Congregación Mariana, que le proporcionó herramientas de cocina. “Recientemente, la Cámara de Comercio de Bucaramanga también nos contactó, y sé que vamos a tener muchos beneficios y capacitaciones con ellos”, comenta.
Proyectos a futuro como pastelera en Bucaramanga, Santander
Ailil sueña con tener un punto físico donde sus clientes puedan disfrutar de sus productos en un ambiente acogedor y tranquilo. “No descarto la idea de tener mi local, pero montar uno requiere capital y capacidad de producción. No quiero endeudarme sin estar preparada, prefiero seguir formándose como chef profesional en pastelería”, puntualizó.
A pesar de las dificultades, Ailil se siente profundamente agradecida por las oportunidades que Bucaramanga le ha brindado. “Sueño con compartir mis conocimientos en pastelería, para que otras mujeres migrantes, retornadas y locales puedan encontrar en este oficio una puerta hacia un nuevo comienzo”, concluye, con la firme esperanza de seguir inspirando a otras mujeres a emprender.
















