Periodismo con alma: un orgullo por los 105 años de Vanguardia. ¿Cómo eran las salas de Redacción del ayer y cómo es la de hoy?

¡Hasta dónde hemos llegado! Del redactor internacional que captaba las noticias del mundo valiéndose de una ronca estación de radio y que debía recibir la información esperando a que cada letra o signo ortográfico fuera transmitido de forma individual con un extraño código de rayas y puntos al mejor estilo de la clave Morse, pasamos a la maravilla del mundo digital, que nos tiene girando y rotando por el inmenso sistema planetario de las noticias a velocidades que se equiparan a la de la luz y que se vuelven virales en un dos por tres.
Ni los periodistas de hoy en este diario se le medirían a la forma artesanal de redactar y cubrir noticias que se usaba en el pasado; ni mucho menos los añejos y consagrados redactores del ayer se atreverían siquiera a navegar en el mundo de los clics y las plataformas.
Ayer, La Vanguardia Liberal, hoy Vanguardia.com; ayer, el reportero escribidor, hoy el comunicador on-line; ayer, el empírico, hoy el egresado de la U; ayer, el linotipo, hoy el laptop; ayer, la chiva, hoy el ‘última hora’; en fin... Es como si Los Picapiedra y los Supersónicos se vieran frente a frente. ¡Y quién lo creyera! ¡Ya no parece que fue ayer! Hasta nos atrevemos a irrespetar la letra del viejo bolero.

Porque mientras los telégrafos embadurnaban los sentidos de los periodistas de los años 20 en la transmisión de sus noticias; hoy es la Internet la que nos multiplica las voces y hace que hasta el mismo Japón nos quede a menos de un segundo de distancia.
Los redactores internacionales del ayer necesitaban de hasta casi una semana completa para mostrar las secuelas fotográficas de los aviones que participaron en la famosa Pearl Harbor, en diciembre de 1941; los redactores modernos o los digitales hoy solo necesitamos de un segundo para transmitir en directo y de manera simultánea hechos como el reciente atentado a Donald Trump, por citar solo una noticia reciente.
Antes era distinto: los periodistas eran los veteranos, los curtidos, los que se las sabían todas, los sumergidos en el maravilloso mundo de la literatura; hoy habría que darse una pasadita por la sala de Redacción para sorprender a muchos ‘quinceañeros’ dirigiendo su propia Prensa-Escuela y manejando sus propias plataformas virtuales.
En más de un siglo de historia, testimonio de nuestro compromiso con la verdad y el periodismo regional y de Colombia. Con orgullo podemos decir que aquí estamos, y aquí seguiremos, informando con la misma pasión. ¡Somos Vanguardia, nos leen, nos creen!https://t.co/8Z58R8lZYH
— Vanguardia (@vanguardiacom) September 1, 2024
Ayer, los periodistas ‘tiraban pata’ para cubrir las noticias. Nada de celulares, todo era corre, ve y escribe; hoy se les ve igual de acelerados, pero ya no necesitan correr: basta con un ¡enter! y listo: noticia de última hora.
En el pasado, los periodistas gastaban más de ocho horas para armar una página; hoy redactan y publican de manera simultánea a través de un portátil. ¿Cuánto duran en eso?… ¡Todo es de una!
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Durante los años 60, según recordaban algunos viejos colegas que hoy no están en este mundo terrenal, como don Roberto Franco (q.e.p.d.), en la elaboración de textos se utilizaron máquinas inglesas, que perforaban las noticias en una cinta que luego pasaba por una especie de computador llamado 2961, que leía 450 renglones por minuto.

Más tarde, las noticias se redactaban en máquinas de escribir y se pasaban a unas hojitas de tiras largas. Aunque no lo crean, cuando andaba en la U, por allá en 1988, yo fui uno de ellos. Se escribía a ocho columnas y las cuartillas venían con renglones de 25 centímetros.

Antes se acostumbraba a usar textos muy largos y fotos pequeñas. Ahora es al contrario. “Entre más breve, mejor”, dicen nuestros editores. Y de las fotos ni hablar; si es un gran registro gráfico, se le echan todas las columnas que necesite.
Los periodistas jurásicos, no sé si haga parte de ese ‘combo’, apelaban a los conceptos del periodismo tradicional; los comunicadores cibernáuticos hoy por hoy se refugian en la innovación, en las fuentes ilimitadas y, por ende, en el gran mar de la información. ¡Bueno, yo también ando en esas!

¡Claro! los periodistas jóvenes de ahora siguen su camino, crean sus propios blogs y, por supuesto, siguen evolucionando, tal y como lo hace nuestra Vanguardia en estos 105 años de vida periodística.
Sea como sea, los periodistas del ayer se constituyeron en la piedra angular de lo que hoy es nuestra Redacción. Sí, es cierto, cada quien defiende su época. Para algunos no es lo mismo leer en la pantalla de la computadora que en una hoja de papel impresa. ¿Las razones? ¡Cada uno las tiene! Hoy, 105 años después de aquella primera noticia escrita, resulta reconfortante decir que el ayer y el hoy, así no se parezcan, logran convivir “en paz y unión”, con grandes recuerdos y con muchas esperanzas por un futuro mejor.

Cada uno de los redactores en los sitios digitales, así como los que escribimos las noticias en papel y también estamos en Vanguardia.com, tendremos nuestros propios receptores. Lo cierto es que a los periodistas que en la actualidad estamos aquí detrás del computador, nos corresponderá seguir evolucionado y, por supuesto, continuaremos escribiendo en letras de molde la historia de Santander, de Colombia y del mundo entero. ¡Claro que lo importante es que, al menos aquí en Vanguardia.com nos leen y nos creen!
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Voces de los periodistas de hoy y de ayer
Hacer parte de esta Redacción, que hoy cumple 105 años, nos permite evocar el orgullo de pertenecer a esta gran familia y, de paso, hacer parte de la fuerza del periodismo regional que trasciende fronteras. Trabajar en Vanguardia es más que una noticia, es una tradición de excelencia que inspira y transforma nuestra comunidad. Así habla nuestra Sala de Redacción actual:

Helman Villamizar Daza, editor jefe: “Me fui, viví, despedí a mi padre, inspirador en esta convulsa existencia de aprender a diario con dolores y alegrías, hube de retornar después de 33 años y 28 días consecutivos, a un nuevo proceso en el mismo sitio que se me coló en los genes. Algo hay en esta casa periodística que contagia de pasión, inspiración; algo tienen estos pasillos donde el eco de los linotipos cesó para dar paso a los movimientos casi imperceptibles de lo digital. Ahí viene la IA, que requerirá de seres humanos entregados, para alimentar con las historias que faltan por contar”.

Euclides Kilô Ardila, coordinador local: “Durante 35 años he tenido el honor de ser parte de este periódico, un patrimonio de los santandereanos. Gracias a Dios y a la familia Galvis Ramírez, he sido testigo de una transformación monumental, la cual va desde los días en que cada artículo se armaba manualmente y con máquinas de escribir; hasta la era moderna, en donde con un clic y las redes revolucionamos la manera de informar, trascendiendo fronteras. A lo largo de este viaje, de la mano de compañeros que han tatuado su profesión de comunicadores en el alma, se ha mantenido un compromiso inquebrantable con el servicio, adaptándonos y evolucionando pero sin perder nunca de vista nuestra misión de ser la voz de la comunidad. Me siento muy orgulloso de hacer parte de la historia de esta Casa Editorial y de ser un periodista urbano, que entrevista al ciudadano de a pie gracias a que siempre puedo estar a la Vanguardia”.
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Ángela Castro, editora de contenido: “Son 28 años de compromiso y pasión por esta noble profesión. Miro hacia atrás con gratitud y orgullo por cada historia contada, cada verdad revelada y cada voz amplificada a través de las páginas del periódico impreso y ahora, en el sitio web. Han sido muchos años de desafíos, aprendizaje y crecimiento, en los que he tenido el privilegio de ser testigo gracias a Vanguardia. Un enriquecedor trabajo periodístico que ha sido una oportunidad para servir a la comunidad, iluminar realidades y contribuir, aunque sea en pequeña medida, a un mundo mejor informado y más crítico. Celebro este aniversario 105 con la gran familia Vanguardia a la que pertenezco”.

Néstor González, editor de Deportes: “A los ocho años me convertí en un ‘problema’ en la casa de mi abuela porque desbarataba la Vanguardia para tomar la sección deportiva, de la que recortaba a los deportistas de mi preferencia y las infografías. Años después, ese niño inquietó llegó al medio más importante de Santander para cumplir su sueño de registrar las hazañas de los atletas y ser la voz de quienes no tienen voz. Ahora me llena de orgullo y de la satisfacción del deber cumplido los buenos comentarios de los usuarios cuando leen una crónica, un nota, un informe y, también, participan de las transmisiones de los partidos del Atlético Bucaramanga y del programa Tribuna Deportiva. Felices 105 años querida Vanguardia, un honor hacer parte de 14 años de tu historia. Muchas gracias”.

Xiomara Montañez, editora de contenido, proyecto Juntos Somos Más: “Durante nueve años fui periodista en Vanguardia. Luego me alejé ocho años para dedicarme a la enseñanza del periodismo como profesora. Hace dos años regresé a esta casa, y en la nueva etapa como editora, sin abandonar mi pasión por la reportería ni mi disposición para escuchar a quienes desean compartir sus historias, he sido testigo y protagonista de la evolución del oficio. Lo que antes se hacía con una libreta, un lapicero y una grabadora, hoy se construye a través de la interacción con las audiencias, lo tecnológico, lo audiovisual, lo sonoro e incluso, lo intuitivo. Lo que nos inspira como personas —en mi caso, el arte, la literatura, la música, el cine, las migraciones, la historia y las plantas— también nutre los discursos que contribuyen a la construcción de la sociedad a la que este periódico pertenece y seguirá perteneciendo”.

Carlos Ibarra, editor de Política: “La primera vez que llegué a la Sala de Redacción de lo que entonces era “Vanguardia Liberal”, fui sorprendido por el incesante tac, tac, tac... de los télex de las agencias de noticias. Era el 15 de septiembre de 1986. En ese momento supe que mi profesión era un fiesta, con banda y música propia, que retumbaba en aquel inmenso salón. A los pocos años, la fiesta bajó de tono. Aquella onomatopeya terminó convertida en un sonido idéntico, mucho más íntimo, producido por el contacto de nuestros dedos con las teclas de los primeros computadores que remplazaron a la viejas y cansadas máquinas de escribir. Con lo digital, el sonido se hizo imperceptible. No así la música melodiosa que produce en el corazón, sentarse cada día a producir noticias desde esta casa periodística”.
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Nelly Vecino, sección de Economía e Internacional: “A lo largo de aproximadamente 27 años de trabajo en Vanguardia (en dos épocas) he sido testigo de la gran escuela que significa esta empresa periodística de convertirse en un gran complemente de lo que se aprende en la Universidad. A lo largo de los años, tuve la oportunidad de convertirme en una periodista versátil y trabajar en las diferentes secciones del periódico. También aprender las diversas plataformas que a lo largo de los años iba adquiriendo la empresa, con el fin de estar a la altura de los medios a nivel nacional y pasar del papel a las nuevas tecnologías y entrar en la onda de las redes. Para mí es un gran privilegio ser parte de esta empresa llamada Vanguardia, que me ha permitido no solo crecer profesionalmente sino también crear lazos de amistad”.

Juliana Peña, área judicial: “Esta casa editorial me permitió hace dos años reconciliarme con el periodismo regional y regresar a Bucaramanga. Vanguardia, sin duda, narra las historias que nos ayudan a identificarnos, en medio de las tragedias, triunfos y la cotidianidad, como santandereanos. En sus 105 años ha escrito y también ha hecho parte de la historia de esta tierra ‘pujante’. Hoy, que el periodismo digital nos exige nuevos retos, este medio de comunicación ha sabido responder a la agenda informativa sin olvidar los principios de veracidad e imparcialidad, que diferencian a este sistema informativo de los portales que han surgido en la última década. Agradezco a Vanguardia por ser mi escuela y brindarme la posibilidad de aprender los desafíos que acarrea el más bello oficio”.

Luis Álvaro Rodríguez, redactor de Economía: “Llegar al periódico fundado por Alejandro Galvis Galvis representa una responsabilidad sinigual para mi. En el corto tiempo que llevo en esta sala de redacción he comprendido la importancia del periodismo regional y el diálogo transparente. Aunque no soy santandereano, comparto la trascendencia de trabajar por las provincias. En el seguimiento diario se traza la enconada historia de Santander. Estas páginas cobran valor siempre que son insumo para revisar el ayer y analizar el desarrollo que tiene pendiente el departamento. Los tiempos demandan un periodismo riguroso y serio para el futuro de la región. Sin duda, vivir aunque sea un ‘suspiro’ de la historia de Vanguardia es un honor”.

Paola Esteban, editora de contenido de Tendencias y Área Cultural: “Vanguardia ha demostrado un firme compromiso con el servicio, adaptándose y evolucionando para estar a la altura de los medios a nivel nacional. El diario ha sabido conservar el papel mientras ha dado también un paso decidido hacia las nuevas tecnologías, integrándose plenamente en la era digital y de las redes sociales. Todo esto sin perder su propósito de hacer buen periodismo. Para mí, ha sido un gran privilegio y una experiencia enriquecedora ser parte de esta empresa. Durante casi 20 años, he abordado temas sociales que contribuyen a la transformación y comprensión de realidades y el apoyo del periódico ha sido clave para informar con responsabilidad y sensibilidad”.
















