Hoy interpretamos, en letras de molde, el canto de un labriego, quien a sus 70 años, está grabando el disco de sus sueños. Su nombre de pila es Faustino Orduz y esta es su historia:

Siempre ha sido conocido entre amigos y vecinos como ‘Aspirina’. Su apelativo no obedece a ninguna afición por la medicina, sino al alivio que sus canciones de despecho brindan a quienes cargan penas en el corazón. A sus 70 años, este hombre, de manos curtidas por la construcción y por su oficio de vendedor de papas en la plaza de mercado de La Rosita, logró cristalizar su gran sueño: grabar un disco.
El nombre de pila del protagonista de esta historia es Faustino Orduz, un sencillo artista santandereano que quiere conquistar a su fanaticada a punta de canciones de despecho.
Con una gorra llena de arena por su trabajo, las manos impregnadas de callos por la carga de bultos y el alma embadurnada de melodías, ‘Aspirina’ es mucho más que un simple hombre de campo: es un compositor nato, un contador de historias que transforma en canciones sus vivencias.

Su carisma es una chispa espontánea que ilumina a quienes lo rodean, una energía sincera que contagia alegría y esperanza. Quien lo conoce no olvida su sonrisa franca ni el fervor con el que habla de la vida, del amor y de la tierra que lo vio crecer.
Nació en Suratá, un pueblo escondido entre las montañas santandereanas, pero se reconoce como un ‘hijo adoptivo’ del municipio de San Andrés.
Hoy, en El Pantano, barrio adscrito a la Comuna 5 de Bucaramanga, vive junto a su familia, a la que sostiene con el esfuerzo diario de quien nunca ha dejado de trabajar. Su esposa, María del Carmen Rodríguez, y sus siete hijos lo acompañan en su trasegar. Su hogar se ha convertido en su mayor motor para cumplir ese anhelo que siempre llevó en las venas: la música.
Desde joven, ‘Aspirina’ sintió el llamado de la composición, aunque nunca tuvo ni el dinero ni la oportunidad de entrar a un estudio de música.
Pese a ello, descubrió en el campo que las estrofas podían encontrar sus mejores mezclas. Así, entre ladrillos y bultos de papa, componía versos de despecho. Sus letras, inspiradas en las vivencias de quienes han sufrido el desamor, son refugios para muchos.
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“Uno canta para sanar, para contar lo que otros sienten, para desahogar el alma”, dice con la certeza de quien ha encontrado su lugar en el mundo de la composición artística.

A pesar de las dificultades económicas y la dureza de la vida que el destino le trazó, ‘Aspirina’ nunca ha dejado de soñar; es más, cree que su mirada artística tiene un horizonte ilimitado.
Y cuando muchos podrían pensar que la edad es su barrera, él demuestra lo contrario: “He aprendido que las canas son ganas y concibo mi veteranía como una etapa poderosamente creativa”.
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“Me siento lleno de vida, tengo sueños por cumplir y muchas historias por contar, cantar, escribir y bailar. Me pueden decir ‘viejo’, y así es, pero también soy un viejo artista que puede cambiar su realidad para bien, transformar el mundo que me rodea y tocar el corazón de quien escuche mi voz”, dice con ahínco.
Con el apoyo de sus hijos, logró reunir los recursos para entrar a un estudio de grabación. Así, después de años de componer en soledad, su voz quedará inmortalizada en un disco que hoy es testimonio de su perseverancia. Se decidió por un género difícil, pero que le encaja perfectamente, tanto por el timbre de su voz como por los mensajes de sus interpretaciones, la ranchera.

El barrio El Pantano, que lo ha visto trabajar de sol a sol, también lo ha visto cantar en las esquinas, en las calles e incluso, no le da pena decirlo, “en el baño”.
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Sus canciones son remedios para corazones rotos y un alivio para quienes buscan consuelo en la música. Porque eso ha sido siempre ‘Aspirina’: una dosis de sentimiento puro, un hombre que, aun en la sencillez de su vida ha dejado una huella imborrable a través de su arte.
En proceso de grabación de su disco y con el corazón henchido de orgullo, dice que canta y que cura almas. Él demuestra que nunca es tarde para cumplir un sueño. El veterano artista ha logrado plasmar en sus canciones una identidad que podría relacionarse con su peculiar nombre artístico, ‘Aspirina’.
Por ejemplo, en la melodía ‘Alberca de Cemento’, el título evoca una contradicción entre lo que se espera que sea un espacio de recreación (una alberca) y el material rígido e inflexible del cemento. Esta metáfora podría relacionarse con el concepto de ese medicamento que alivia dolores y malestares, sugiriendo que la canción aborda contrastes o dificultades en la vida cotidiana.
Por otro lado, ‘Yo soy dichoso’, otro de sus temas, presenta un tono completamente distinto. Aquí, el título expresa un sentimiento de felicidad y plenitud, lo cual podría interpretarse como un contrapunto al nombre de ‘Aspirina’, que alude al alivio del dolor. Tal vez la canción refleja un estado posterior a haber superado momentos difíciles, en sintonía con la función del medicamento: primero se enfrenta el malestar y luego se alcanza la dicha.
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Sea como sea, sus canciones ya están en Youtube y todas ellas parecen jugar con la idea de contrastes y estados emocionales, ofreciendo una narrativa que oscila entre el sufrimiento, la resistencia y la felicidad.
El canto y la música de ‘Aspirina’ pueden ser como analgésicos para el corazón y, aunque muchos no lo crean, esas melodías lo mantienen con el espíritu sano. Las arrugas de su piel, en lugar de disolverlo en el olvido, le dieron la fuerza para persistir.
En el estudio de grabación, este veterano interpreta la letra de la perseverancia en un álbum que lleva su voz y su historia, un testimonio de que los sueños no caducan, sino que maduran como él, hasta volverse realidad.

















