Bucaramanga elevó, en la Catedral de la Sagrada Familia, su oración por el papa Francisco.
En la Catedral de la Sagrada Familia se celebró una eucaristía solemne en memoria del santo padre. Esta ceremonia, convocada por el arzobispo Monseñor Ismael Rueda Sierra, congregó a fieles, presbíteros, comunidades parroquiales, movimientos apostólicos y laicado en general, en un acto que trascendió lo litúrgico y se convirtió en un símbolo del profundo respeto que la ciudad de Bucaramanga le profesa al papa Francisco.

Más que un acto de despedida, esta celebración fue un testimonio de amor y unidad. Los feligreses participaron movidos por la devoción y el reconocimiento a un pontífice que supo tocar el alma del pueblo con su cercanía, su palabra sencilla y su firme compromiso con los más necesitados. Francisco fue, para muchos, un padre espiritual que inspiró a vivir el Evangelio con autenticidad, ternura y coraje.
Durante su pontificado, fue una voz valiente por la paz, la justicia social, la dignidad humana y la protección de los más vulnerables. Defensor incansable de los migrantes, los pobres y los olvidados del mundo, su mensaje seguirá resonando como guía para las generaciones presentes y futuras.
Bucaramanga reiteró su fidelidad al legado de este gran pastor. En medio de la octava pascual, la misa se tradujo en un acto de esperanza viva: esperanza en la resurrección, esperanza en la continuidad de una Iglesia abierta, compasiva y solidaria, como él la soñó y vivió.
El papa Francisco, aunque ya descansa en la paz eterna, continúa presente en la memoria y en el corazón de los bumangueses, quienes hoy lo honran con la certeza de que su espíritu sigue acompañando a la Iglesia universal.
















