Los dueños de parqueaderos señalan que en los días de paro, como es natural, tienen pérdidas hasta del 70 %.

La jornada de paro de conductores de motocicletas, en la que participaron asociaciones de mototaxistas en Bucaramanga, no solo afectó la movilidad de miles de ciudadanos, sino que también golpeó el bolsillo de los propietarios de parqueaderos en distintas zonas de la capital santandereana y del área metropolitana.
La ausencia masiva de vehículos, que usualmente ocupan una parte considerable de los espacios en estos establecimientos en días normales, dejó semivacías muchas celdas desde las primeras horas del día.
En sectores como el Centro, Antonia Santos, La Rosita y Girardot, por citar solo unas zonas, los dueños de esos negocios reportaron caídas de hasta el 70 % en el flujo diario.
“Nosotros pagamos impuestos, damos empleo y en un día como hoy nos quedamos sin clientes. No es justo”, dijo Julio Cesar Monsalve, administrador de un sitio de estacionamiento público del Centro de Bucaramanga.

“Hoy no hocimos ni para el arriendo. Los mototaxistas deben ser conscientes del daño que nos hacen; también las autoridades deberían tomar el control de la ciudad, pues la negligencia oficial afecta nuestros ingresos. Sin carros en los parqueaderos, esto queda muerto”, dijo Ernesto Rincón González, encargado de un parqueadero en el sector de La Rosita.
¿Por qué es la protesta?
Vale recordar que los mototaxistas protestaron en rechazo contra la sentencia judicial que ordenó restricciones en la circulación de motocicletas y del parrillero hombre mayor de 18 años en los cuatro municipios del área.
Además del apoyo manifestado por aquellos ciudadanos que ejercen el transporte informal, durante los últimos días también aceptaron participar en estas protestas ciudadanas que utilizan la moto en sus rutinas diarias, para transportar a familiares, movilizar a socios de negocio o compañeros de trabajo, entre otros.
Según denuncian, estas medidas restrictivas dejan sin alternativas laborales a los mototaxistas y también perjudican a muchos ciudadanos que tienen en la moto a su único medio de transporte.
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La manifestación paralizó importantes corredores viales y dejó ver, entre sus efectos colaterales, una cadena de pérdidas económicas en sectores poco visibilizados.
“Nos afecta a todos. No entran vehículos, no hay ingresos, pero sí hay gastos fijos. Esto no lo aguanta ningún negocio”, señaló Fernando Torres, propietario de un parqueadero cercano a la parroquia de la Sagrada Familia.
Aunque las autoridades locales reconocieron las afectaciones económicas, insistieron en que la lucha contra el transporte informal continuará, priorizando el orden y la seguridad en las vías.
















