Bucaramanga
Martes 08 de julio de 2025 - 12:00 PM

¿Qué pasó con las ciclorrutas de Bucaramanga? ‘Pedaleando’ entre el caos

Ciclorrutas invadidas por ventas ambulantes y motociclistas o eliminadas sin explicación revelan una ciudad que presume de movilidad sostenible, pero que aún no entiende cómo hacerla posible.

Mientras la ciclorruta esta invadida, el biciusuario se ve obligado a movilizarse por la calle. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
Mientras la ciclorruta esta invadida, el biciusuario se ve obligado a movilizarse por la calle. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

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Solo remiendos quedan de las ciclorrutas. En vez de pedalear tranquilos, los biciusuarios deben lidiar con ventas ambulantes que se adueñaron del espacio; motociclistas que convierten los carriles exclusivos en sus propias pistas ilegales; tramos que han sido borrados como si nunca hubieran existido, y otros que, sencillamente, fueron mal planeados.

¿El resultado de todo este trayecto? Una ciudad que presume de movilidad sostenible, pero que en la práctica sigue sin entender qué significa realmente movernos en ‘bici’.

Comparativo: Solo hay datos hasta el año 2023.
Comparativo: Solo hay datos hasta el año 2023.

En el papel, Bucaramanga lidera el número de kilómetros de ciclorruta en el área metropolitana: el 91 % de los trazos construidos están en la capital santandereana. Girón, Piedecuesta y Floridablanca no alcanzan ni a sumar dos kilómetros. Pero ese liderazgo se queda corto cuando alguien sale a pedalear: el panorama es desalentador.

Algunos trayectos han sido 'borrados'. (Foto: Franz Rey / VANGUARDIA)
Algunos trayectos han sido 'borrados'. (Foto: Franz Rey / VANGUARDIA)

Pregúntele a cualquier ciclista, o incluso a un ciudadano de a pie. La ruta de la calle 33, en pleno Centro de Bucaramanga, está invadida por vendedores informales.

En otros sectores, como la carrera 21, lo que deberían ser corredores para la ‘bici’ se han convertido en vías rápidas para las motos, con el peligro que eso implica para la movilidad.

Y para completar el cuadro, algunas ciclorrutas han sido removidas sin explicación, mientras otras simplemente están de adorno: están pintadas, señalizadas, pero nadie las usa porque no conectan con nada, tal como se observa en el barrio Alarcón.

¡Tremendo 'mercado persa' en la calle 33! (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
¡Tremendo 'mercado persa' en la calle 33! (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

Frente a este caos, hay quienes no bajan la guardia. Ciclaramanga, una organización ciudadana que lleva 13 años promoviendo la bicicleta como medio de transporte y conciencia ambiental, sigue rodando por las calles.

Su director, Diego Moreno Díaz, lo ha dicho una y otra vez: la ‘bici’ no es un capricho, es una necesidad, una apuesta por una ciudad más humana y menos contaminada.

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Clara invasión de las ciclorrutas en Bucaramanga. (Foto suministrada por Pablo Porras / VANGUARDIA)
Clara invasión de las ciclorrutas en Bucaramanga. (Foto suministrada por Pablo Porras / VANGUARDIA)

Pero ni siquiera el empuje de organizaciones como esta parece frenar la desidia institucional. Aunque el Plan Integral de Desarrollo Metropolitano fijó una meta clara: construir 70 kilómetros de ciclorruta para 2026, la realidad es que vamos en reversa.

Los informales se tomaron las ciclorrutas del Centro de Bucaramanga. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
Los informales se tomaron las ciclorrutas del Centro de Bucaramanga. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

Para John Manuel Delgado Nivia, director del Área Metropolitana, “en ciudades intermedias como Bucaramanga, donde las distancias no son excesivas, la bicicleta representa una alternativa de movilidad sostenible. Bien implementada, una red de ciclorrutas puede contribuir a reducir la congestión y generar un impacto positivo, ya que muchas personas podrían ahorrar dinero al dejar de depender del vehículo particular”.

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Delgado Nivia también destaca que la planificación urbana debe considerar la bicicleta como una pieza clave en los desplazamientos dentro de los barrios, hacia centros educativos y otras zonas. Esto implica diseñar rutas estratégicas que se integren con el sistema de transporte, promoviendo una movilidad más eficiente y accesible para todos.

¿Qué responde el alcalde?

El mandatario de Bucaramanga, Jaime Andrés Beltrán Martínez, le dijo a Vanguardia que acudirá a los estrados judiciales para levantar varias ciclorrutas que hoy están sobre las principales avenidas. Eso sí, aclara que “no es para acabarlas definitivamente”, sino para replantearlas “por otras zonas alternas”.

Y mientras se hace ese replanteamiento, ¿qué pasa con los ciclistas?, ¿qué pasa con la meta del 2026?, ¿qué pasa con la idea de una movilidad verdaderamente sostenible?

Beltrán Martínez responde que la Dirección de Tránsito de Bucaramanga ya trabaja en un estudio técnico, por orden del Juez 13 Administrativo, para evaluar cuáles ciclorrutas se van, cuáles se reubican y cuáles se mantienen. Pero muchos temen que ese estudio termine siendo el entierro definitivo de rutas que, con todos sus problemas, al menos ya estaban construidas.

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Lo cierto es que, hoy por hoy, ser ciclista en Bucaramanga es algo ‘quijotesco’. Toca esquivar vendedores, jugarle al vivo con los motorizados y aguantar el pulso político de una ciudad que parece no saber si quiere avanzar o seguir pedaleando en círculo.

Bucaramanga, según los propios biciusuarios, necesita voluntad, planificación y respeto por quienes eligieron moverse en dos ruedas.

Las ciclorrutas ahora son estacionamientos de motocicletas de Bucaramanga. (Foto suministrada / VANGUARDIA)
Las ciclorrutas ahora son estacionamientos de motocicletas de Bucaramanga. (Foto suministrada / VANGUARDIA)

Top 5: Las ciclorrutas, al borde del colapso

  1. Se volvieron ‘mercados persas’. En varias ciclorrutas, especialmente en el Centro, ya no se puede ni pedalear. Las ventas ambulantes se tomaron los carriles y ahora hay de todo: frutas, jugos, minutos, hasta cacharros. Lo que era para rodar, hoy es para regatear.
  2. Los moteros se creen ciclistas. Motos parqueadas encima de la ciclorruta o zigzagueando por ahí como si fuera pista libre. Así evitan los trancones, pero ponen en riesgo a los que sí van en ‘bici’. Nadie les dice nada, y ahí siguen, movilizándose a sus anchas.
  3. Diseñadas con los ‘codos’. Quienes usan la ‘bici’ todos los días lo dicen sin filtro: muchas ciclorrutas están mal hechas. Las esquinas y cruces son un peligro, no hay continuidad, y algunas los lanzan directo al tráfico.
  4. ¿Y las ‘bicis’ dónde están? A muchos conductores les hierve la sangre con los ciclocarriles. Dicen que quitaron espacio para los carros en una ciudad ya colapsada, y que por ahí casi no pasan ciclistas.
  5. Falta educación en las calles. Taxistas que recogen pasajeros en plena ciclorruta, peatones que caminan por donde no es, y hasta ciclistas que no respetan las señales. Parece que no todos han entendido cómo se usan estos espacios.
Esta imagen se captó en la ciclorruta Parque Los Niños-UIS. Como se observa, el parqueo indebido del automotor obstruye el desplazamiento de los ciclistas en su carril. (Archivo / VANGUARDIA)
Esta imagen se captó en la ciclorruta Parque Los Niños-UIS. Como se observa, el parqueo indebido del automotor obstruye el desplazamiento de los ciclistas en su carril. (Archivo / VANGUARDIA)

Nota de la Redacción: ¿Identifica otros lunares con las ciclorrutas? Cuéntenos en nuestras redes o escríbanos al correo electrónico: eardila@vanguardia.com. ¡Su denuncia también puede rodar!

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