En una iglesia cristiana no le pagaron primas, vacaciones y otras prestaciones a una empleada de la cafetería. Aunque parezca raro el caso tiene relación con el narcotraficante Carlos Lehder Rivas.

Publicado por: Alberto Donadio
Miles de bumangueses pasan por ese lugar todos los días. Es una gran edificación de fachada blanca sobre la carrera 27 en la Puerta del Sol, rodeada de concesionarios de vehículos. No tiene entrada sobre la carrera, solo un aviso grande: Casa Sobre la Roca. Es un templo. En una época funcionó allí Conservas La Constancia.
Martha Zoé Jerez Barrios, de 65 años, le ganó el año pasado un pleito de casi $200 millones a Casa Sobre la Roca Iglesia Cristiana Integral, una religión fundada por un antiguo periodista, Darío Silva-Silva, hoy cercano a los 90 años.
Ella demandó a la iglesia y a una entidad hermana, la Corporación Unión de Hogares Cristianos. Alegó que trabajó en la Casa Sobre la Roca desde 2008 hasta la pandemia en 2020 y que no le pagaron el salario mínimo mensual, la prima de servicios, los intereses sobre las cesantías, el auxilio de cesantías y las vacaciones y que además no le hicieron los aportes a la seguridad social.
Ella trabajó en la cafetería de la congregación. Sobre eso hay acuerdo. Las entidades demandadas dicen que Jerez Barrios sí trabajó allá, pero no como empleada sino como persona que usaba el espacio para vender empanadas. Es decir, que ella montó su propio negocio dentro del templo. La Corporación utilizaba espacios de la iglesia para vender sus productos y para que terceros también pudieran vender los suyos, sostuvieron los demandados.
Esa posición que asumió Casa Sobre la Roca en este pleito en Bucaramanga es extraña, pues contradice lo que planteó hace unos años en un proceso en Bogotá, cuando mencionó las ventas de sus cafeterías para justificar que tenía ingresos lícitos para adquirir propiedades del narcotraficante Carlos Lehder Rivas que entraron en extinción de dominio. El Juzgado Quinto Laboral de Bucaramanga le dio la razón a Jerez Barrios. El año pasado el Tribunal Superior de Bucaramanga también le dio la razón.
Una testigo que como ella también trabajó en la cafetería afirmó que los productos que se vendían eran de la iglesia, no de Jerez Barrios, y que los precios los fijaba el pastor, Luis Enrique Cerón. Las empanadas se compraban con dineros que entregaba la contadora de la iglesia. “La cafetería era de la iglesia, no era nuestra”, según Aida Díaz Pérez.
La cajera, Carmen Elisa Chaparro Cabiativa, declaró que los productos que se vendían en la cafetería eran comprados por la iglesia y que la orden que daba el pastor era aumentar los precios en un 30 %. El pastor supervisaba las labores de la cafetería, indicó. Cuando ella necesitaba ausentarse le pedía permiso a la contadora.
Martha Zoé Jerez Barrios declaró que no era cierto que ella comercializaba productos sino que trabajaba en la cafetería vendiéndolos y cumpliendo un horario. Expresó la sentencia: “Cuando se quedaban sin empanadas para la venta, le daban la orden de llamar a un lugar a pedir, pero no a cualquier lugar, sino al que fuera establecido por el pastor”.
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El representante legal de Casa Sobre la Roca Iglesia Cristiana Integral, Carlos Ricardo Bustos Silva, declaró que no hubo vinculación laboral con la demandante: “Era una feligresa a quien se le permitía comercializar sus productos”.
Para el magistrado Elver Naranjo se acreditó que Martha Zoé Jerez Barrios prestaba un servicio personal y que existían signos de subordinación laboral. Aida Díaz Pérez declaró que a ella y a la demandante les pagaban mensualmente una remuneración en el segundo piso. El salario lo pagaba la contadora, Martha Almeida.

El horario de trabajo lo fijaba el pastor. Jerez Barrios tenía que acudir al trabajo varios días a la semana y siempre que hubiera eventos. Todos los domingos las empleadas tenían que entregar los dineros de las ventas de la cafetería.
El magistrado Elver Naranjo concluyó: “La demandante recibía órdenes e instrucciones de quien fungía como pastor de la Iglesia - Luis Enrique Cerón - y por parte de la contadora de esta. Desarrolló su trabajo en un horario que generalmente era el siguiente: los domingos de 6:00 a.m. a 1:30 p.m. y de 4:00 p.m. a 8:30 p.m.; los miércoles de 4:00 p.m. a 8:00 p.m.; los viernes de 4:00 p.m. a 7:00 p.m., los sábados de 7:00 a.m. a 11:30 a.m. y de 3:00 p.m. a 6:00 p.m. y cuando había ayunos los sábados, de 7:00 a.m. a 7:00 p.m. Laboraba en la sede de la Iglesia. Percibía una remuneración periódica en pagos mensuales. Cuando debía ausentarse, debía pedir permiso. Vendía los productos que le eran proporcionados por los demandados cuyos precios eran establecidos por estos. La prestación personal del servicio de la demandante en la cafetería era controlada y supervisada, pues, conforme expuso la testigo Aida Díaz Pérez, todos los domingos debían hacer ‘entrega de los dineros’ precisando además que ellas no tenían ‘ningún poder decisorio en las cosas, entonces había una permanente supervisión’ y de acuerdo a lo manifestado por la testigo Carmen Elisa Chaparro Cabiativa ‘siempre eran supervisadas, primeramente, por la autoridad que era el pastor y también por la contadora de la Iglesia’”.
La liquidación que se le debe a Martha Zoé Jerez Barrios supera los 192 millones de pesos. Pero no se la han pagado porque Casa Sobre la Roca y Corporación Unión de Hogares Cristianos presentaron un recurso ante la Corte Suprema de Justicia. Es un recurso de casación o anulación de la sentencia. El trámite puede demorarse varios años.
El inmueble que ocupa Casa Sobre la Roca en Bucaramanga está avaluado en más de $11.000 millones.
Durante años Casa Sobre la Roca estuvo envuelta en un pleito que finalmente perdió por dos inmuebles que su fundador Darío Silva-Silva compró a un hermano del narcotraficante Carlos Lehder Rivas, extraditado a los Estados Unidos en 1987. Al igual que los demás bienes de Lehder esos inmuebles fueron sometidos a extinción de dominio, es decir, pasaron a control estatal porque fueron adquiridos con dineros de actividades ilícitas.
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Los dos apartamentos del narcotraficante estaban en 1998 a nombre de su hermano Guillermo Rodolfo Lehder Rivas cuando Darío Silva-Silva firmó una promesa de compraventa por $450 millones como representante de Casa Sobre la Roca. Están situados en el edificio Bifamiliar Chico Norte en la calle 103 # 14-11 en Bogotá.
Para no perder esos apartamentos, Casa Sobre la Roca alegó en un proceso penal que se llevó ante el Tribunal Superior de Bogotá que para la iglesia “Los ingresos que se constituyen por diezmos, ofrendas, ventas de librería y cafetería, por educación no formal y formal, y la facultad de teología, los cuales para 1997 ascendieron a $3.500.000.000,oo y para el 2004 correspondió a $12.000.000.000.oo”.
No se discriminaron los ingresos por ventas de cafetería pero es claro que la iglesia los consideró uno de los cinco rubros que generaron miles de millones de pesos en ingresos para la congregación. Esa posición fue muy distinta a la que alegó ante la justicia, cuando planteó que Martha Zoé Jerez Barrios vendía sus empanadas en el templo, como si las ventas de cafetería no tuvieran importancia en las finanzas de la iglesia.
La verdad de los ingresos de la iglesia no se pudo verificar, según una perito nombrada por el tribunal, porque la Dian informó que la iglesia no declara y se estableció que no lleva contabilidad.
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En la decisión del Tribunal Superior de Bogotá consta que Darío Silva-Silva adquirió los apartamentos aprovechándose de la situación de Carlos Lehder Rivas. Guillermo Lehder Rivas declaró en el pleito y “justificó la venta de sus propiedades a mitad de precio por la complicada situación generada por las condiciones de su hermano Carlos”. La justicia concluyó que “la Iglesia Cristiana pretendió ingresar a su patrimonio unos inmuebles a sabiendas de su procedencia y que eran objeto de investigación, motivo por la que no reconoció en su favor la calidad de tercero de buena fe exenta de culpa”. Así lo afirmó en 2017 el magistrado Pedro Oriol Avella Franco, de la sala de extinción de dominio.
En la declaración, Guillermo Lehder Rivas afirmó: “Ese bifamiliar se convirtió después de divorciado en mi casa de habitación y en su momento la situación se puso muy difícil por toda esta complicación alrededor de Carlos para comprar y vender o para hacer negocios más bien, y tuve que sacar una hipoteca de cada uno de los apartamentos. En su momento decidí venirme a vivir a Armenia y le vendí a mis vecinos Casa Sobre la Roca el edificio y para ayudarles se lo vendí a mitad de precio pagadero a dos años con cheques mensuales. Estos individuos no registraron la escritura y aún hoy no lo han hecho. Cuando la Fiscalía buscó propiedades de los Lehder en Bogotá, la propiedad vendida figuraba aún a nombre mío en catastro. Consecuentemente e irresponsablemente la iglesia suspendió los pagos a mí y a los dueños de las hipotecas que habían prestado el dinero, alegando perjuicios cuando están posesionados del predio sin pagar arriendo ni intereses”.
















