Desde hace más de dos décadas, Cayetano Bohórquez lidera la lucha por la pavimentación total de la vía Curos–Málaga, convencido de que esta carretera puede salvar vidas y abrir oportunidades para toda la región. Esta es su historia.
Cayetano Bohórquez ha sido veedor comunitario desde muy joven. Su casa se ubica en una loma, en una parte alta de la carretera que conduce al municipio de Guaca, en uno de los puntos críticos de la vía.
Ese tramo está lleno de curvas y, aunque actualmente se encuentra pavimentado, Cayetano es conocido por ser el vocero y liderar, desde 2002, una lucha constante por la reparación y mejora de la carretera.
Como es habitual en esa zona, el sector presenta alto riesgo de deslizamientos. Gracias a su gestión, se construyó un muro de contención de gran tamaño para proteger su finca.
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Cayetano vive en la finca desde hace treinta años, aunque actualmente reside en la casa de sus padres, ya adultos mayores, en el casco urbano de Guaca.
Afirma que en la pavimentación de la vía se han invertido más de cien mil millones de pesos, pero que el avance no supera el 12%. Aunque reconoce los progresos obtenidos con el apoyo de entidades como la Cámara de Comercio de Bucaramanga, es enfático en señalar que se requiere un mayor respaldo por parte del Gobierno nacional para mejorar las condiciones de la vía.
Más allá de velar por la seguridad de su finca, Cayetano quiere seguir exigiendo la pavimentación total de la vía Curos–Málaga, porque es consciente del gran potencial turístico de la región.
Recalca las majestuosas montañas donde habitan los cóndores y las aguas termales que podrían atraer más visitantes.
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“Y hay algo más importante: la vida de las personas. Por ejemplo, una ambulancia se demora siete u ocho horas en llegar de Málaga a Bucaramanga; pero con la vía completamente pavimentada, esto podría cambiar”, asegura.

Para Cayetano, su lucha no es solo por una carretera, sino por seguridad y oportunidades para toda la región. Sabe que el asfalto no solo facilitaría el turismo y el comercio, sino que salvaría vidas. Y aunque han pasado más de dos décadas desde que empezó a alzar la voz, no se rinde.
Desde su finca en Guaca, sigue vigilante, convencido de que algún día la vía Curos–Málaga dejará de ser un camino de obstáculos para convertirse en la ruta de progreso que tanto merece la región.















