Hoy, al mediodía, en la Catedral de la Sagrada Familia se ofrece una Eucaristía en homenaje a Monseñor Nel Beltrán (q.e.p.d.)

Con profundo pesar, Santander y Colombia dicen adiós a una de sus voces más firmes en favor de la reconciliación y la justicia social. Monseñor Nel Beltrán Santamaría, obispo emérito de Sincelejo, exconsejero del Consejo Nacional de Paz y reconocido defensor de los derechos humanos, falleció ayer tras enfrentar una prolongada y compleja enfermedad.

El prelado, que en diciembre cumpliría 85 años, padecía un cáncer de próstata que, con el tiempo, hizo metástasis. A esta dolencia se sumó el Alzheimer, que desde hace varios años afectaba su memoria y sus capacidades cognitivas.
Al mediodía de hoy, 13 de agosto, la Arquidiócesis de Bucaramanga realizará una Eucaristía en su memoria en la Catedral de la Sagrada Familia. La ceremonia será presidida por Monseñor Ismael Rueda Sierra, arzobispo de Bucaramanga, como homenaje a una vida entregada al servicio de Dios y de Colombia.
Perfil de Monseñor Nel Beltrán

Nacido el 24 de diciembre de 1940 en San Andrés, Santander, Monseñor Nel Beltrán entregó más de seis décadas de su vida al servicio religioso, social y humanitario.
Su misión trascendió los muros de la Iglesia: abrazó las causas de las comunidades más vulnerables, defendió los derechos humanos y trabajó incansablemente por la paz en territorios golpeados por la violencia.
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En su prolífica trayectoria fue Vicario General de la Diócesis de Barrancabermeja, Director del Secretariado Nacional de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal de Colombia y, durante 22 años (1992-2014), obispo de Sincelejo, cargo al que renunció por motivos de salud y cuya dimisión fue aceptada por el Papa Francisco.
Monseñor Nel Beltrán fue protagonista de importantes gestiones de paz. Desde mediados de los 80, participó como emisario de la Iglesia en diálogos con distintos grupos armados, buscando caminos para la reconciliación. Estuvo presente en las conversaciones de Tlaxcala (México) en 1992, mediando entre el Gobierno y la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar. También impulsó, en 1993, la creación de una mesa de negociación en los Montes de María con la Corriente de Renovación Socialista, disidencia del Eln.
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En 1998, acompañó de cerca los procesos con las Farc y el Eln durante el gobierno de Andrés Pastrana.
Siempre crítico y reflexivo, advertía que la paz no debía convertirse en un instrumento de protagonismos personales ni de intereses económicos, y que debía evitarse su burocratización para no perder la mística que la inspira.
Su voz, siempre clara, cercana y firme, nunca dejó de insistir en que la paz debía ser un esfuerzo conjunto de la sociedad civil y el Estado, y no una tarea exclusiva del poder ejecutivo.
“Paradójicamente, la paz nos está dividiendo más que uniendo”, advertía, instando a buscar unidad en los esfuerzos.
Hoy, la Iglesia y la sociedad colombiana lloran su partida, pero celebran el legado de un hombre que convirtió el Evangelio en una hoja de ruta para la acción social. Su ejemplo de servicio, compromiso y amor por la dignidad humana seguirá siendo faro para quienes creen en la paz como camino. Paz en su tumba.














