Bucaramanga
Domingo 24 de agosto de 2025 - 11:45 AM

“El tren ‘La Bestia’ trituró mi pierna”: joven que salió de Bucaramanga

Partió del barrio Villa Mercedes, ubicado en el norte de Bucaramanga. Este es el drama de muchas personas que buscan el llamado sueño americano. Esta es la historia de muchos migrantes, que se repite una y otra vez, en el anonimato. Esta es la historia de Lebardo Rivas Sánchez.

Migrantes viajan en el techo de un tren conocido como 'La bestia', en Ciudad Juárez (México). EFE/Luis Torres
Migrantes viajan en el techo de un tren conocido como 'La bestia', en Ciudad Juárez (México). EFE/Luis Torres

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El pánico del mundo se prende a sus gritos. El lamento, que sin piedad lo resquebraja, sacude los pasillos del área de urgencias del Hospital General de Torreón, en el estado de Coahuila, en México. El dolor tiene bajo su boca a este hombre de 21 años de edad, quien, dos meses atrás, se despidió de su familia en el barrio Villa Mercedes, ubicado al norte de Bucaramanga. Dijo adiós a su hija, de un año de nacida, con un beso que, desde entonces, le otorga sentido a cada hora de su vida. Partió con ansiedad febril, como lo hacen las fieras recién liberadas en busca de mejores destinos para cazar. Su intención era “coronar” Estados Unidos, lejos de sospechar que en ese objetivo estaría entre la vida y la muerte.

Lebardo Rivas Sánchez suplica que alguien en ese centro médico haga algo para detener el sufrimiento que lo comprime sin misericordia. Sobre la camilla, horriblemente mutilada, su pierna izquierda sangra. Un tren de 10.000 toneladas la trituró entre rieles. La sombra negra que cubre su cuerpo, convulso por la carne expuesta contrasta con el brillo de sus pupilas que claman compasión.

Los calmantes no surten efecto ante el desgarro de su pierna, que parece más carroña para buitres que músculo. Ha transcurrido por lo menos una hora y media desde que su pierna quedó comprimida por las ruedas del tren en el que buscaba llegar a la frontera con Estados Unidos. Lebardo pierde sangre. Puede morir. No puede, se repite. No tiene sentido perder la vida en un hospital mexicano, lejos de su hija en Bucaramanga. Mueven con prisa su camilla de la sala de urgencias. Por primera vez, Lebardo siente el frío cortante que enmascaran todos los quirófanos.

— La pierna no tiene salvación, es necesario amputar...

El médico trata de explicar la gravedad de la lesión. Es irreversible, advierte, como ha sido su vida de supervivencia y privaciones desde que huyó con su mamá, siendo un niño de 12 años, de Venezuela para radicarse en Bucaramanga. Ciudad donde creció, sobrevivió, trabajó, se enamoró, fue padre, jugó al fútbol, escuchó cumbia, gozó y también lloró al tomar la decisión de marcharse.

El médico revela además que debe cortar varios centímetros arriba de la lesión, es decir, más arriba de su rodilla.

— ¡Córtela, doctor! ¡Córtela! Duele mucho...

Lebardo Rivas Sánchez
Lebardo Rivas Sánchez

Albañil en Bucaramanga

En Rionegro, un municipio ubicado a 32 kilómetros de Bucaramanga, Lebardo consiguió trabajo como ayudante de construcción. En los últimos años, esa fue su principal ocupación laboral, sin descuidar el rebusque de cualquier oficio informal, como lo hace el 44,7 % de los habitantes del área metropolitana, más de 280.000 personas. El sueldo que recibía, a duras penas, le alcanzaba para hacer malabares y resolver con dificultad las necesidades básicas de su hogar. De alguna forma, cada vez que regresaba de las jornadas de trabajo en Rionegro, sentía que recorría el infortunio de la geografía de los fracasos humanos de los que llaman “migrantes”. No estaba tranquilo. Por el contrario, las deudas lo asfixiaban.

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Al cabo de un tiempo, descubrió nuevamente en su vida que no podía quedarse. Escuchó historias buenas, malas y terribles de la ruta a Estados Unidos, donde migrantes, como polillas encandiladas, lo perdían todo al buscar el llamado “sueño americano”. No le importaron las advertencias y rechazó los sermones. No quería quedarse enterrado en la Bucaramanga de necesidades a la que sobrevivía. Buscaba un mejor futuro para su hija, y ese porvenir no lo tendría si seguía como ayudante de albañil. Empezó a ahorrar. Un día, el último, contabilizó un millón de pesos. Se dijo que ya era hora.

— El 3 de septiembre (2023) decidimos tomar camino a Estados Unidos…

Junto a Lebardo Rivas Sánchez estaba su amigo, también obrero de construcción, Luis Muñoz. Ambos salieron de Bucaramanga con destino a la frontera entre México y Estados Unidos. Debían ahorrar el máximo de dinero para llegar a Necoclí, un municipio ubicado en el Urabá antioqueño, a orillas del mar Caribe.

— Mi mamá es colombiana. Quiero mucho a Bucaramanga. Me siento de Bucaramanga. Vivía muy angustiado porque la plata no alcanzaba para nada. Las necesidades son muchas y me rebuscaba en varios trabajos. Un día tomé la decisión de buscar un mejor futuro...

Dos meses tardaron Lebardo Rivas Sánchez y su amigo Luis Muñoz en recorrer los 870 kilómetros que separan a Bucaramanga de Necoclí, el último paso antes de ingresar al Tapón del Darién, una espesa selva de más de cinco mil kilómetros cuadrados que separa a Colombia de Panamá. A Necoclí, Lebardo llegó con 700 mil  pesos, que invirtió en pasar la selva junto a personas que provenían de Colombia, Perú, Haití, Ecuador, Chile, Brasil, China, India, Afganistán, Camerún, Somalia y Bangladesh, entre otras naciones.

‘La Bestia’ trituró su pierna: historia de un migrante que salió de Bucaramanga
‘La Bestia’ trituró su pierna: historia de un migrante que salió de Bucaramanga

Según Médicos Sin Fronteras, “la travesía puede durar desde tres hasta 15 días, y es el primer paso en Centroamérica, en la ruta hacia el norte del continente. Allí, los migrantes arriesgan su vida al enfrentarse no solo a condiciones naturales complejas, como el paso de ríos caudalosos, trochas empinadas, animales salvajes y falta de agua potable; sino a la presencia de grupos criminales que roban, secuestran y ejercen violencia sexual”.

El paso por el Tapón del Darién es considerado por muchos uno de los caminos migratorios más peligrosos del mundo. Antes de la llegada masiva de migrantes, Necoclí subsistía del cultivo de coco y banano, y de un turismo que ofrecía más de 100 kilómetros de bellas playas. Informes oficiales revelan que, en el 2023, cruzaron los 70 kilómetros del camino por la selva medio millón de personas, en una de las crisis migratorias más alarmantes del planeta. El año pasado, luego de controles fronterizos, esta cifra descendió a 300 mil personas, es decir, dos veces la actual población residente en Girón. Se calcula que uno de cada cinco migrantes es un niño.

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— Vea, mi señor, en todo este camino uno sobrevive a fuerza de voluntad. ¿Sí me entiende? Uno tiene que llenarse de mucha fortaleza para seguir adelante. No se imagina las cosas terribles que uno tiene que ver, no solo en el camino, sino en la selva. No se me olvidará nunca una mujer que suplicaba que se llevaran a su hija...

Fotografía de archivo fechada que muestra a migrantes haitianos en su camino hacia Panamá por el Tapón del Darién en Acandi (Colombia). EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda
Fotografía de archivo fechada que muestra a migrantes haitianos en su camino hacia Panamá por el Tapón del Darién en Acandi (Colombia). EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda

¡No se duerma!

Lebardo Rivas Sánchez no sintió de forma inmediata el punzante dolor que provenía de su pierna, triturada por las ruedas de ‘La Bestia’. Intentó levantarse. No pudo. Fue en ese momento cuando observó su cuerpo desmembrado. El burbujeo de su respiración se confundía con la sangre que emanaba en exceso. Los primeros en llegar para socorrerlo fueron personas pertenecientes a la Cruz Roja; luego arribó la Policía de la localidad de San Pedro. Explicó con dificultad que provenía de una ciudad en Colombia llamada Bucaramanga. Tenía miedo de las autoridades. Todos los caminantes les temen en México. Ser migrante, casi siempre, es un delito.

Lebardo Rivas Sánchez montado en el llamado Tren de la Muerte.
Lebardo Rivas Sánchez montado en el llamado Tren de la Muerte.

Llegar al Hospital General de Torreón tarda, en promedio, 45 minutos. Durante el trayecto, los paramédicos buscaron controlar la hemorragia y estabilizar los signos vitales de Lebardo. En la ambulancia, el dolor, como un hierro al rojo vivo, lo torturaba, como si hubiese caído al peor infierno. En un momento, Lebardo empezó a cerrar los ojos, como regresando a esa acostumbrada oscuridad de los clandestinos errantes. Estaba a punto de desmayarse.

— ¡No se duerma! —Sus pupilas estallaron como un volcán ante el grito del paramédico, que se resistía, una vez más, a ver morir a otro migrante por la fuerza de ‘La Bestia’, como se les conoce a los trenes de carga de México utilizados para llegar a la frontera con Estados Unidos. También se les llama ‘El tren de la muerte’ o ‘El tren de los desconocidos’. Su recorrido comienza en el estado de Chiapas, al sur de México, en la frontera con Guatemala. Según el reportero y escritor mexicano Pedro Ultreras, para cruzar todo México es necesario abordar diez trenes.

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Pese al accidente, el tren de carga nunca detuvo su marcha. En uno de los vagones, al poco tiempo, entre los casi 50 migrantes que intentaban acomodarse en un espacio reducido para evitar seguir la travesía en el techo, se esparció la noticia de que otra persona más había terminado descuartizada en la ferrovía. La noticia llegó hasta Luis Muñoz.

— Dios mío, lo destrozó...

— ¿A quién? —preguntó Luis.

— Al flaquito que venía con usted.

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Entre varios lograron persuadir a Luis Muñoz de no lanzarse del tren en busca del cadáver de Lebardo. Nadie sale invicto luego de arrojarse desde un tren que, en promedio, se moviliza a 100 kilómetros por hora. Ese día no necesitaban un muerto más, todos pensaron. Así no se conocieran, la migración trae, casi siempre, un sentimiento de solidaridad que sobrepasa edades, razas, géneros y nacionalidades. En la necesidad y el hambre, todos somos iguales. Los migrantes le aconsejaron esperar a descender en la próxima estación, ubicada a una hora de San Pedro, génesis de su sufrimiento. Luego podría devolverse. Luis, por un instante, pensó cómo le diría a la familia de Lebardo en Bucaramanga que su amigo había muerto. Oleajes de crueles espasmos le recorrieron el cuerpo al pensar, al vaivén del vagón, que Lebardo era ahora una suma de carne lesionada sobre un planchón de metal en alguna morgue local.

Migrantes viajan en el tren conocido como ‘La bestia’. EFE
Migrantes viajan en el tren conocido como ‘La bestia’. EFE

Llévesela, por favor

Una mujer recostada a un lado de la trocha, en la selva del Darién, levanta la mano en señal de ayuda. Muchos, se asegura, han pasado de largo sin prestarle mínima atención a su ruego. El cansancio la derrotó. Le impide dar un paso más. A su lado hay una niña de unos cuatro años. Con voz arrugada resume su tragedia en una súplica en medio de una selva que cruje por todos lados. Lebardo y Luis se detienen.

— ¡Por favor! Llévense a la niña...

En julio pasado, 10 migrantes murieron ahogados en su intento por cruzar el Tapón del Darién. El Servicio Nacional de Fronteras indicó en un comunicado que fallecieron arrastrados por la corriente de un río. Los cadáveres fueron hallados cerca de la comunidad indígena de Carreto, Darién, en Panamá. En esta selva de lluvias constantes y torrenciales, los ríos, a los que solo se cruza por medio de “cadenas humanas”, son traicioneros.

— En la selva cada uno está pendiente de sobrevivir como puede. Cuando pasamos la selva vi solo dos cadáveres. Llevaban tiempo de muertos...

El gobierno de Panamá informó que el año pasado murieron 55 migrantes intentando cruzar esta selva. Esta cifra sería una pequeña fracción de los migrantes que perdieron la vida. Muchos cuerpos no se pueden recuperar por lo inaccesible de la selva y terminan descomponiéndose o devorados por animales. La jungla deja muchos muertos en el camino. ‘Missing Migrants’, de la ONU, un programa que intenta llevar un control de las defunciones de migrantes en este paso, registra que en la última década murieron 366 personas. El estudio reconoce que el subregistro es mayor. “La principal causa de muerte (163) son los ahogamientos en el río Tuqueza”. El Servicio Nacional de Fronteras de Panamá reportó que registra casos de padres que, en el transcurso de la ruta por la selva, sucumben y envían a sus hijos con otras personas entregándolos a su cuidado para ser deportados a sus países de origen.

— Nos impresionó lo que nos pedía esa mujer. Era terrible ver que la gente pasaba de largo y la ignoraba. Nadie quería ayudarla. Ella decía que no podía seguir caminando más. Que tomáramos a su hija y se la entregáramos a las autoridades en Panamá. Nos quedamos con ella. Daba lástima verla así. Debería tener unos 26 años. Como pudimos le dimos ánimo. Le ayudamos a levantarse. La llevamos poco a poco hasta Panamá. La acompañamos a pasar la selva. No estábamos muy lejos. La dejamos en un pueblo llamado Bajo Chiquito. Nunca más supimos de ella y su hija...

Lebardo explica al otro lado de la línea de teléfono que consiguió un trabajo temporal por días, que a veces vende dulces en las calles, que duerme en una casa rodante, que tuvo la suerte de conocer a una amiga que prepara recetas de Bucaramanga, que extraña a su pequeña hija, quien sigue creciendo, y, por supuesto, sigue escuchando las cumbias que bailó en Bucaramanga.

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“Está vivo...”

Cuando Lebardo Sánchez Rivas abrió los ojos, sintió su cuerpo en desorden. Miró. Lo que era su pierna izquierda había desaparecido. Un vendaje blanco cubría desde lo que fue su rodilla hasta casi llegar a su entrepierna. Toda la tibia de su pierna derecha también estaba cubierta con un vendaje por las lesiones que recibió. Tan delgado estaba que la bata de color azul parecía flotar de forma abrumadora.

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@Carlos_Eduardo_Espina @William&Pamela 🇨🇴🇺🇸 venezolano 🇻🇪 agradecido con México por salvarme la vida 💛

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Estaba adolorido. No solo en su cuerpo. Luchaba en esa cama de hospital. Ahora era una fiera recién capturada. Sentía ventosas en toda el alma. Ya no esperaba ir tan lejos. Con voz de desasosiego grabó un video para redes sociales pidiendo ayuda para regresar a Bucaramanga. Solo logró un poco de paz cuando se reencontró con Luis, su amigo, y se abrazaron.

—Estás vivo… —exclamó su compañero de viaje.

En el video, Lebardo explica que viajaba por un mejor sueño para su familia y le da las gracias a Luis por bajarse del tren y regresar por él.

—Pido ayuda para que me deporten a Colombia. Quiero volver a ver a mi hija. Quiero abrazarla. Cualquier otra bendición que les salga se los agradeceré. Las personas de buen corazón que me puedan ayudar con una prótesis o una muleta, estaré agradecido…

En el Hospital General de Torreón estuvo cinco días. Luego fue llevado a la posada de peregrinos de Cáritas Diocesanas de Torreón, donde le ayudaron con hospedaje, alimentación y unas muletas para su rehabilitación física. Esta es uno de los varios centros con que cuenta Torreón, donde se brinda ayuda humanitaria a los migrantes. Cáritas Diocesanas de Torreón lleva más de 20 años en esta labor.

Salió de un barrio ubicado en el norte de Bucaramanga. Este es el drama de muchas personas que buscan el llamado sueño americano. Esta es la historia de muchos migrantes, que se repite una y otra vez, en el anonimato.
Salió de un barrio ubicado en el norte de Bucaramanga. Este es el drama de muchas personas que buscan el llamado sueño americano. Esta es la historia de muchos migrantes, que se repite una y otra vez, en el anonimato.

Oralia Martínez Romero, coordinadora de la posada, dijo en una entrevista al medio de comunicación Sol de la Laguna: “Hay mucha población de migrantes actualmente. Se llena de migrantes este lugar y se les alberga durante dos o tres días, contando con baño, agua caliente, tres comidas diarias, ropa, una cama cómoda para poder dormir tranquilos, luego de una travesía muy pesada. La afluencia normalmente es alta, entre 120 a 130 personas diarias. La migración ha cambiado mucho: anteriormente eran más adultos hombres, luego también mujeres, y se fueron presentando también menores de edad, pero ahora es más común que lleguen familias completas o mujeres embarazadas”.

Luis Muñoz acompañó allí dos semanas a Lebardo. Luego siguió su rumbo, esta vez solo, hacia Estados Unidos, donde se reencontrarían. Con el paso de las semanas y los dos meses que permaneció, Lebardo cambió de opinión. Con una sola pierna quería completar su sueño americano. Durante este tiempo compartió posada con más migrantes amputados.

—En el albergue encontré muy buenas personas. Fueron de gran ayuda, a pesar de que estaba solo. En el albergue me daban el chance de quedarme, pero quise seguir. Me dije: ‘vamos pa’ delante’. Como sea, en muletas paso la frontera. Obviamente estaba mal, ¿sí me entiende? Usted sabe que una amputación no es para cualquiera, pero tampoco me iba a quedar allá derrotado. Dios me dio mucha fuerza y voluntad mental para seguir el camino solo. Llegué a la frontera, pasé en muletas el río Bravo. Estuve un mes detenido y estoy a la espera de legalizar mi estadía en Estados Unidos. Sobreviví como lo hacen todos los migrantes en este país…

Más muertos en las vías de México

Lebardo y Miguel, luego de cruzar la selva, salieron de Panamá rumbo a Costa Rica en una lancha que les cobró 30 dólares. En su segundo país de Centroamérica no tenían dinero. Durmieron donde pudieron cuando los arropaba la noche.

Nos tocaba pedirle a la gente que nos colaborara con algo de dinero o comida para sobrevivir. Así durábamos varios días. En otros lugares conseguíamos trabajos, incluso ayudamos en construcciones para hacernos un dinero y viajar en bus o tener para la alimentación. Vendimos dulces, frutas, de todo. La gente de esos países nos reconocía como migrantes y nos ayudaba. Cuando llegamos a México, todo cambió. Esa es otra historia. Ese país es peligroso, difícil...

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), “desde 2014 se han registrado más de 4.000 muertes al año en las rutas migratorias de todo el mundo. Sin embargo, el número de muertes registradas representa solo una estimación mínima, ya que la mayoría de muertes de migrantes en el mundo no se registran. Estos datos no solo ponen de relieve el problema de las muertes de migrantes y las consecuencias para las familias que se quedan atrás, sino que también pueden utilizarse para evaluar los riesgos de la migración irregular y diseñar políticas y programas para que la migración sea más segura”.

@leo.rivas039

@William&Pamela 🇨🇴🇺🇸 mi gente apesar de toda dificulta simpre hay que darle buena cara a la vida

♬ sonido original - Leo Rivas

En su tránsito por México, los migrantes se enfrentan a robos, secuestros, extorsiones y operativos migratorios. En la ruta ferroviaria por la que transitan para llegar a Estados Unidos, los grupos de seguridad privada, contratados para cuidar la mercancía, son violentos, usan armas, los extorsionan, los secuestran y mantienen presunta complicidad con el crimen organizado, así como con los agentes del Instituto Nacional de Migración, la Policía Federal y la Policía Municipal.

— En México, uno como migrante no se puede subir en transporte. A uno lo identifican y lo pueden regresar. Allá se sufre como usted no tiene ni idea. Ese es el país más difícil para llegar a Estados Unidos. Hay cosas que uno no quiere ni siquiera recordar… —Relata Lebardo.

En esa misma travesía, en febrero de 2024, Iván Leonardo Ardila Caballero y Camilo Andrés Campos Ramírez, dos migrantes de Santander, murieron arrollados por un vehículo ‘fantasma’ en el estado de Chiapas, en México, cuando viajaban hacia la frontera con Estados Unidos.

Migrantes viajan en el techo de un tren conocido como ‘La bestia’, en Ciudad Juárez (México). EFE/Luis Torres
Migrantes viajan en el techo de un tren conocido como ‘La bestia’, en Ciudad Juárez (México). EFE/Luis Torres

Iván Leonardo, de 32 años, y su amigo Camilo Andrés, de 31, salieron de Bucaramanga el 12 de enero de 2024 en busca de una mejor vida en Estados Unidos.

— Mi hermano vivía en Girón, trabajaba en ornamentación y construcción, y el amigo era mototaxista. Se fueron en busca de las oportunidades que no tuvieron aquí. Él se comunicaba con nosotros constantemente, nos contaba que casi todos los viajes eran a pie. Nos llamó, como dos horas antes del accidente, y nos dijo que había parado a comprar comida.

En el informe de las autoridades de México se reportó que fue en el kilómetro 62, en inmediaciones del río Tiltepec. Al lugar llegó la Policía de Chiapas, encontrando los dos cuerpos sin vida sobre la carretera, ambos con señales de haber sido arrollados por un vehículo, al parecer de carga.

Ese terrible día

Llevaban varios días sin comer. El alimento se había acabado. El agua era un lujo con el que no contaban siempre. Lograron colarse en ese nuevo tren a las tres de la mañana. De pronto, sintió que la máquina se detuvo. Estaban en la estación de la localidad de San Pedro. Lebardo vio que Luis Muñoz dormía. No lo quiso despertar. Se asomó a reconocer el lugar. Eran las seis de la mañana cuando identificó que en una casa, ubicada a unas dos cuadras de allí, regalaban agua y comida. No lo pensó dos veces. Saltó del vagón. Caminó hasta el lugar. En los últimos meses se había visto enflaquecer y convertirse en un extraño a fuerza de las privaciones más elementales de la vida.

— Cuando llegué a la casa, escuché que el tren arranca. Me devuelvo. Ese tren va tomando velocidad cada vez más. Nunca me imaginé que fuera tan rápido. Cuando estoy cerca, lanzo la mano para agarrarme de una escalera que tenía el vagón...

Lebardo tocó el metal de la escalera. Lanzó su pie para apoyarse en una saliente. Falló en su cálculo. Su cuerpo cayó. Sabe que erró en el cálculo y que viene lo peor. Las historias son muchas entre los migrantes que pierden la vida, triturados en cuerpos irreconocibles para sus familias. Piensa en su hija. Fueron segundos. Recordarlo es toda una eternidad. Lebardo Rivas Sánchez reconoció de inmediato la voz de metal sordo de la rueda del tren destrozándolo. Sintió su cuerpo socavado por el duro riel contra el que se estrelló. Perdió la consciencia mientras era arrastrado, quebrado, golpeado y triturado, esta vez, a cargo de ‘La Bestia’.

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