Bucaramanga
Martes 30 de septiembre de 2025 - 05:26 PM

Plaza San Mateo: del corazón del comercio al centro de la memoria

En la sección ‘Bucaramanga, Ayer y Hoy’ desempolvamos la memoria de un mercado que dio pulso y vida al centro de la ciudad: la Plaza San Mateo.

Plaza San Mateo. (Foto: Franz Rey /VANGUARDIA)
Plaza San Mateo. (Foto: Franz Rey /VANGUARDIA)

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A finales del siglo XIX, un comerciante visionario, Nepomuceno Serrano, imaginó un “mercado cubierto” -como entonces se llamaban los centros de acopio- que diera orden y cobijo al comercio creciente de la Bucaramanga del ayer.

Mercado del ayer en Bucaramanga. (Archivo/VANGUARDIA)
Mercado del ayer en Bucaramanga. (Archivo/VANGUARDIA)

Su sueño tardó seis años en materializarse y, el 3 de junio de 1895, abrió sus puertas la Plaza San Mateo. Era el corazón palpitante de un pueblo que empezaba a convertirse en ciudad. La zona exacta de ese lugar no era otra que lo que hoy conocemos como la calle 34, entre carreras 15 y 17.

Claro está que fue solo entre los años 1924 y 1928, cuando el alemán Franz Tutzer levantó la edificación que consolidó el complejo comercial. Dos edificios, unidos por un puente que atravesaba la antigua laguna de los Caracoles, formaron un conjunto monumental para la época.

Diseño del ayer de la plaza. (Archivo/VANGUARDIA)
Diseño del ayer de la plaza. (Archivo/VANGUARDIA)

Desde allí se gestó el desarrollo del oriente colombiano: agricultores, carniceros, comerciantes y amas de casa convirtieron la plaza en una amalgama de voces, aromas, sacos, costales y algo más. En cada esquina había un relato; en cada canasto, la promesa de un día mejor.

Vendedores del ayer. (Archivo / VANGUARDIA / Plaza San Mateo)
Vendedores del ayer. (Archivo / VANGUARDIA / Plaza San Mateo)

Generaciones de bumangueses recorrieron sus pasillos. Entre los gritos de los vendedores, los canastos, el olor a hierbas y el perfume de frutas frescas, la Plaza San Mateo era más que un mercado: era un escenario donde la ciudad se reconocía a sí misma. Los labriegos bajaban desde las veredas, cargados de esfuerzo y esperanza, para vender sus cosechas.

El puente que unía las dos manzanas de la Plaza de Mercado Central del ayer. (Archivo /VANGUARDIA)
El puente que unía las dos manzanas de la Plaza de Mercado Central del ayer. (Archivo /VANGUARDIA)

Cada madrugada, el puente de la carrera 16 marcaba el ritmo del comercio. A sus costados, el nombre ‘Frigidaire’, en letras firmes, era testigo del ir y venir de quienes mantenían viva la economía local.

Imagen del incendio que devoró la plaza, en 1979. (Archivo/VANGUARDIA)
Imagen del incendio que devoró la plaza, en 1979. (Archivo/VANGUARDIA)

Pero el destino suele tramar giros inesperados. La madrugada del 6 de febrero de 1979, una sucesión de explosiones -según cuentan los historiadores, provocadas por cilindros de gas- convirtió a la Plaza de San Mateo en un infierno de llamas.

La calle 34, entre carreras 15 y 16, en inmediaciones de la Plaza San Mateo, en los años 80. (Archivo/VANGUARDIA)
La calle 34, entre carreras 15 y 16, en inmediaciones de la Plaza San Mateo, en los años 80. (Archivo/VANGUARDIA)

El edificio de la esquina de la calle 34 con la carrera 16 quedó devastado. Muchas familias perdieron su sustento de un día para otro. El mercado se reacomodó como pudo en edificios vecinos; otros comerciantes se volcaron a la calle, desatando una ola de ventas informales que pronto saturó las calles 33 y 34. Bucaramanga perdía, sin saberlo del todo, una pieza de su identidad urbana.

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Antiguo Pabellón de Carnes. (Archivo/VANGUARDIA)
Antiguo Pabellón de Carnes. (Archivo/VANGUARDIA)

El pabellón de las carnes fue el primero en cerrar, sellando el destino de la plaza. En 1996 cesó definitivamente sus actividades. La reubicación en plazas como San Francisco apenas mitigó el golpe.

Las autoridades intentaron ordenar el caos con divisiones y microestablecimientos, pero la estrategia fracasó: el desorden se convirtió en paisaje y la dispersión de los productos complicó las compras. La Plaza San Mateo, que durante décadas fue símbolo de progreso, entró en un lento y doloroso ocaso.

La fachada de la Plaza San Mateo se debe preservar.
La fachada de la Plaza San Mateo se debe preservar.

En 2013, cuando ya solo quedaban su fachada y sus muros vencidos, la estructura fue declarada Bien de Interés Cultural Municipal. Era un reconocimiento tardío, pues durante once años nadie movió un dedo para salvarla.

Plaza San Mateo. (Foto: Archivo / VANGUARDIA)
Plaza San Mateo. (Foto: Archivo / VANGUARDIA)

Su entorno se volvió una postal triste: humedad en las paredes, vigas debilitadas, entrepisos a punto de colapsar y roedores campeando entre montones de basura. La plaza, otrora orgullo de la ciudad, quedó reducida a un recuerdo que sobrevivía apenas en las conversaciones de los mayores.

Proyecto de remodelación de la Plaza San Mateo

Diseño del plano general de cómo quedará la plaza San Mateo y la reestructuración del patio central. Aunque se restaurará la fachada, se conservarán los colores. (Foto: Imagen suministrada / VANGUARDIA)
Diseño del plano general de cómo quedará la plaza San Mateo y la reestructuración del patio central. Aunque se restaurará la fachada, se conservarán los colores. (Foto: Imagen suministrada / VANGUARDIA)

Hoy, sin embargo, una luz de esperanza se teje entre sus ruinas. La Secretaría de Infraestructura de la Alcaldía de Bucaramanga avanza en lo que ha llamado “primeros auxilios”: impermeabilización de cubiertas para evitar que el agua destruya los entrepisos y apuntalamiento en madera de las vigas del primer y segundo piso. Son trabajos temporales, ejecutados por 20 personas entre profesionales y operarios, con una inversión de $492 millones. Son cuidados de urgencia para un paciente que, aunque maltratado, aún respira.

Plaza San Mateo.
Plaza San Mateo.

El proyecto no es menor: si se aprueba el anteproyecto en la entidad patrimonial, la Plaza San Mateo renacerá como un espacio cultural, turístico y gastronómico.

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La idea es devolverle vida al lugar donde alguna vez confluyeron los sabores, los colores y las historias de Bucaramanga. Si ese renacer se concreta, cada ladrillo restaurado será también un homenaje a quienes hicieron de la plaza el corazón comercial de la ciudad. Tal vez, al recorrer sus pasillos recuperados, los bumangueses puedan escuchar, entre las nuevas risas y aromas, el eco de las voces que un día llenaron de vida la Plaza San Mateo.

Plaza San Mateo
Plaza San Mateo

Porque la historia de un lugar como esta plaza no solo se cuenta en documentos y fotografías, sino en la memoria viva de quienes lo habitaron. Y, en la esquina de la calle 34 con la carrera 16, esa memoria sigue esperando su momento para brillar de nuevo.

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