En la toma de los barrios de Vanguardia, llegamos a San Martín. Se trata de un vecindario que convirtió la unión, la solidaridad y el trabajo comunitario en progreso y desarrollo comunitario. Veamos:
Vanguardia llega al corazón de otro de los bonitos barrios de Bucaramanga para contar la historia y la realidad de su gente. Allí nos recibe un sector cuyo nombre evoca al santo que en la tradición católica simboliza la humildad: San Martín.
Así es este rincón de la ciudad, sencillo y modesto, pero al mismo tiempo cívico y solidario. Su pasado está marcado por la lucha por un terreno digno, pero hoy se alza como un ejemplo vivo de superación.
En nuestro recorrido encontramos un sector donde se respira emprendimiento, integración y desarrollo comunitario. La cultura también late fuerte en sus calles. Prueba de ello es una especie de ‘media torta’ que se ha convertido en punto de encuentro para actividades artísticas y recreativas.
San Martín crece bajo dos gigantes de concreto que parecen custodiarlo: el histórico viaducto García Cadena y el nuevo Paso Elevado de la Unión.
Es un barrio popular que, pese a la indiferencia oficial, las crisis económicas, la inseguridad y la escasez de oportunidades laborales, ha sabido levantarse con esfuerzo propio.
Con tesón, el vecindario ha transformado su entorno paso a paso. Hoy, San Martín es un lugar acogedor, con obras de infraestructura y espacios para el deporte y la cultura. Incluso se ha convertido en un imán para disciplinas como el bicicross y el patinaje, atrayendo a niños y jóvenes que ven en sus pistas una oportunidad para crecer sanamente.
Nada de esto sería posible sin la gente. Son sus vecinos, con trabajo y dedicación, quienes han derrotado los problemas comunitarios del ayer. Gracias a ellos, el barrio luce central, organizado, limpio y vital. San Martín es, ante todo, testimonio de que la unión y la perseverancia pueden convertir un asentamiento humilde en un ejemplo de progreso y orgullo para Bucaramanga. ¡Lo invitamos a conocer cada una de sus cuadras!
‘Barriografía’
- Nombre: San Martín.
- Fundación: Entre 1969 y 1970.
- Delimitación: El sector se encuentra en la parte de la ladera sur-oriental y baja de los Viaductos García Cadena y La Unión.
- Vías principales: Las carreras 27 y 32, así como las calles 86 y 88.
- Comuna a la que pertenece: Nueve (La Pedregosa)
- Áreas vecinas: San Pedro, Quebrada La Iglesia, Torres de Alejandría y Antonia Santos Sur.
- Estrato: Dos.
- # de viviendas: Cerca de 1.100.
- Población: Alrededor de 4 mil personas.
- Líder cívico: Jhon Utrera.
- Templos religiosos: La Parroquia María Madre del Divino Amor, para los fieles católicos. También funciona el Monumento a San Martín.
- Entidades educativas: Concentración Escolar San Martín, que hoy es una de las sedes del INEM.
- Escenario cultural: El ‘Teatrino’.
- Centros de recreación: Están las pistas de patinaje, la cancha sintética, la pista de bicicross y en general los escenarios del denominado Parque Extremo.
- Principales problemas: La inseguridad, es preciso garantizar subsidios para la mejora de las viviendas, se necesita la recuperación de los escenarios deportivos y del teatrino; también la comunidad alega por los elevados costos de los servicios públicos.
- Famosos del sector: Martha Bayona, campeona de ciclismo; Slendy Vera, fútbol sub 18; Tatiana Ortiz, deportista paralímpica; y Pablo Hernández, artista.
- Puesto de seguridad: El CAI del Viaducto.
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El ayer del barrio San Martín

Entre los recuerdos del ayer de Bucaramanga, sin lugar a dudas, la fundación del barrio San Martín ocupa un lugar especial. (Lea además: las bases de un gran sector)
El sector surgió a finales de los años 60 y comienzos de los años 70, cuando las bases del recién levantado viaducto García Cadena fueron testigos silenciosos del nacimiento de ese gran vecindario. Allí, en medio de la vegetación que cubría la parte baja de la quebrada La Iglesia, humildes familias construyeron sus primeros ranchos con latas y cartones. Era un acto de supervivencia: aferrarse, “contra viento y marea”, a un pedazo de tierra que aún no tenía nombre, pero que pronto se convertiría en el hogar de muchos.
#Bucaramanga 💫UNA GRAN HISTORIA: el pasado resiliente de la comunidad del barrio San Martín ha sido inspirador para otros vecindarios. El periodista Euclides Kilô Ardila @KiloArdila nos transporta al ayer del sector. pic.twitter.com/3apX4Qqutr
— Vanguardia (@vanguardiacom) October 5, 2025
Doña María López, Herminda Vera, Serafín Pinto y Dioselina Mora, primeros vecinos en llegar, recuerdan esos inicios como días duros, en los que el barrio no pasaba de ser un asentamiento subnormal. Sin servicios básicos ni escrituras, cada amanecer representaba un reto.
Pese a ello, estas familias resistieron los desalojos oficiales, organizándose poco a poco para defender lo que con esfuerzo habían levantado. En sus manos no solo estaba el presente, sino también el sueño de un futuro mejor para sus hijos.
La organización comunitaria fue clave. Apenas unos años después de la “colonización”, en 1974, se constituyó la Junta de Acción Comunal. Con ella surgieron las primeras voces colectivas que exigieron servicios y mejoras locativas. El esfuerzo conjunto dio sus frutos cuando el otrora Instituto de Crédito Territorial, ICT, autorizó ayudas para la dignificación de las viviendas, con subsidios que alcanzaban hasta siete mil pesos, una suma significativa en ese momento. Gracias a ese respaldo, muchos ranchos se transformaron en casas de ladrillo, símbolo tangible de progreso y esperanza.

El impulso no se detuvo. Durante las administraciones de los alcaldes Jaime Trillos Novoa y Carlos Virviescas se ejecutaron obras de infraestructura comunitaria que cambiaron el rostro del barrio. Se construyeron vías, se instalaron redes básicas y se abrió paso a equipamientos colectivos que cimentaron la identidad del San Martín. Cada ladrillo, cada poste y cada grifo nuevo fueron logros que la comunidad celebró como conquistas propias.
La educación también tuvo su espacio en este proceso de transformación. La primera escuela funcionó en el salón comunal con apenas 82 alumnos. Hoy, esa semilla se ha convertido en la moderna sede satélite del INEM, un orgullo para las nuevas generaciones que ven en la educación la mejor herencia que les dejaron sus padres y abuelos. Allí, entre pupitres y pizarras, se escribe a diario una historia distinta a la que marcaron los años de invasión.
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Sin embargo, la sombra del viaducto García Cadena también trajo consigo una triste carga: el “fantasma de la muerte”. Los frecuentes suicidios de personas que se lanzaban al vacío desde la estructura marcaron al barrio y a sus vecinos, quienes aprendieron a convivir con esa dolorosa realidad. Aun así, el San Martín nunca dejó que esa tragedia definiera su destino; por el contrario, se aferró a la vida, al trabajo y a la construcción colectiva de un porvenir más digno.
Hoy, el barrio ha progresado a pasos acelerados. Creció a la sombra del García Cadena y ahora se extiende bajo el viaducto de La Unión, levantado en años recientes. Sus calles pavimentadas, sus viviendas consolidadas y sus espacios comunitarios son el testimonio vivo de medio siglo de lucha, resistencia y progreso. San Martín ya no es sinónimo de invasión: es una comunidad organizada y pujante que se ganó, con esfuerzo, el derecho a existir y a prosperar.
El barrio San Martín es, en sí mismo, un homenaje a su gente. Cada familia lleva en la sangre la historia de un territorio que se levantó desde la adversidad. Lo que comenzó como un asentamiento improvisado se transformó en un ejemplo de tenacidad y unión comunitaria. Esa es la verdadera esencia de San Martín: la fuerza de su gente, capaz de convertir la lucha diaria en un legado de esperanza para las generaciones que vendrán.















