Mientras Metrolínea anuncia la llegada de 12 nuevos buses para revitalizar el servicio de transporte masivo, los usuarios cuestionan el deteriorado estado de las estaciones a lo largo de todos sus corredores viales.

La expectativa crece en Bucaramanga por la futura llegada de 12 nuevos buses duales que, en el papel, reforzarán la operación de Metrolínea. Sin embargo, entre los pasajeros del sistema predomina una pregunta que va más allá del número de vehículos: ¿cómo funcionarán y, sobre todo, si se reabrirán las estaciones que hoy lucen abandonadas, llenas de basura y sin vigilancia?

El anuncio se hizo la semana pasada, cuando Metrolínea informó la firma de un contrato de arrendamiento con Transportes Medellín Castilla S.A., una empresa con más de 70 años de experiencia en el transporte público del Valle de Aburrá.

Las autoridades dicen que los nuevos buses llegarían a Bucaramanga esta misma semana. Se trata de buses padrones duales con capacidad nominal para 80 pasajeros. La particularidad de estos vehículos es que cuentan con doble sistema de acceso: puerta izquierda alta para conexión en las estaciones troncales y puerta derecha baja para recoger usuarios en paraderos externos. Esto, en teoría, les permitirá moverse con mayor flexibilidad por la ciudad.
Cada unidad, además, incorpora detalles pensados para un servicio más moderno e inclusivo. Rampas de acceso para personas con movilidad reducida, sistema de combustión menos contaminante, conexión Wi-Fi gratuita a bordo y videovigilancia interna y externa son parte del paquete tecnológico que promete mejorar la experiencia de los usuarios.

Pero en las paradas y estaciones del sistema de transporte masivo las dudas persisten. “Es que no es solo traer buses nuevos, es que uno tenga dónde subirse sin miedo”, dice Jerónimo Salas, vendedor ambulante y usuario frecuente del sistema. “Las estaciones están oscuras, llenas de habitantes de calle y uno siente que lo pueden robar en cualquier momento”.
En un recorrido hecho por Vanguardia se evidenció que varias estaciones de la carrera 15 y del corredor hacia Provenza permanecen cerradas o con signos de deterioro: vidrios rotos, luminarias apagadas y grafitis en los muros. Eso sin contar que son dormitorios de personas en situación de calle Ese panorama desincentiva el uso del sistema.

Julio Fonseca, estudiante universitario que vive en Girón y debe tomar el transporte urbano todos los días, lo resume así: “Los buses pueden ser muy bonitos y tener Wi-Fi, pero si no abren estaciones seguras uno termina montándose en la calle. Eso es un riesgo para todos”.
¿Qué responde Metrolínea?

El gerente de Metrolínea, Emiro José Castro Meza, reconoció la preocupación, pero aseguró que ya hay un plan en marcha. “El Portal del Norte, la Estación de Transferencia de la UIS, las estaciones centrales de Quebradaseca, San Mateo y Chorreras están funcionales. Al igual que Provenza Oriental, Central y Occidental”, indicó.
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Según Castro Meza, “el arreglo se está estructurando con la Alcaldía de Bucaramanga y por parte nuestra a través de una donación que se está consolidando con un privado”. Como ejemplo, explicó que todo el carril exclusivo desde la 15 hasta Provenza será rehabilitado para su funcionamiento. “Esas estaciones no están como quisiéramos lastimosamente, pero vamos poco a poco recuperándolas”, subrayó.
No obstante, en la calle la percepción es distinta. “Yo dejé de usar Metrolínea porque no me sentía segura en las estaciones”, cuenta Luisa Suárez, madre de dos niños que solía usar el sistema para desplazarse al centro. “Uno ve personas consumiendo drogas y no hay vigilancia. Así traigan buses nuevos, si no hay control en las estaciones, la gente no va a volver”.

La llegada de los nuevos vehículos representa un intento más por recuperar la confianza de los usuarios y mejorar la cobertura. Con capacidad para operar tanto en los corredores exclusivos como en vías mixtas, el sistema podría volver a ofrecer frecuencias más cortas y rutas más amplias. Pero para muchos, el verdadero reto está en el entorno.
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Al cierre de esta edición, la caravana de buses aún se preparaba para su traslado a Bucaramanga. En los próximos días se conocerán los detalles de su entrada en operación. Mientras tanto, usuarios y expertos coinciden en que, sin estaciones seguras y rehabilitadas, cualquier esfuerzo por modernizar la flota podría quedarse corto. La movilidad no solo se mide en buses, sino en la experiencia completa del viaje.

















