Entre los recién graduados de los colegios es común sentir la presión de incorporarse rápidamente al mundo laboral para apoyar a sus familias.

Si bien cada vez más jóvenes bachilleres dan el salto a la universidad, hay que decir que la mitad de quienes viven en el área metropolitana de Bucaramanga aún se queda atrás.
Cabe destacar, eso sí, que por primera vez en muchos años todos los municipios del área superaron el umbral del 50 % en la tasa de tránsito inmediato de la secundaria a la educación superior.
La cifra, correspondiente a 2024, confirma una tendencia creciente en el acceso a la universidad, aunque también deja en evidencia una brecha que persiste: uno de cada dos jóvenes no logra continuar su formación después del colegio.
Según el más reciente informe de seguimiento educativo del Programa Cómo Vamos, Bucaramanga lidera los resultados con 60 % de tránsito a la educación superior, seguida por Floridablanca (59 %), Piedecuesta (55 %) y Girón (53 %).
Le puede interesar: El debate detrás del puntaje perfecto del Icfes
Los anteriores porcentajes del área reflejan un avance sostenido en los últimos años, impulsado por programas de orientación vocacional, becas municipales y convenios con universidades locales.
Vale recordar que hace unos años apenas el 40% de nuestros egresados accedía a estudios superiores. Hoy esa cifra promedia el 55 %. Es un logro que refleja el esfuerzo de los colegios, las familias y las instituciones de educación superior.
Análisis de la situación

Sin embargo, el panorama aún no es del todo alentador. A pesar del crecimiento, la mitad de los jóvenes del área metropolitana de Bucaramanga sigue sin ingresar a la universidad o a programas técnicos o tecnológicos.
Publicidad
Muchos se enfrentan a limitaciones económicas, falta de información sobre la oferta académica o la necesidad de incorporarse tempranamente al mercado laboral.
Las autoridades educativas reconocen que el reto ahora no solo consiste en aumentar el número de jóvenes que ingresan a la educación superior, sino también en garantizar su permanencia y graduación.
“El paso del colegio a la universidad es un punto crítico. Muchos estudiantes ingresan, pero abandonan en el primer año. Necesitamos fortalecer los programas de acompañamiento y orientación vocacional”, afirma María Camila Quintero, docente de un colegio público en Floridablanca.
Los analistas coinciden en que el aumento del tránsito inmediato a la educación superior tiene un impacto directo en la calidad de vida y en el desarrollo económico regional. Una mayor cobertura educativa se traduce en más oportunidades laborales, mejores ingresos y mayor movilidad social.
Para Yany León Castañeda, experta en educación, “el reto sigue siendo mayúsculo: garantizar que todos los jóvenes tengan la posibilidad real de continuar su formación, sin que las condiciones económicas o sociales sean una barrera”.
“Hemos demostrado que los jóvenes quieren estudiar, solo necesitan más apoyo. Cada punto que sube esta tasa es una historia de esperanza para Santander”, concluye León Castañeda.

El panorama es más grave en Colombia
- En el resto del país, de cada 100 jóvenes que se gradúan del bachillerato, solo 39 logran acceder a la educación superior. De igual forma, la deserción dentro de la educación superior supera el 70 % entre los estudiantes de los estratos 1 y 2, mientras que es inferior al 10 % en los estratos 4, 5 y 6.
- Entre los factores que más inciden en la baja retención estudiantil se encuentran los problemas financieros, pues el costo de la educación superior es cada vez más elevado, lo que impide que muchas familias puedan asumirlo. También influye la falta de oportunidades laborales tras obtener un título universitario, situación que desmotiva a algunos jóvenes a continuar sus estudios.
- Otro factor está relacionado con la falta de conexión entre la academia y las nuevas realidades del mundo digital y tecnológico. Muchos jóvenes perciben que la formación universitaria se ha quedado ‘rezagada’ y que asistir a clases puede resultar un ejercicio anticuado.


















