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Jueves 11 de junio de 2026 - 04:18 PM

El campesino santandereano que convirtió la carranga en una rumba para todo el país

Antes de llegar a grandes escenarios, Juan Ibarra aprendió a tocar en las parrandas campesinas de Santander. Más de 50 años después, su legado sigue vivo con Los Chucureños, una agrupación que mezcla guasca, carranga, Tropicarranga y Tecnomerengue para llevar la música de San Vicente de Chucurí a nuevas generaciones.

De las veredas santandereanas a festivales y ferias nacionales, Juan Ibarra y Los Chucureños han construido más de cinco décadas de historia musical. Su propuesta une tradición campesina, renovación generacional y ritmos bailables que mantienen vivo el legado cultural de Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA
De las veredas santandereanas a festivales y ferias nacionales, Juan Ibarra y Los Chucureños han construido más de cinco décadas de historia musical. Su propuesta une tradición campesina, renovación generacional y ritmos bailables que mantienen vivo el legado cultural de Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: Redacción Cultural

Hay una historia que pocos conocen: antes de que su nombre llegara a festivales, ferias y escenarios nacionales, Juan de Jesús Ibarra aprendió a tocar tiple a los 15 años, al lado de sus hermanos mayores, en medio de fiestas y parrandas campesinas. Después vino la guitarra, luego las primeras canciones y, con ellas, una vida entera dedicada a cantarle al campo, a Santander y a esa alegría sencilla que se arma cuando suenan la guacharaca, el requinto y la voz popular.

Así empezó el camino de Juan Ibarra y Los Chucureños, una agrupación que no nació en una oficina ni en una academia, sino en la vida misma: en las veredas, en las reuniones familiares, en las fiestas campesinas y en esa necesidad tan santandereana de contar lo que se vive cantando.

Juan Ibarra nació en zona rural de Rionegro, Santander. Sus primeros años transcurrieron en la Hacienda Berlín, pero fue San Vicente de Chucurí el territorio que terminó abrazando su historia musical. En 1965 se radicó en la vereda La Colorada y, un año después, en 1966, formó junto a sus hermanos el grupo Los Chucureños. Desde entonces, la música se convirtió en una manera de echar raíces.

De las veredas santandereanas a festivales y ferias nacionales, Juan Ibarra y Los Chucureños han construido más de cinco décadas de historia musical. Su propuesta une tradición campesina, renovación generacional y ritmos bailables que mantienen vivo el legado cultural de Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA
De las veredas santandereanas a festivales y ferias nacionales, Juan Ibarra y Los Chucureños han construido más de cinco décadas de historia musical. Su propuesta une tradición campesina, renovación generacional y ritmos bailables que mantienen vivo el legado cultural de Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA

El primer gran empujón llegó en la Fiesta del Campesino de San Vicente de Chucurí. Allí participó, ganó el primer lugar y empezó a hacerse un nombre entre quienes reconocían en sus canciones algo cercano: la vida rural, el trabajo diario, la familia, el amor por la tierra y el orgullo de pertenecer a un pueblo.

“Esta es una historia hecha con disciplina, con amor por la tradición y con mucho trabajo”, cuenta Juan Ibarra Ojeda, actual director y voz líder de la agrupación. Para él, continuar el legado de su padre no ha sido solo una responsabilidad familiar, sino también una forma de mantener viva una memoria colectiva. En sus palabras, este camino ha sido “un reto convertido en propósitos y logros”.

Juan Ibarra y Los Chucureños no se presentan como una agrupación detenida en el pasado. Al contrario, su apuesta actual busca que la música campesina siga sonando viva, alegre y bailable. Por eso su espectáculo, conocido como Juan Ibarra Rumba Total, mezcla la guasca, la carranga y los ritmos tradicionales con formatos contemporáneos pensados para públicos de todas las edades.

De esa búsqueda nacieron propuestas como la Tropicarranga y el Tecnomerengue, dos apuestas que muestran que la tradición también puede moverse, cambiar de vestido y conversar con las nuevas generaciones sin perder su esencia.

“Nos interesa que la gente baile, pero también que reconozca de dónde viene esta música”, expresa Juan Ibarra Ojeda. “La raíz campesina no se abandona; se lleva con orgullo y se comparte con alegría”.

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Ese diálogo entre pasado y presente también se nota en la conformación del grupo. A la experiencia de la dinastía Ibarra (Juan, Jaime y Reynaldo) se suma una nueva generación de músicos jóvenes que le han dado frescura al sonido y a la puesta en escena. Camilo Arenis, de 20 años, en la guitarra; Sebastián Arenis, de 19, en el requinto; Jair Arenis, de 18, en los timbales; y Laura Nathaly Baena, de 20, en las congas, hacen parte de esa renovación.

La llegada de Laura Nathaly, además, le ha dado un nuevo aire al grupo. Su energía en las congas aporta fuerza, dulzura y presencia a una agrupación que entiende que renovarse también implica abrir espacios a otros talentos y sensibilidades.

“Los jóvenes nos han traído otra energía”, dice la dirección del grupo. “Ellos respetan la tradición, pero también llegan con ideas nuevas, con ganas de experimentar y de llevar esta música más lejos”.

Juan Ibarra y Los Chucureños han recorrido distintos escenarios de Santander, han llegado a más de 12 capitales colombianas y también han tenido presencia en escenarios internacionales. Recientemente, la agrupación viajó a Cartagena para participar en el festival Colombia Canta en Cartagena, realizado en el marco de la conmemoración de los 493 años de la Heroica, donde fueron invitados como referentes de la música tradicional de Santander.

Después de esa presentación, el grupo volvió a preparar maletas. Su agenda incluye compromisos en Cundinamarca, como Expo-Sibaté y la celebración del Día del Campesino, así como su participación en las tradicionales Ferias y Fiestas de San Vicente de Chucurí, un escenario que tiene para ellos un valor especial: cantar en casa siempre tiene otro sabor.

Porque si algo distingue a esta agrupación es que su historia no se entiende sin San Vicente de Chucurí. Allí, el nombre de Juan Ibarra no solo vive en las canciones. También está presente en las Escuelas de Formación Cultural y Artística Juan Ibarra, creadas por Acuerdo Municipal N.º 019 de 2004 como reconocimiento a su aporte al folclor y a la cultura local.

Ese reconocimiento no llegó de la noche a la mañana. Durante décadas, Juan Ibarra construyó un camino como cantautor, intérprete y agricultor. Su música fue creciendo de concurso en concurso, de fiesta en fiesta, de pueblo en pueblo. En 1972 participó en Bucaramanga durante la conmemoración de los 350 años de la ciudad y obtuvo el primer lugar con una canción dedicada a la capital santandereana. En 1990 logró un segundo puesto nacional en Sevilla, Valle, en un concurso de música guascarrilera.

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Su vida también ha despertado el interés de investigadores, gestores culturales y medios regionales. Ha sido visitado en su finca por programas culturales y proyectos documentales interesados en conocer no solo su música, sino también su manera de habitar el campo y de convertir la cotidianidad campesina en canción.

“Mi padre nos enseñó que la música no se hace solo para sonar bonito; también se hace para contar la vida”, afirma Juan Ibarra Ojeda. Y esa frase resume buena parte del espíritu de Los Chucureños: cantar lo propio, pero hacerlo con la suficiente alegría para que cualquiera pueda sentirse invitado a la fiesta.

Hoy, el grupo cuenta con un amplio catálogo musical. Son más de 200 canciones compuestas por Juan Ibarra y sus hijos, de las cuales más de 40 ya están disponibles en plataformas digitales. Ese paso al mundo del streaming ha permitido que canciones nacidas desde la raíz campesina lleguen a nuevas audiencias, incluso a oyentes que quizá nunca han estado en una vereda santandereana, pero que encuentran en esa música una forma de celebración.

La historia de la agrupación también llegará próximamente a la televisión regional con el documental Vida y Obra de Juan Ibarra, una producción que busca reconocer la trayectoria del fundador y el aporte de Los Chucureños al patrimonio musical de Santander y de Colombia.

Publicado por: Redacción Cultural

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