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Lunes 27 de julio de 2026 - 01:00 AM

Laberinto de la desmemoria: el hilo de Diana

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Hay lugares donde parquean la verdad, que encapsulan el alma de una nación, y no precisamente los monumentos patrios que la retórica oficial nos obliga a venerar. En Colombia, el alma de la impunidad suele oler a gasolina, a concreto húmedo y a papeles engavetados; por eso resulta tan demoledor e indispensable el ejercicio que hace Diana Salinas Plaza en su investigación sobre el llamado Parqueadero Padilla. En este laberinto de cemento y burocracia, la periodista no solo reconstruye un entramado de pasadizos físicos, sino el laberinto mental e institucional con el que el poder en este país suele desaparecer las pruebas, los nombres y la dignidad de las víctimas.

Salinas Plaza escribe con el rigor de quien sabe que la verdad entre nosotros es un artículo de lujo, sistemáticamente saboteado por el desinterés o la complicidad. Su investigación desentraña cómo un espacio aparentemente cotidiano se convierte en el centro de operaciones oscuras, en un agujero negro donde la justicia entra a ciegas y sale con las manos vacías. Al adentrarse en ese laberinto, la autora nos demuestra que la corrupción no es un evento aislado ni una manzana podrida; es una arquitectura milimétricamente diseñada, un laberinto donde cada giro y cada pared están pensados para que el ciudadano común pierda el rumbo y termine cansándose de buscar respuestas.

Lo que verdaderamente estremece del texto es su pulso narrativo. Salinas renuncia a la solemnidad aburrida de los informes oficiales y adopta la agudeza del periodismo que incomoda. No busca el aplauso fácil del escándalo del día, sino la disección fría y documentada de un sistema penal y político que funciona a la perfección para lo que fue creado: dilatar, confundir y archivar. Los hilos que se cruzan en ese parqueadero conectan el bajo mundo con los despachos más encumbrados, recordándonos que en la comedia nacional los papeles de villano y juez suelen ser intercambiables según la hora del día.

Aplaudir la “institucionalidad” mientras se ignoran estos sótanos de la historia es una muestra de hipocresía o de una preocupante ceguera voluntaria. El libro de Diana Salinas Plaza es un recordatorio de que la memoria en Colombia es un ejercicio de resistencia contra el olvido programado. Mientras sigan existiendo laberintos como el del Parqueadero Padilla, la única salida digna que nos queda como sociedad es seguir denunciando los planos de su construcción y negarnos a aceptar que la impunidad sea el único destino posible.

Mensæ tegumentum. Qué curioso que, al seguir este hilo de Ariadna (o de Diana, mejor), se llega siempre a los mismos nombres; de hecho, al mismo nombre. Como son las cosas en este país, ojalá Diana Salinas sepa cuidarse, porque periodistas como ella, definitivamente, valen la pena.

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