Agro
Domingo 13 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

Colombia busca ser potencia mundial de carne regenerativa

Colombia tiene tierra, agua, biodiversidad y uno de los hatos ganaderos más grandes de la región. El desafío ya no es producir más bajo el modelo tradicional, sino transformar la manera de producir para responder a una demanda mundial que exige alimentos y, cada vez más, trazabilidad ambiental.

Colombia tiene tierra, agua, biodiversidad y uno de los hatos ganaderos más grandes de la región. El desafío ya no es producir más bajo el modelo tradicional, sino transformar la manera de producir para responder a una demanda mundial que exige alimentos y, cada vez más, trazabilidad ambiental.
Colombia tiene tierra, agua, biodiversidad y uno de los hatos ganaderos más grandes de la región. El desafío ya no es producir más bajo el modelo tradicional, sino transformar la manera de producir para responder a una demanda mundial que exige alimentos y, cada vez más, trazabilidad ambiental.

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Publicado por: Jael Monroy Soto

Colombia atraviesa un momento paradójico en su relación con la carne de res. El sector ganadero ha tenido que resistir un año climático especialmente exigente: primero, un invierno muy fuerte que golpeó buena parte de los predios ganaderos, y más recientemente, las inclemencias del fenómeno de El Niño, con veranos intensos en varias regiones del país, sin contar lo que aún está por venir. En medio de ese panorama climático, el sector sigue respondiendo a la coyuntura año tras año, mientras el debate de fondo permanece pendiente. ¿Qué lugar quiere ocupar Colombia en un mundo que necesita producir más alimentos, con menos tierra disponible y bajo reglas ambientales cada vez más estrictas? La respuesta, cada vez más discutida entre productores y expertos, apunta hacia un mismo horizonte: convertir al país en una potencia de producción regenerativa de alimentos en general, con la carne y la leche como punta de lanza.

Un hato que sostiene al país

El sector ganadero no es un actor menor en la economía nacional. Su hato bovino se acerca a los 30 millones de cabezas, distribuidas en cientos de miles de predios a lo largo de departamentos como Antioquia, Meta, Casanare, Córdoba y Caquetá, que concentran la mayor parte del inventario. La actividad ocupa cerca del 32 % del territorio colombiano, unos 38 millones de hectáreas, y representa un aporte relevante tanto al producto interno bruto agropecuario como al empleo rural, siendo una de las principales fuentes de ingresos en amplias zonas del campo colombiano.

Mientras la demanda mundial de carne continúa creciendo y mercados internacionales elevan sus exigencias ambientales, Colombia enfrenta una decisión de fondo: seguir respondiendo a las coyunturas climáticas y económicas o convertir su ganadería en una potencia de producción regenerativa.

Esta magnitud, sin embargo, convive con una deuda estructural que no se le puede atribuir a los productores rurales, sino al sistema que los rodea: la mayor parte de la producción está en manos de pequeños y medianos productores que, durante años, han enfrentado serias dificultades para acceder a crédito, asistencia técnica y capacitación. No es que el crédito no exista, sino que rara vez está diseñado para su realidad, con tasas de interés muy elevadas y plazos que no son coherentes con los ciclos propios del sistema de producción ganadero. No es su escala lo que limita al sector, sino la falta de condiciones y de inversión pública y privada para acompañar su desarrollo, una brecha que ha frenado la modernización del sector y su transición hacia modelos más rentables.

Consumo interno, una demanda que no da tregua

El consumo de carne de res en Colombia enfrenta una tensión de fondo entre una demanda que, estructuralmente, no deja de crecer y una capacidad de pago de los hogares que no siempre acompaña este ritmo. El precio de la carne de res ha subido de forma notable en el último año, por encima del promedio de la inflación general, mientras que otras proteínas como el cerdo han mostrado comportamientos más estables o incluso a la baja. Esto obliga a muchas familias colombianas a repartir su presupuesto entre distintas opciones proteicas según su disponibilidad de ingreso. A esto se suma un dato que exige mirar más allá del corto plazo: distintos análisis proyectan que la demanda interna de carne seguirá creciendo de manera sostenida en las próximas décadas, una presión que pondrá a prueba la capacidad del país para producir de manera distinta y no bajo esquemas extensivos que ya han sido identificados como ambientalmente insostenibles.

Colombia tiene tierra, agua, biodiversidad y uno de los hatos ganaderos más grandes de la región. El desafío ya no es producir más bajo el modelo tradicional, sino transformar la manera de producir para responder a una demanda mundial que exige alimentos y, cada vez más, trazabilidad ambiental.
Colombia tiene tierra, agua, biodiversidad y uno de los hatos ganaderos más grandes de la región. El desafío ya no es producir más bajo el modelo tradicional, sino transformar la manera de producir para responder a una demanda mundial que exige alimentos y, cada vez más, trazabilidad ambiental.

Una mirada ágil al mercado mundial

El mundo necesita más carne. Estados Unidos atraviesa una contracción histórica de su propio hato ganadero, uno de los niveles más bajos en varias décadas, lo que ha impulsado los precios internacionales y llevó a ese país a abrir una ventana temporal para importar volúmenes adicionales de carne bovina. A esto se suma una tendencia de fondo: el crecimiento del consumo de carne en Asia-Pacífico, de la mano de mayores ingresos y hábitos de consumo cada vez más occidentalizados. En otras palabras, la demanda mundial de proteína animal no se está deteniendo; lo que está en juego es quién logra ofrecerla de manera competitiva y, cada vez más, respetando los tiempos de la naturaleza y regenerando en lugar de deteriorar el suelo que la sostiene.

Ahí es donde aparece la verdadera oportunidad para Colombia. El país tiene algo que muy pocos productores de carne y leche en el mundo pueden ofrecer al mismo tiempo: ubicación ecuatorial con luz solar todo el año, abundancia de agua, suelos con capacidad de regeneración y una extensión de tierra ganadera, cerca de 38 millones de hectáreas, que, bien gestionada, podría convertirse en uno de los activos ambientales más valiosos del planeta. El reto no es producir más al estilo tradicional, sino producir distinto.

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La ganadería regenerativa como apuesta de país

La ganadería ha sido señalada como uno de los usos más frecuentes dados a las áreas deforestadas en la Amazonía, la Orinoquia y los humedales del país, una relación real que el sector no puede ni pretende ignorar. Sin embargo, el peso exacto que se le atribuye a la actividad ganadera dentro de las emisiones globales de gases de efecto invernadero sigue siendo objeto de debate técnico: distintos espacios gremiales, incluidos congresos internacionales de ganadería sostenible, han cuestionado que esa responsabilidad se mida sin comparar su magnitud real frente a otras industrias, y advierten que reducir la discusión a una sola cifra invisibiliza tanto la capacidad de los suelos ganaderos bien manejados para capturar carbono como los avances ya logrados por el sector regenerativo. Más allá de ese debate, hay un punto en el que sí existe consenso: mercados como la Unión Europea avanzan hacia exigir que la carne no esté vinculada a la deforestación como condición de entrada, una normativa que ya existe, aunque su aplicación plena para los grandes operadores se aplazó hasta finales de 2026, lo que le da al sector colombiano una ventana de tiempo para prepararse y no para tomar el aplazamiento como una excusa para ignorarla.

Precisamente por ello, modelos sistémicos como la ganadería regenerativa que integran restauración de suelos, protección de fuentes hídricas, no deforestación y manejo intencional de la biodiversidad, acompañados de prácticas de agricultura regenerativa en los mismos territorios, dejaron de ser una curiosidad técnica para convertirse en una apuesta de competitividad real. Colombia ya cuenta con antecedentes que respaldan esta vocación.

Sobre esta base, extendemos una invitación directa al Gobierno Nacional: que la regeneración deje de ser una apuesta gremial aislada y se convierta en la hoja de ruta con la que Colombia se piensa a sí misma, un país regenerativo capaz de liderar la producción mundial de alimentos sin sacrificar sus suelos, su agua ni su biodiversidad.

  • Que la visión de la regeneración se traduzca en políticas públicas pensadas, estructuradas y dirigidas hacia la transición. Esta reconversión no puede seguir dependiendo de proyectos aislados ni de la buena voluntad de productores individuales; debe convertirse en una estrategia de Estado, con el mismo nivel de ambición con el que Colombia ha buscado posicionarse en el mundo a través del café o de las flores. Los ministerios de Agricultura y de Ambiente tienen, hoy, la oportunidad de liderar ese proceso.
  • Que esa política contemple, de manera explícita, mecanismos de crédito, asistencia técnica y capacitación diseñados para la realidad del pequeño y mediano productor, quienes hoy sostienen la mayor parte del hato nacional sin las condiciones que les permitan asumir por sus propios medios la transición hacia modelos regenerativos.
  • Que esta visión no se quede en el sector pecuario, sino que se extienda al conjunto de la actividad agropecuaria, dando forma a una verdadera Colombia Regenerativa que articule ganadería, agricultura y manejo del territorio bajo un mismo propósito de Estado.
  • Que, con esa hoja de ruta trazada, Colombia se proponga abiertamente convertirse en potencia mundial de producción de alimentos regenerativos, aprovechando su geografía, su biodiversidad y la experiencia técnica que ya han construido sus productores y sus gremios para ofrecerle al mundo lo que, cada vez con más urgencia, está empezando a pedir. El horizonte de productor de carne a potencia regenerativa

La ganadería colombiana está ante una oportunidad que va mucho más allá de aumentar el número de cabezas de ganado. Con cerca de 38 millones de hectáreas dedicadas a esta actividad, el país podría convertir su territorio, biodiversidad y capacidad productiva en una ventaja para conquistar los mercados que vienen.

Nuestro país tiene, al mismo tiempo, tierra, agua, biodiversidad, un hato de talla considerable y una demanda mundial de proteína que no da señales de detenerse. Lo que todavía no tiene es una estrategia nacional consolidada que una esos activos bajo un mismo propósito. Ahí está la verdadera oportunidad: no competir con países vecinos en volumen, sino diferenciarse produciendo alimentos, con la carne y la leche a la cabeza, bajo un modelo sistémico regenerativo que le permita a Colombia entrar por la puerta grande a mercados que ya exigen, o exigirán pronto, trazabilidad ambiental como condición de acceso.

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La ganadería colombiana llega así a un cruce de caminos. Puede seguir respondiendo a la coyuntura año tras año, un invierno fuerte, un verano intenso, una tasa de cambio desfavorable, un mercado que se abre o se cierra, o puede asumir un compromiso de mayor aliento y convertirse en referente mundial de producción regenerativa de alimentos, aprovechando lo que la geografía ya le dio y lo que el mundo, cada vez con más urgencia, está empezando a pedir. Para lograrlo, es hora de voltear los ojos hacia los gremios que ya lideran la transición regenerativa en el país, cuyo trabajo de campo, formación y acompañamiento a los productores ha sentado las bases de un modelo que hoy Colombia puede escalar como política de Estado.

Publicado por: Jael Monroy Soto

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