Agro
Lunes 27 de julio de 2026 - 01:00 AM

Fenómeno de El Niño: ¿Cómo preparar su finca para la sequía?

Tratar el agua como una emergencia de temporada es el error más costoso del sector agropecuario. Un predio rentable no reacciona ante la sequía: planifica su gestión hídrica todo el año para resistir tanto el fenómeno del Niño como el exceso de lluvias.

La falta de planificación hídrica destruye la productividad del suelo y la rentabilidad del hato ganadero mucho antes de que llegue la sequía. Frente a la amenaza recurrente del fenómeno de El Niño, prácticas como la cosecha de agua lluvia, la protección de nacimientos y la rotación de potreros dejan de ser medidas de emergencia para convertirse en inversiones estratégicas para el campo.
La falta de planificación hídrica destruye la productividad del suelo y la rentabilidad del hato ganadero mucho antes de que llegue la sequía. Frente a la amenaza recurrente del fenómeno de El Niño, prácticas como la cosecha de agua lluvia, la protección de nacimientos y la rotación de potreros dejan de ser medidas de emergencia para convertirse en inversiones estratégicas para el campo.

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Publicado por: Jael Monroy Soto

Cada vez que se anuncia un nuevo episodio del Fenómeno del Niño, el país entero voltea a mirar el campo. De repente, todos hablamos de sequía, de racionamiento, de ganado sediento y potreros quemados. Se activan alertas, se convocan mesas técnicas, se reparten cartillas de recomendaciones. Y, en cuestión de meses, el tema desaparece de la conversación pública con la misma velocidad con la que llegó. El agua, sin embargo, no funciona así. No es un problema de temporada, es una condición permanente de la producción agropecuaria, y tratarla como una emergencia coyuntural es, con seguridad, uno de los errores más costosos que seguimos cometiendo en el campo.

He escrito en columnas anteriores sobre la importancia de contar con sistemas de drenaje para manejar el exceso de agua en el suelo, porque cuando el agua no se controla, las raíces se asfixian y aumentan las enfermedades. Este mismo principio (el de evitar que el agua nos tome por sorpresa) aplica exactamente igual en el sentido contrario. La sequía y el exceso hídrico son, en realidad, dos caras de la misma falta de planificación. Un predio que no gestiona bien el agua cuando sobra, tampoco tendrá reservas cuando escasee.

El error de pensar en el agua solo cuando falta

La lógica reactiva es comprensible, es más fácil movilizarse frente a una crisis visible que invertir tiempo y recursos en algo que parece innecesario. No obstante, esa misma lógica es la que nos deja desprevenidos cada vez que se anuncia un Niño fuerte (como es el caso actual). Las fincas que hoy sufren con mayor severidad la escasez no son necesariamente las de menor precipitación anual, sino las que nunca construyeron capacidad de almacenamiento ni protegieron sus fuentes hídricas en etapas de abundancia.

El manejo del agua no puede seguir siendo una respuesta de coyuntura. Hay que convertirlo en una línea permanente de gestión del predio, con la misma seriedad con la que se planifica la nutrición del suelo, la genética del hato o la comercialización de la producción.

La falta de planificación hídrica destruye la productividad del suelo y la rentabilidad del hato ganadero mucho antes de que llegue la sequía. Frente a la amenaza recurrente del fenómeno de El Niño, prácticas como la cosecha de agua lluvia, la protección de nacimientos y la rotación de potreros dejan de ser medidas de emergencia para convertirse en inversiones estratégicas para el campo.
La falta de planificación hídrica destruye la productividad del suelo y la rentabilidad del hato ganadero mucho antes de que llegue la sequía. Frente a la amenaza recurrente del fenómeno de El Niño, prácticas como la cosecha de agua lluvia, la protección de nacimientos y la rotación de potreros dejan de ser medidas de emergencia para convertirse en inversiones estratégicas para el campo.

Prácticas que no dan espera

La buena noticia es que existen herramientas probadas, muchas de ellas de bajo costo relativo frente al impacto que generan:

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Cosecha de agua lluvia. Reservorios, jagüeyes y tanques de almacenamiento permiten capturar el agua en época de lluvias para disponer de ella en los meses secos. No se trata de obras faraónicas; en muchos casos, pequeños embalses artesanales bien ubicados en la topografía del predio son suficientes para sostener un hato durante varias semanas de déficit hídrico.

Protección de nacimientos y rondas hídricas. Cercar las fuentes de agua, mantener franjas de vegetación nativa alrededor de nacederos y quebradas, y evitar el acceso directo del ganado a estos cuerpos de agua no solo protege la calidad del recurso, sino que sostiene su caudal en el tiempo. Un nacimiento sin protección se degrada progresivamente, y con él se pierde la principal fuente de agua de muchos predios de ladera.

Cercas vivas y cobertura vegetal en las cuencas. Los árboles y arbustos en las zonas altas de las microcuencas regulan la infiltración y reducen la escorrentía. Menos escorrentía significa más agua que se queda en el suelo, en lugar de perderse aguas abajo, y suelos con mejor cobertura retienen humedad de forma mucho más eficiente que suelos desnudos o compactados.

Manejo de curvas de nivel y retención en el suelo. Diseñar el terreno para que el agua se quede donde cae es mejor que dejarla correr; es una de las estrategias más efectivas y menos costosas para acumular humedad en el perfil del suelo. Pequeñas obras de tierra, bien ubicadas siguiendo la topografía, pueden transformar la capacidad de un predio para atravesar meses secos sin colapsar.

Rotación de potreros. Un sistema de pastoreo racional bien planificado protege la cobertura vegetal, evita la compactación del suelo por sobrepastoreo y mantiene una capa de materia orgánica que funciona como una esponja natural, capaz de retener humedad por más tiempo que un potrero degradado y pisoteado de forma continua.

Tratar el agua como una emergencia de temporada es el error más costoso del sector agropecuario. Un predio rentable no reacciona ante la sequía: planifica su gestión hídrica todo el año para resistir tanto el Fenómeno del Niño como el exceso de lluvias.

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Más que prevención, productividad constante

Es tentador enmarcar todo esto exclusivamente como una medida de prevención de crisis, pero reducirlo a eso sería quedarnos cortos. Un predio con manejo hídrico permanente no solo sobrevive mejor a una sequía, produce mejor todo el año. Los pastos con acceso a humedad estable son más resistentes y de mejor calidad nutricional. El ganado sometido a menos estrés hídrico gana peso de forma más uniforme y presenta menos problemas reproductivos. Los suelos con buena infiltración y cobertura son, en sí mismos, más fértiles y productivos, independientemente de si estamos en año Niño, año Niña o en un año climáticamente neutro.

En otras palabras, el agua bien gestionada no es un seguro contra el desastre, es una inversión que se paga todos los días del año, esté lloviendo o no.

La falta de planificación hídrica destruye la productividad del suelo y la rentabilidad del hato ganadero mucho antes de que llegue la sequía. Frente a la amenaza recurrente del fenómeno de El Niño, prácticas como la cosecha de agua lluvia, la protección de nacimientos y la rotación de potreros dejan de ser medidas de emergencia para convertirse en inversiones estratégicas para el campo.
La falta de planificación hídrica destruye la productividad del suelo y la rentabilidad del hato ganadero mucho antes de que llegue la sequía. Frente a la amenaza recurrente del fenómeno de El Niño, prácticas como la cosecha de agua lluvia, la protección de nacimientos y la rotación de potreros dejan de ser medidas de emergencia para convertirse en inversiones estratégicas para el campo.

Preferir la gestión y no la reacción

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Si insisto en que la finca del futuro debe administrarse como una empresa, el manejo del agua tiene que ser parte central de esa planificación empresarial, y no un capítulo de emergencia que solo se abre cuando los noticieros hablan de racionamiento. Así como se hace un presupuesto anual, un plan de fertilización o un calendario reproductivo, cada predio debería contar con un plan de gestión hídrica: dónde están sus fuentes, cuál es su capacidad real de almacenamiento, qué zonas de recarga necesita proteger y qué inversiones progresivas puede hacer, año tras año, para no depender de la suerte cuando llegue el próximo fenómeno climático.

El agua no avisa cuándo va a escasear, ni cuándo va a sobrar con la anticipación suficiente para improvisar soluciones. Pero sí nos da, todos los años, la oportunidad de prepararnos. La pregunta que deberíamos hacernos como sector no es qué haremos cuando llegue el próximo Niño o la Niña, sino qué estamos haciendo hoy para que ese día nos encuentre listos.

Publicado por: Jael Monroy Soto

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