La entrada puede parecer el mayor desembolso, pero transporte, comida, ropa y otros consumos terminan cambiando por completo la cuenta. Un fin de semana de festival puede costar mucho más de lo que se imagina al principio.

Publicado por: Redacción Tendencias
Asistir a un festival de música durante un fin de semana puede implicar mucho más que pagar la entrada. Entre transporte, alimentación, ropa, accesorios y otros consumos asociados a la experiencia, el gasto total por persona puede ubicarse entre $1,2 millones y $3,8 millones, sin contar alojamiento.
Una estimación elaborada alrededor del Festival Cordillera plantea tres escenarios de consumo. En el más económico, una persona que compre entrada general, utilice transporte público o compartido, controle sus gastos de comida y recurra a prendas que ya tiene podría invertir entre $1,2 y $1,4 millones durante el fin de semana.
El presupuesto aumenta cuando el vestuario se convierte en parte importante de la experiencia. En un perfil de consumo intermedio, el gasto total puede situarse entre $1,6 y $2 millones. Allí se contemplan entre $100.000 y $150.000 para transporte, de $300.000 a $400.000 para alimentación y hasta $300.000 destinados a prendas y accesorios.
En un escenario de mayor gasto, con una entrada de categoría superior y mayores desembolsos en movilidad, comida y vestuario, la cuenta puede superar los $3,2 millones y acercarse a los $3,8 millones por persona. Solo el transporte puede representar entre $250.000 y $350.000, mientras que la alimentación podría alcanzar los $600.000 y el vestuario y los accesorios, hasta $500.000.
Así, asistir al mismo evento puede representar una diferencia de más de $2 millones entre una persona y otra, dependiendo de sus decisiones de consumo.
Uno de los gastos más variables es precisamente la ropa. Prepararse para un festival puede llevar a comprar camisetas, pantalones, chaquetas, zapatos, gafas o accesorios, aunque buena parte de esos elementos también puede reutilizarse o adquirirse de segunda mano.
La reutilización de prendas aparece, en ese sentido, como una opción para reducir costos. Comprar ropa usada, recurrir al clóset propio o vender posteriormente algunas de las prendas adquiridas para el evento puede disminuir el impacto económico de un vestuario pensado para una sola ocasión.
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Las cifras muestran que alrededor de los grandes festivales se mueve una economía que va mucho más allá de la boletería. La experiencia también involucra decisiones sobre movilidad, comida, moda y entretenimiento, factores que terminan definiendo cuánto cuesta realmente ser festivalero.













