Durante el XII Congreso de Filosofía, los estudiantes de la Institución Educativa José Celestino Mutis asumieron con madurez el reto de debatir sobre los límites de la era digital y la vulneración de la privacidad, especialmente entre los jóvenes. A través de sus reflexiones, pusieron en evidencia cómo las redes sociales y la inteligencia artificial, aunque facilitan la comunicación y el acceso al conocimiento, también exponen la intimidad y moldean comportamientos sin que siempre seamos conscientes de ello.
Por las aulas de la Institución Educativa José Celestino Mutis, en Bucaramanga, no solo se escuchan fórmulas o teorías gramaticales: también se respira pensamiento. De hecho, el colegio volvió a ser epicentro de un encuentro donde las preguntas pesan más que las respuestas. Se trata del XII Congreso de Filosofía, un espacio que, más que un certamen académico, se ha convertido en una experiencia viva de formación ciudadana.
El tema de este año, “Privacidad y vigilancia en la era digital”, puso a los jóvenes estudiantes frente a uno de los dilemas más complejos de nuestro tiempo: cómo defender el derecho a la intimidad en un mundo que todo lo observa.
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Desde los más pequeños de primaria hasta los jóvenes de grado once, los pasillos del colegio se llenaron de voces que debatían sobre inteligencia artificial, redes sociales, cámaras de seguridad y las huellas digitales que dejamos, casi sin darnos cuenta, en cada clic.

“Hoy los jóvenes entienden que pensar también es una forma de protegerse”, señala María Inés Castellanos Fajardo, docente del área de Filosofía y promotora del congreso desde el año 2014.
Ella ha visto cómo, año tras año, el certamen se ha transformado en una verdadera escuela de pensamiento crítico: “No se trata solo de hablar de teorías, sino de traer la filosofía a la vida diaria, a los dilemas que todos enfrentamos cuando usamos un celular o publicamos algo en redes”.

Durante la actividad, los estudiantes presentaron 28 de 98 ponencias elaboradas en clase, en las que abordaron la tensión entre el derecho individual a controlar la información personal y la capacidad creciente de gobiernos y empresas para recolectar y analizar datos.
Algunos hablaron sobre la sofisticación de la vigilancia mediante la inteligencia artificial y el reconocimiento facial; otros, sobre la necesidad de usar contraseñas seguras, y configurar bien la privacidad de las plataformas digitales.
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El colegio se convirtió, por momentos, en un ágora. En los debates, los jóvenes cuestionaron la delgada línea entre seguridad y control, entre transparencia y exposición: “La tecnología nos da poder, pero también puede deshumanizarnos y volvernos perezosos a la hora de pensar y asumir la vida cotidiana”, dijo Keyra Yulitza Quintero Navarro, estudiante de undécimo grado.

Para la rectora Dalgi Esperanza Ortega Suárez, el congreso no solo promueve la reflexión ética, sino que fortalece la educación integral: “Estos espacios nos ayudan a identificar los riesgos que trae la vida digital, pero también a aprovechar sus ventajas para optimizar los procesos de aprendizaje. Filosofar en el siglo XXI es aprender a pensar con conciencia, incluso frente a las pantallas, las redes y en general en todo lo digital”, asegura.
La docente Castellanos Fajardo añade un dato que confirma el impacto del certamen: “Gracias a este ejercicio, el rendimiento en lectura crítica de nuestros estudiantes ha mejorado notablemente en los últimos exámenes de Estado”. Y no es casualidad: los temas de lógica, ética y metafísica se abordan con herramientas modernas, desde simulaciones digitales hasta análisis automatizados de textos clásicos, haciendo de la filosofía una experiencia tangible y cercana.

Este año, además, el congreso trascendió las fronteras del plantel. Participaron estudiantes y docentes de otras instituciones, como: San Alberto Magno (Cesar), Comfenalco (Bucaramanga), Vicente Azuero (Floridablanca), Trinidad Camacho (Cite, Santander), y Dámaso Zapata, ‘Tecnológico’, de Bucaramanga.

Entre todos, demostraron que la filosofía sigue viva, que pensar no es una tarea del pasado, sino un acto urgente del presente.

De manera particular, la profesora María Consuelo Albarracín, en representación del colegio Vicente Azuero, destaca que es inspirador ver a los estudiantes reflexionar y debatir sobre un tema tan actual y desafiante como la privacidad en la era de la inteligencia artificial: “Este congreso de filosofía demuestra que no solo formamos jóvenes con conocimiento técnico, sino también con pensamiento crítico y sentido ético”.
En el José Celestino Mutis, la filosofía no se enseña para repetir conceptos, sino para entender el mundo que miramos -y que nos mira- desde las pantallas. Y en tiempos de algoritmos y datos invisibles, esos jóvenes filósofos de Bucaramanga parecen tener claro que pensar sigue siendo la mejor forma de ser libres.
Gran mensaje

La reflexión de los jóvenes dejó una lección clara: en un mundo donde la tecnología parece saberlo todo de nosotros, pensar críticamente es la primera forma de proteger la libertad personal.
















