Uno de los doce buses duales que llegaron de Medellín se varó; otro de ellos protagonizó un accidente vial.

En su esperado regreso a las calles de Bucaramanga, el sistema Metrolínea vivió dos episodios que no pasaron desapercibidos. Apenas un día después de iniciar operaciones con los 12 buses duales, que llegaron de Medellín, uno de ellos quedó inmóvil en el norte de la ciudad y otro participó en un singular accidente vial.
La primera escena, la del vehículo que se varó, fue registrada por varios conductores que transitaban por la zona, quienes difundieron videos acompañados de comentarios que reflejaban sorpresa y molestia.
El hecho, que para muchos simbolizó “otro fallo más” en un sistema que intenta recuperar la confianza ciudadana, fue explicado por el gerente de Metrolínea, Emiro José Castro Meza. Según su versión, “se trató de un incidente aislado con un vehículo que no hacía parte de la operación regular del momento, el cual fue atendido oportunamente sin afectar el servicio”.
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El funcionario agregó que el bus, en realidad, se habría quedado sin combustible debido a un error de cálculo durante una jornada de pruebas internas: “Estaban haciendo pruebas de conductores en el Patio Taller del Norte y el operario no tuvo la precaución de detener la operación antes de que el vehículo se quedara sin gas natural vehicular. No fue un bus que estuviera en ruta ni afectó a los usuarios”, precisó Castro Meza.
En cuanto al vehículo que participó en un percance vial, el Gerente explicó: “Lo que sucedió fue que un menor de edad, sin licencia y en moto, esquivó la señal de PARE cuando el bus iba saliendo de la estación de la UIS, y el bus se lo llevó por delante. No hubo mayores consecuencias; de hecho, el vehículo ya está en operación”.
Para varios ciudadanos, los dos hechos -aunque menores- dejan en evidencia la fragilidad de un sistema que busca reivindicarse después de años de deterioro e inconformidad. “Sea o no parte de la operación, uno espera que todo funcione al cien por ciento, más con la inversión que se ha hecho”, comentó Libardo Sánchez, residente del norte de Bucaramanga.
Otros usuarios se mostraron más comprensivos, aunque no ocultaron su desconfianza: “Si fue una falla menor, bueno, se entiende. Pero ojalá no sea la excusa de siempre. Lo que queremos es que el sistema se mantenga estable, porque ya bastante hemos sufrido con la falta de buses”, señaló Javier Rosales, usuario habitual del sistema.
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Lo cierto es que los percances ocurrieron justo cuando Metrolínea reportaba un balance positivo de su primer día de operación, con entre 600 y 700 pasajeros movilizados y frecuencias de paso de aproximadamente diez minutos. El contrato de arrendamiento de los nuevos buses duales estará vigente hasta el 31 de diciembre de este año.
Aunque la administración del sistema insiste en que lo ocurrido no compromete la prestación del servicio, estos episodios sirven como recordatorio de que Metrolínea continúa bajo la lupa ciudadana.
¿Y las estaciones?
Las estaciones del Metrolínea presentan un estado lamentable. Basta recorrer cualquiera de ellas para evidenciar el abandono: paredes destruidas, vidrios rotos, torniquetes fuera de servicio, techos oxidados y señalización deteriorada que apenas cumple su función.
A pesar de la llegada de los 12 buses y de la reactivación del servicio, las estaciones siguen siendo el reflejo más claro del deterioro del sistema. Muchos ciudadanos aseguran que no basta con renovar la flota si los puntos de acceso permanecen en ruinas. Los portales y paraderos, cubiertos de grafitis y basura, proyectan una imagen de abandono institucional que contrasta con las promesas de mejoramiento.

El panorama, según los usuarios, resulta desolador y exige una intervención urgente. La confianza, perdida durante años de deterioro, se recupera con hechos, no con declaraciones.
Los primeros días de operación dejan una lección clara: no basta con poner los buses en marcha; también hay que demostrar que el sistema puede mantenerse en movimiento y con la mayor seguridad del caso.

















