Once personas pasaron de la calle a la universidad, graduándose en la UNAB como símbolo de inclusión, dignidad y esperanza, demostrando que cuando hay oportunidades, la vida renace otra vez. Conozca esta conmovedora historia de transformación e inclusión social.
En el auditorio menor de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, UNAB, se realizó una ceremonia especial en la que no solo se entregaron certificados: se celebraron historias de vida que decidieron cambiar de rumbo. Once personas que hasta hace poco habitaban las calles de la ciudad se graduaron con éxito de un curso universitario, culminando un proceso de inclusión social que hoy se convierte en símbolo de esperanza, dignidad y segundas oportunidades.
La jornada fue profundamente emotiva. Para quienes durante años cargaron con el peso del rechazo, la exclusión y el olvido, sentarse en un aula universitaria, escuchar su nombre y recibir un certificado representó mucho más que un logro académico: fue el reconocimiento de su valor como ciudadanos y como seres humanos.
Pasaron, como ellos mismos lo expresan, “de la calle a la U”, demostrando que la calle no es el final, sino el inicio de un cambio posible.
El proceso formativo hizo parte del programa “Universidad para la esperanza y la transformación”, una iniciativa liderada por la concejala Daniela Torres Zárate, con el acompañamiento de la Fundación para la Libertad (Funpaliber) y la Dirección de Transformación Social de la UNAB.
Durante varias semanas, los participantes asistieron de manera constante a clases, compartieron experiencias y reconstruyeron la confianza en sí mismos.
Este proyecto se enmarca en el Acuerdo 065 de 2025, una estrategia que busca abrir caminos reales de inclusión laboral y social para la población en situación de calle, comprometiendo a la institucionalidad a brindar oportunidades concretas de resocialización y empleo. “Lo que se celebró el pasado viernes fue, precisamente, la materialización de esa política pública con rostro humano”, dijo la concejala Torres Zárate.
Entre los graduados estuvo Jorge Armando Rodríguez Caballero, de 41 años, quien encontró en este proceso una oportunidad para reconciliarse con la vida: “Fue una nueva puerta que se abrió para mí. Volver a sentirme parte de la sociedad, aprender, escuchar y ser escuchado me devolvió la esperanza”, expresó al finalizar el acto.
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También Julián Andrés Lizcano Saavedra vivió la graduación como un reencuentro con sus sueños: “Sentirme nuevamente estudiante universitario me recordó que puedo levantarme, que los errores no nos definen y que siempre hay tiempo para empezar de nuevo”, dijo con emoción mientras sostenía su certificado.
Durante el curso, los participantes fortalecieron capacidades humanas, habilidades de relacionamiento, conocimientos sobre derechos y herramientas productivas y laborales, en un proceso académico de 20 horas que priorizó el acompañamiento, el respeto y la inclusión. Cada clase fue un espacio para sanar, aprender y proyectarse hacia el futuro.
Desde la UNAB, el mensaje fue claro: la inclusión no es un discurso, es una acción. “Creemos en construir posibilidades distintas y en acompañar procesos que transforman vidas”, señalaron desde la Dirección de Transformación Social, al destacar la motivación y el compromiso de quienes hoy celebran su graduación.
La ceremonia del pasado viernes cerró un ciclo, pero abrió muchos caminos. Los aplausos, las sonrisas y las lágrimas confirmaron que, cuando la sociedad decide tender la mano, los cambios son reales. Once historias de vida lo demuestran: la calle no fue el final, fue el punto de partida de un mejor horizonte.

















