Agradecer en medio del dolor es difícil, pero no lo es para un niño como Dylan y su abuela. Dos personas que aun después de que se encendiera su casa y lo perdieran todo, agradecen seguir con vida. Esta es su historia.

“¿Mamá, cómo va a llegar el Niño Dios si ya no estoy en mi casa?” fue una de las primeras preguntas de Dylan Torres hacia doña Rita, su abuela, a quien desde pequeño llama mamá.
Llegar al barrio 12 de Octubre en Bucaramanga significa ver caras de dolor y desconcierto. No es para menos; el 12 de diciembre, un grave incendio consumió 58 casas. Parece coincidencia, pero la tragedia ocurrió el día 12 del mes 12 en el barrio 12 de Octubre.
En esa noche, pasaban las nueve, mientras doña Rita veía televisión como todas las noches, Dylan jugaba con sus carritos de juguete en su cuarto. Parecía ser una noche como todas las demás. El esposo de doña Rita estaba en Zapatoca viajando. En casa solo estaban ella, Dylan y sus tres mascotas.

A pocos metros de la casa, al parecer, otro hogar se estaba empezando a incendiar. “Doña Rita, deme las llaves que se está quemando mi casa”, fue el grito desesperado del hombre que vivía en la casa donde inició todo. Pasaron pocos segundos antes de que las casas cercanas comenzaran a prenderse en llamas.
Lo primero que hizo doña Rita fue salir corriendo con su nieto y dos pipetas de gas que tenía en la casa, para evitar que el fuego se extendiera más. Mientras tanto, Dylan, en lo primero que pensó fue en buscar un maletín para llevarse algo de ropa y su cuadro de graduación de quinto primaria. Hace menos de un mes, el 25 de noviembre, Dylan sonreía por su logro. Allí estuvo con su familia: su mamá, su abuela y su abuelo. Un retablo grande con la foto del niño sosteniendo el cartón, una foto de él junto a su mamá y otra de Dylan, su mamá, su abuela y su abuelo, fue lo que él logró rescatar en una bolsa transparente.

Dylan siempre ha tenido un acompañante: Ruso lleva cinco años con él y su familia; es su mejor amigo. El perrito estaba en la casa cuando todo comenzó a incendiarse.
Como si fuera un milagro de esos que solo se ven en las películas, Dylan, desesperado, empezó a llamar a Ruso, después de varios intentos, apareció ileso, sano y salvo. Pero ese mismo milagro no ocurrió con los dos gatos de la casa; Minina y Niño no lograron salir con vida mientras todo se quemaba.
La historia todavía duele y quizás dolerá por siempre. Doña Rita vivía allí hace dos años y tenía una tienda que administraba; todo se quemó. “Intento ser fuerte por el niño; ya no tengo más lágrimas”, dice cada vez que recuerda esa noche.
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Igual que ella, 58 familias más lo perdieron todo dentro de sus hogares.
“Gracias a Dios estamos con vida” es una de las frases que más repite esta humilde mujer. Ella, en medio de tanto, ha sido muy fuerte y agradece que, a pesar de todo, tienen vida y eso es lo más importante, afirma.
Además, están viviendo en la casa de uno de sus vecinos. Al barrio han llegado ayudas de fundaciones, organizaciones y personas solidarias que han querido apoyar.

Dylan tiene 11 años, es un menor muy inteligente, le gusta leer, ir al colegio y siempre tiene las mejores calificaciones. Desde que estaba en preescolar, tiene una pasión: escribe cuentos sobre animales y personas.
“Me gusta escribir porque me inspiro en los cuentos que leo”, dice con determinación. Nada ni nadie podrá apagar sus sueños. Quiere ser ingeniero y prestar servicio militar. “Me gusta ayudar”, lo dice con firmeza.
No hay duda de que Dylan logrará todo lo que se proponga; su fortaleza, inteligencia y el amor de su familia, así como el de Ruso, le darán las fuerzas necesarias para que esa horrible noche quede solo en sus recuerdos.
Dylan quiso escribir su historia. Estuvo en la sala de redacción de Vanguardia y esta es su narración:
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“Un día, en el sector llamado Las Pilas, se incendiaron unas casas, se quemó una casa. Y entonces una vecina, como tenía unas niñas de 2, 4 y 6 años, las llevó a mi hogar para resguardarlas porque la casa de la vecina estaba al lado de la que se incendió.
Nos dijeron que sacáramos los cilindros de gas porque eso explotaba y quemaba más las casas, yo escuché eso, salté de mi litera y puse en un pequeño bolso algo de ropa y mi cuadro de cuando me gradué hace poco de la escuela.
Saqué a mi perro porque él es mi compañero y parte de la familia. Salimos viendo cómo se quemaba todo, después fuimos todos a la cancha de tierra, yo no vi a mi perro y empecé a llorar.
Corría a buscar a mi perro, llamado Ruso, no me importó ir al fuego y mi mamá corriendo atrás de mí diciendo que regresara. No le presté atención porque solo quería salvar a mi perro, que es mi compañero desde los 6 años. No pude salvar a mis dos gatos, pero sí a mi perro.
Mi gata estaba embarazada y mi gato estaba chiquito, me siento muy triste por eso.
Me acuerdo que mis gatos dormían en la cama con mi mamá y conmigo, ellos se echaban en los pies de nosotros. Mi gata era bonita y yo la quería mucho. Mi gato era travieso pero bueno con nosotros. Mi gata me quería porque me molestaba, ella creía que yo era su hijo, me quería mucho y yo también, aunque ella ya no esté, yo la sigo queriendo y a mi gato igual. Sé que estarán muy bien en el cielo con Dios. Los extraño mucho.
Espero que a ningún niño se le muera una mascota.
Cuando grande quiero ser ingeniero de Ecopetrol y prestar servicio militar a los 18 años. Me gusta la profesión de ingeniería petrolera”.


Dylan y su familia estarían muy agradecidos de poder recibir apoyo para la compra de los uniformes y útiles escolares para que él pueda ir a su colegio el próximo año. Si usted desea ayudar, puede comunicarse al número 3005603283.
















