En muchos hogares se manifiesta con el llanto débil de un bebé, un cuerpo que no crece. Esta es una realidad silenciosa que golpea cientos de familias.

El hambre no solo se refleja en condiciones socio económicas adversas, sino que también conlleva serias consecuencias para la salud, como la desnutrición con impactos de por vida para los menores de edad.
En Santander, durante el año pasado, 472 niños y niñas menores de cinco años fueron diagnosticados con desnutrición aguda. En lo que va de este año, otros 13 menores ya se han sumado a esta cifra.
Según el Instituto Nacional de Salud (INS), en 2025 se registraron 22 casos más de los esperados. Aún así, se evidencia un descenso de 171 casos frente al cierre de 2024, cuando se reportaron 643 niños y niñas con desnutrición aguda en el departamento.
Lea también: Cuando no alcanza ni para el ‘corrientazo’
Las cifras evidencian que la desnutrición continúa siendo una realidad que golpea a Santander, pese a los esfuerzos institucionales por mitigarla. Detrás de estos números hay, al menos, 472 hogares que durante el año anterior enfrentaron dificultades que impidieron garantizar una alimentación adecuada para sus hijos.
De acuerdo con el Boletín Epidemiológico Departamental, los casos se concentran en 15 de los 87 municipios del departamento. El área metropolitana de Bucaramanga reúne cerca del 50 % de los registros, distribuidos así: Bucaramanga con 96 niños y niñas, Girón con 55 menores de cinco años, Piedecuesta con 39 casos y Floridablanca con 19 niños y niñas en condición de desnutrición, y solo Barrancabermeja tuvo 110 casos.

Algunos datos dan cuenta de las condiciones asociadas a esta problemática. Por ejemplo, el 72 % de los casos se presentó en niños pertenecientes a familias vinculadas al régimen subsidiado de salud, y el 30 % de estos hogares se ubican entre zonas rurales dispersas y centros poblados.
Según las estadísticas, la tasa de desnutrición aguda en el departamento es de 0,32 por cada 100 menores de cinco años, lo que ubica a Santander en el puesto 15 a nivel nacional por número de casos reportados.
Publicidad
Afortunadamente, durante el año anterior, no se registraron muertes por esta causa en el departamento. Sin embargo, más allá de las cifras, y de la difícil situación para cientos de familias en el departamento, es una realidad que niños y niñas crecen con desnutrición, y con graves consecuencias en su desarrollo.
¿Cuáles son las consecuencias para su desarrollo?
Consultada por Vanguardia, la médica pediatra Alexandra Verjel Arenas, coordinadora del Programa Madre Canguro del Hospital Universitario de Santander, explicó que la desnutrición infantil tiene consecuencias profundas y duraderas en el desarrollo integral de los niños.
“Durante los primeros años de vida, el cuerpo y el cerebro crecen rápidamente y requieren una alimentación adecuada en cantidad y calidad. Cuando esto no ocurre, pueden presentarse retrasos en el crecimiento, bajo peso y menor talla para la edad”, precisó la especialista.
La pediatra enfatizó en los efectos sobre el desarrollo cognitivo y emocional. “Los niños desnutridos pueden presentar dificultades de aprendizaje, problemas de memoria y bajo rendimiento escolar. También pueden manifestar alteraciones neurosensoriales, como intolerancia a ciertas texturas o al contacto físico, además de menor capacidad de concentración y retrasos en el desarrollo del lenguaje”, explicó.
A estas consecuencias se suman impactos a largo plazo. Verjel Arenas advirtió que la desnutrición puede predisponer a enfermedades crónicas en la adultez y debilitar el sistema inmunológico, aumentando el riesgo de infecciones y otras patologías.

En este sentido, hizo un llamado a las familias para realizar un seguimiento adecuado a la nutrición y al desarrollo de los niños desde la gestación. “Garantizar una alimentación equilibrada desde el embarazo y durante la infancia, junto con controles pediátricos regulares, es fundamental para asegurar un crecimiento saludable y un desarrollo pleno”, concluyó.
Publicidad
¿Qué estrategias existen para prevenir la desnutrición?
Tanto desde el Estado como desde el sector privado existen iniciativas para combatir esta realidad. El año pasado, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) estableció una alianza con el Hospital Universitario de Santander y el Hospital Regional del Magdalena Medio para acompañar y garantizar atención nutricional y diagnósticos oportunos a 3.100 niños, niñas, madres gestantes y lactantes en riesgo de desnutrición en el departamento.
Esta estrategia, denominada Servicio Integrado de Atención y Prevención de la Desnutrición, priorizó durante 2025 a 27 municipios de Santander, beneficiando a 1.200 personas, además de asignar 900 cupos al Magdalena Medio, una de las regiones con mayor número de casos, especialmente en Barrancabermeja.
Según la entidad, se destinaron más de $7.000 millones para atender a familias de municipios como Bucaramanga, Floridablanca, Piedecuesta, Los Santos, Girón, Lebrija, Rionegro, El Playón, San Gil, Simacota, Contratación, Vélez, Barbosa, Florián, Bolívar, así como a la comunidad indígena u’wa en Concepción, entre otros.
A estas familias se les entrega una “ración familiar para preparar”, que incluye un mercado básico y Bienestarina, un complemento nutricional que busca mejorar la dieta de los hogares y prevenir que los niños y niñas sean diagnosticados con desnutrición.















