Bucaramanga
Domingo 01 de febrero de 2026 - 11:30 AM

El hambre nos pasa factura: una radiografía de vivir con el estómago vacío en Bucaramanga

Aunque Santander viene mejorando sus cifras contra el hambre, aún hay un trecho por recorrer. Este es un repaso por algunos indicadores y el trabajo que adelantan entidades como el Banco de Alimentos de Bucaramanga en beneficio de comunidades vulnerables.

El hambre nos pasa factura: una radiografía de vivir con el estómago vacío en Bucaramanga | Foto Marco Valencia / VANGUARDIA
El hambre nos pasa factura: una radiografía de vivir con el estómago vacío en Bucaramanga | Foto Marco Valencia / VANGUARDIA

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Santander tiene huevo. El departamento produce el 23 % de los huevos del país, es la cuna de la avicultura en Colombia y mantiene su papel crucial. 4.500 millones de huevos se producen al año.

El consumo de esta proteína viene en ascenso. Su precio y nutrientes se vuelven atractivos para combatir el hambre. En promedio, un colombiano consume un huevo al día. El aumento en la producción avícola ha generado que en algunas tiendas del país un huevo se consiga en $300.

Imagine que hay un programa llamado desayunos saludables, que consiste en entregar un alimento nutritivo para los niños. Si ese programa arrancara hoy y se extendiera por 11 meses para que 1.200 niños pudieran comer cinco huevos por semana, se requeriría la entrega mensual de 24.000 huevos, lo cual representaría una inversión aproximada de $10.800.000 mensuales.

El hambre nos pasa factura: una radiografía de vivir con el estómago vacío en Bucaramanga | Fotos Marco Valencia / VANGUARDIA
El hambre nos pasa factura: una radiografía de vivir con el estómago vacío en Bucaramanga | Fotos Marco Valencia / VANGUARDIA

Para cumplir con los 11 meses de programa se necesitarían 264.000 huevos, que costarían $118 millones. Eso implica el 0,0058 % de los huevos que produce Santander en un año. En otras palabras, solo se necesitaría media hora de la producción anual de huevo del departamento para cubrir la meta del Banco de Alimentos. Lea también: Cuando no alcanza ni para el ‘corrientazo’

El hambre nos pasa factura: una radiografía de vivir con el estómago vacío en Bucaramanga | Infografía Mónica Mantilla
El hambre nos pasa factura: una radiografía de vivir con el estómago vacío en Bucaramanga | Infografía Mónica Mantilla

Esa es la estimación de Claudia Leticia Colmenares Ruiz, gestora de donantes del Banco de Alimentos de Bucaramanga. Pues bien, el programa sí existe, pero actualmente cobija a 315 niños. Los desayunos saludables incluyen tres huevos por semana.

Santander tiene huevo suficiente para cubrir esta iniciativa que contribuye, al menos en pequeña medida, a enfrentar la situación de insuficiencia alimentaria.

Este es un departamento con potencial. El 90 % de sus municipios tienen el sector agropecuario como su principal actividad. En mayor o menor escala, se produce huevo, yuca, papa, arroz, café, panela, cacao, limón, cebolla, piña, frijol, pimentón, mango, entre otros.

Más allá de las capacidades agrícolas que tiene el departamento, el 16,2 % de la población afronta inseguridad alimentaria. Ese índice tuvo una caída notable en 2024 frente a 2023 (23,2 %). Esas cifras, en realidad, son personas que recurren a estrategias como reducir las porciones de sus comidas o levantarse tarde para saltarse el desayuno.

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Una cuestión de ingresos

El hambre está ligada a los ingresos. Cuando un hogar no tiene suficiente dinero mensual para adquirir una canasta básica de alimentos, se encuentra en condición de pobreza monetaria extrema.

Según el Dane, en Bucaramanga hay 48.000 personas en pobreza extrema a quienes no les alcanza para garantizar 2.100 calorías diarias en su alimentación.

Tal y como en los últimos dos años, Bucaramanga es la ciudad del país en la que más dinero se requiere para no estar en pobreza.

Mitigar el hambre tiene un precio. El Banco de Alimentos hizo estimaciones sobre los costos de un plato saludable, con tres raciones, por persona. Lo anterior, teniendo en cuenta las recomendaciones del ICBF.

El hambre nos pasa factura: una radiografía de vivir con el estómago vacío en Bucaramanga | Fotos Marco Valencia / VANGUARDIA
El hambre nos pasa factura: una radiografía de vivir con el estómago vacío en Bucaramanga | Fotos Marco Valencia / VANGUARDIA

$595.948 es el costo mensual promedio para alimentar saludablemente a una persona. Los datos son a corte del último trimestre de 2025.

Para ejemplificar los costos y sin tener en cuenta los gastos de logística, transporte, entre otros, vale la pena revisar cuánto costaría suministrar dichos platos a la población que se encuentra en pobreza extrema.

Si se entregara un plato saludable a cada uno de los 48.000 habitantes de Bucaramanga que se encuentran en esa condición, se necesitaría una inversión de $28.605 millones al mes o $343.266 millones al año.

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Esa cifra representa cerca del 15 % del presupuesto anual del Municipio de Bucaramanga o el 15,5 % de las ganancias que obtuvieron en el último reporte (2024) las 366 empresas más grandes del departamento. O en su defecto, 0,3 % del Producto Interno Bruto, PIB, de Santander.

Ahora bien, a nivel departamental hay 181.000 personas en pobreza extrema. Un mes de platos saludables para esa población costaría $107.866 millones. El año rondaría los $1,29 billones.

Una iniciativa con 23 años de historia

El Banco de Alimentos de Bucaramanga nació como una obra social de la iglesia católica, en respuesta a las altas tasas de hambre y desnutrición que afectan a amplios sectores de la población. Puede interesarle: Gladys Rocío Ramírez, una vida al servicio de los demás

Reciben los alimentos, los organizan, clasifican y distribuyen a través de fundaciones, entidades sin ánimo de lucro y parroquias, que, a su vez, los entregan a la población vulnerable.

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Su apuesta también pasa por proyectos productivos viables desarrollados en alianza con empresas y universidades. Uno de los sueños en construcción es acompañar a madres gestantes durante los primeros cinco años de vida de sus hijos. “Si la mamá está bien alimentada, el bebé recibe nutrientes desde el inicio. Y si se acompaña a la familia, se puede evitar que el niño tenga problemas en esos primeros años”, explica Gladys Rocío Ramírez, coordinadora administrativa del Banco de Alimentos de Bucaramanga.

Juan Pablo Borrero/Vanguardia
Juan Pablo Borrero/Vanguardia

El banco también depende del apoyo ciudadano. Además de los alimentos, reciben productos de higiene, horas de trabajo, transporte y conocimiento.

Gladys es optimista. “Lo ideal es que logremos al máximo contribuir con la seguridad alimentaria de nuestros conciudadanos. Podemos coayudar a solucionar esa situación. Queremos entusiasmarlos”. Así que quienes tengan o puedan comprar arroz, arveja, garbanzo, panela, café, chocolate, huevo y más, que levanten la mano y toquen la puerta en la carrera 20 #11-46, en el barrio San Francisco. Esos son los alimentos que más escasean en el banco.

“Ante el fenómeno del hambre que nosotros evidenciamos en nuestra región, y teniendo en cuenta que en el Banco de Alimentos hacemos de puente entre la abundancia y la necesidad, invitamos a que nos donen alimentos para organizarlos y así entregar mercados a las personas más necesitadas de la región”, recalca el padre Enrique López Carrillo, director del Banco de Alimentos de Bucaramanga. Le recomendamos leer: El hambre que persiste: 472 niños crecieron con desnutrición

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El reto de aprovechar los alimentos

En Colombia, el desperdicio de alimentos convive con el hambre. Cada año, 9,7 millones de toneladas de comida terminan en la basura, según estimaciones del Departamento Nacional de Planeación.

El hambre nos pasa factura: una radiografía de vivir con el estómago vacío en Bucaramanga | Infografía Mónica Mantilla
El hambre nos pasa factura: una radiografía de vivir con el estómago vacío en Bucaramanga | Infografía Mónica Mantilla

El 58 % se queda en las etapas de producción y poscosecha, mientras que cerca del 28 % se desperdicia en el consumo final, principalmente en los hogares.

“La sostenibilidad en las ciudades con el manejo de alimentos parte de la planificación: saber qué vamos a consumir en la semana, dónde vamos a comprar, cómo vamos a preparar y aprovechar esos alimentos”, explica Yuly Forero Pedraza, profesional en administración ambiental y de los recursos naturales.

El hambre nos pasa factura: una radiografía de vivir con el estómago vacío en Bucaramanga | Fotos Marco Valencia / VANGUARDIA
El hambre nos pasa factura: una radiografía de vivir con el estómago vacío en Bucaramanga | Fotos Marco Valencia / VANGUARDIA

Por otro lado está la selección de las frutas y verduras que no cumplen estándares estéticos y que nadie compra. Algunos llegan al banco de alimentos, en donde también trabajan con campesinos de municipios como Charta, Tona y Los Santos.

A cambio de frutas y verduras, reciben capacitación técnica en abonos orgánicos, plaguicidas naturales y procesos para transformar alimentos y ampliar su vida útil, como compotas, salsas o ensaladas. Incluso, en alianza con una fundación producen fertilizante líquido a partir de compostaje, que luego entregan y enseñan a usar a los agricultores.

“Las personas tienen que conocer de dónde vienen los alimentos y el esfuerzo que implica producirlos. Solo así se entiende que desperdiciar comida es también desperdiciar trabajo y desconocer la labor de quienes se levantan antes del amanecer a cultivar”, señala Forero.

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