Bucaramanga
Viernes 06 de febrero de 2026 - 06:51 PM

Mica Sonrisas: Una pasión por ayudar en Bucaramanga

En Bucaramanga, mientras muchos niños crecen con el juego y el estudio como rutina, otros aprenden desde muy temprano a convivir con el hambre. Fue esa realidad la que impulsó el nacimiento de la Fundación Mica Sonrisas. Esta es su historia.

Víctor González: una pasión por ayudar. Foto: Juan Ortega/ VANGUARDIA
Víctor González: una pasión por ayudar. Foto: Juan Ortega/ VANGUARDIA

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Mica Sonrisas nació hace 13 años como una iniciativa social que entendió algo esencial: el hambre también se puede combatir con una sonrisa diaria. Desde entonces, la fundación ha trabajado para enfrentar una realidad de la que poco se habla: la desnutrición, una pandemia que no termina y que muchos prefieren no ver.

Uno de sus programas más importantes lleva el nombre de “Cero Desnutrición”. Su objetivo es claro: combatir la falta de alimentación adecuada en niños y niñas de Bucaramanga, especialmente en los barrios más vulnerables de la ciudad. Allí, al llegar por primera vez, el equipo empezó a notar una realidad repetida: niños con una alimentación intermitente, familias que viven con un salario mínimo, hogares sin empleo estable. Comer bien no era una costumbre, era una incertidumbre diaria.

Cada semana, a través de sus redes sociales, Mica Sonrisas hace un llamado abierto a la solidaridad. Personas, empresas y voluntarios responden. Hoy, cerca de 900 voluntarios hacen parte de esta red que se mueve por una misma causa: que ningún niño crezca con hambre.

El proyecto comenzó con 25 niños. Hoy, más de 150 menores reciben apoyo cada sábado. Para este 2026, la meta es llegar a 300 niños y abrir camino en un nuevo barrio. Actualmente, el programa trabaja en Villas de Girardot y Camilo Torres, llevando alimentos donde más se necesitan.

"Ni un chino menos creciendo con el estómago vacío". Foto: Juan Ortega/ VANGUARDIA
"Ni un chino menos creciendo con el estómago vacío". Foto: Juan Ortega/ VANGUARDIA

Desde su creación, la fundación ha entregado cerca de 81 mil desayunos. Cada uno representa más que comida: es energía para aprender, para jugar, para crecer.

Detrás de Mica Sonrisas está Víctor González. Estudió diseño gráfico y durante años la fotografía fue su mayor pasión. La sede donde hoy funciona la fundación fue, alguna vez, un estudio fotográfico donde trabajaba. “La cámara me movía el alma”, dice, “pero sentía que me faltaba algo más”.

Ese algo llegó en un viaje a La Guajira. Allí entendió que su cámara podía hacer más que capturar imágenes bonitas. Podía contar historias, acompañar realidades y rescatar sonrisas. De ahí nació el nombre de la fundación.

Mica Sonrisas es eso: una cámara que dejó de mirar para empezar a ayudar, y una sonrisa que, incluso en medio de la necesidad, se niega a desaparecer.

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