Bucaramanga
Sábado 25 de abril de 2026 - 04:59 PM

La cruda realidad sobre la mente de los maltratadores de animales

El maltrato animal de Kira en Bucaramanga abre el debate sobre la violencia en la vida diaria. Expertos advierten que no se trata solo de hechos aislados, sino de varios factores.

Young woman walking in the city with her pet french bulldog
Young woman walking in the city with her pet french bulldog

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El reciente caso de maltrato animal, que terminó con la muerte de la perra Kira, de tres años, en Bucaramanga, abre el debate sobre los crecientes casos de maltrato animal, pero, más allá, sobre la intolerancia que tenemos como ciudadanos y la normalización de los comportamientos violentos en la vida diaria.

En el caso de Kira, la perrita fue brutalmente golpeada por un sujeto conocido en el barrio Betania. Según vecinos del sector, el hombre ya contaba con antecedentes de denuncias por maltrato animal. En este lamentable caso, el hombre aceptó los cargos y enfrenta una condena por parte de la justicia.

Sin embargo, no es un caso único. En la misma semana en que se denunció el caso de Kira, en medios de comunicación se dio a conocer otro hecho en el que una persona arrolló y abandonó a una perrita en La Concordia, y seguramente la lista puede seguir. La Unidad de Bienestar Animal (UBA) ha advertido que el número de denuncias por maltrato y abandono de animales crece cada día en Bucaramanga.

Más allá de los hechos individuales, el fenómeno abre una pregunta de fondo: ¿qué explica la violencia y por qué se dirige, con frecuencia, hacia los más vulnerables?

Vanguardia conversó con Richard Larrota, doctor en psicología y experto en comportamientos criminales, quien explicó cuáles son las causas que nos hacen violentos, por qué se ataca a los animales y qué hacer ante un comportamiento violento.

Tomada de redes sociales/Vanguardia
Tomada de redes sociales/Vanguardia

Violencia hacia el más vulnerable

En primera medida, en todos los casos de violencia, el agresor decide atacar a un ser que considera más débil. “Casi que por biología, el agresor va a atacar a quien considere que no puede generar oposición o defenderse”, explica. Este principio no solo se aplica en el maltrato animal, sino en los casos de violencia por intolerancia e incluso en la violencia intrafamiliar.

Larrota destaca que existen factores que pueden incrementar la ocurrencia de estos hechos de violencia. Por un lado, que no haya vigilancia o control, de manera que la persona pueda actuar sin ser vista.

Sin embargo, una de las principales causas que desencadenan este tipo de comportamientos es lo que el experto denomina la falta de regulación emocional. Se trata de la incapacidad de controlarse o de asumir responsabilidad frente a las emociones.

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“Viene de la frustración. No es porque el cerebro no lo permita regular, sino que es una falta de responsabilidad consigo mismo cuando se ejerce violencia, porque podrían existir muchas otras alternativas sobre cómo reaccionar”, advierte.

Además, esta violencia surge con un fin. “Esa agresión surge enfocada, así sea para regularse emocionalmente ante la frustración y el malestar que le puede generar una situación”, añade.

Otras circunstancias, como el consumo de drogas o el alcohol, pueden ser factores que facilitan o agravan los hechos de violencia.

De maltrato animal a la violencia hacia otros

Si bien este fue un caso de crueldad animal, pone en evidencia la crueldad humana en general. “Cualquier persona que sea violenta, independiente de a quién se dirija la conducta, es una persona con más probabilidades de repetir su conducta”, expresa el experto.

Esto quiere decir que una persona que sea violenta contra un objeto o un animal lo puede ser igualmente con otra persona.

“En muchos casos, son personas que, a lo largo de su vida, han aprendido que, a través de la violencia, pueden controlar el ambiente y están acostumbradas a responder de esta manera”, precisa.

No todo es una patología

El experto insiste en que no se debe atribuir una patología ni considerar que son personas enfermas los agresores que ejercen algún tipo de violencia. “Las personas que ejercen la violencia solo en muy pocos casos se explican a partir de enfermedades mentales o características de una enfermedad. En el grueso de los casos de agresión, son personas que no tienen ninguna patología mental, sino que no se han hecho responsables de su regulación emocional”, sostiene.

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En este sentido, las causas de los hechos violentos se encaminan más hacia las razones mencionadas, como la falta de regulación emocional, el manejo inadecuado de la frustración, así como lo aprendido a través de la violencia y los factores sociales y culturales.

“Si bien la responsabilidad está en el ser humano, también debemos preocuparnos por aquello que la sociedad y la misma comunidad promueven, donde la violencia se valida como mecanismo para solucionar conflictos de manera nefasta”, señala.

La intolerancia como trasfondo

Para el experto, el problema no es solo individual, sino estructural. La violencia se normaliza en ciertos entornos como mecanismo válido de resolución de conflictos. “Es una situación de intolerancia que probablemente ocurre con mayor frecuencia de la que conocemos”, advierte.

Cabe recordar que, además de los crecientes casos de maltrato animal, el departamento tiene altos índices de violencia intrafamiliar y casos de violencia por intolerancia.

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Aunque la sanción, tanto social como penal, es el primer paso para visibilizar las violencias, también se necesitan comunidades más empáticas. El experto señala la necesidad de trabajar en campañas y estrategias que promuevan la empatía desde la niñez y la adolescencia, fomentando adultos que no vean la violencia como el camino para resolver diferencias.

“Necesitamos que los padres puedan enseñar a sus hijos cómo desarrollar habilidades para ser más tolerantes, que desde las instituciones educativas se enseñe, que sea casi un mandato social para transformar el panorama. Este solo fue el caso que conocimos; no sabemos cuántos más han sucedido y no conocemos”, asevera Larrota.

¿Qué hacer ante un comportamiento violento?

En escenarios de confrontación, el experto recomienda evitar el enfrentamiento directo. “Una persona en estado de violencia no razona. Lo más prudente es no confrontar, evadir y retirarse”, explica.

Las autoridades reiteran la importancia de denunciar los hechos de violencia, pero también de fortalecer la convivencia desde la tolerancia y la empatía, tanto hacia los animales como hacia las personas.

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