El abandono de las estaciones del transporte masivo evidencia el fracaso en la protección y la recuperación de estos espacios públicos. Para muchos ciudadanos, estos escenarios son otras muestras de cómo los recursos invertidos en Metrolínea terminaron convertidos en ‘despilfarros’ a la vista de todos.

Lo que alguna vez fue presentado como una apuesta moderna para transformar la movilidad del área metropolitana de Bucaramanga hoy se ha convertido en una dolorosa muestra de abandono institucional. Las estaciones del ahora denominado esquema transitorio del Sistema Integrado de Transporte Masivo, SITME, conocido por los ciudadanos como Metrolínea, permanecen sumidas en el deterioro, el vandalismo y la desidia.

Un recorrido realizado ayer por Vanguardia evidenció una realidad que avergüenza a usuarios, vecinos y comerciantes. Estaciones que costaron miles de millones de pesos hoy permanecen convertidas en estructuras fantasmales, cubiertas de suciedad, con hierros retorcidos, paredes destruidas y espacios que sirven como dormitorios improvisados y sanitarios para personas en situación de calle.

Las imágenes son muy desoladoras. Donde antes transitaban pasajeros, ahora abundan los residuos, los grafitis y las señales inequívocas del abandono.
Este deterioro no es reciente: son años de falta de mantenimiento, vigilancia insuficiente y ausencia de decisiones oportunas que terminaron por entregar estos espacios a la delincuencia y al vandalismo.

“Da pena pasar por ahí. Uno recuerda cuando las estaciones funcionaban y verlas así produce tristeza”, expresó Yesid Bautista, quien diariamente transita por el corredor de la carrera 15, por los lados de la calle 37. (Le puede interesar: Metrolínea eliminó esta ruta en Bucaramanga: duró solo dos meses en operación)
Otro ciudadano fue más contundente: “Esto es plata de todos los bumangueses perdida. Parece una ciudad abandonada. Nadie responde por lo que pasó”.
Los usuarios coinciden en que el estado de estas estructuras refleja el fracaso de años de improvisación alrededor del sistema de transporte masivo. Lo que debía ser infraestructura estratégica para la movilidad hoy es símbolo del despilfarro y de la incapacidad administrativa para proteger bienes públicos que representaron cuantiosas inversiones.
A la situación se suma la acción constante de delincuentes y habitantes en situación de calle, quienes han desmantelado gran parte de los elementos metálicos de las estaciones para comercializarlos en el ‘mercado negro’. Sin embargo, la falta de personal de seguridad, la poca vigilancia y el descontrol institucional permitieron que durante años las estructuras fueran saqueadas pieza por pieza.
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Mientras las estaciones continúan deteriorándose, la ciudadanía sigue observando cómo una infraestructura financiada con recursos públicos se consume lentamente ante la indiferencia de quienes tienen la obligación de protegerla. La sensación general es de abandono y resignación frente a un sistema que durante años acumuló promesas incumplidas y decisiones tardías.
Hace poco más de dos meses se anunció una inversión cercana a los $ 13.000 millones para recuperar cinco estaciones consideradas prioritarias: Quebradaseca, Chorreras, San Mateo, La Isla y Provenza. Todas ellas presentan graves daños estructurales tras años de vandalismo y falta de mantenimiento.
Sin embargo, mientras las obras siguen sin iniciar, el deterioro avanza y la recuperación parece seguir atrapada entre trámites administrativos y anuncios que todavía no se materializan.

Consultado sobre el estado del proyecto de remodelación, el gerente de Metrolínea, Emiro Castro Meza, señaló que actualmente se encuentra en proceso de aprobación en la Alcaldía, con base en una consultoría realizada el año pasado. También recordó que la propuesta contempla estaciones más limpias y dotadas de sistemas de videovigilancia para evitar que las nuevas inversiones terminen nuevamente destruidas.
Hoy se sabe que los recursos estarían garantizados por la Alcaldía. Sin embargo, para muchos ciudadanos las explicaciones llegan tarde.
Mientras los proyectos siguen en etapa de aprobación, las estaciones continúan siendo monumentos al abandono, recordatorios permanentes de una infraestructura que durante años quedó a merced del vandalismo y de la falta de acción oportuna de las autoridades. ¡Qué pena!
Voces de los bumangueses
Los ciudadanos expresan su inconformidad por el deterioro y el abandono de las estaciones de Metrolínea.
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Nelson Gamboa, taxista, asegura que “da pena ver el despilfarro de los recursos que se invirtieron en este sistema de transporte”.

Por su parte, Carlos Sanabria, motociclista, considera indignante que se destinen 13 mil millones de pesos más para intervenir unas estaciones que, según él, “no están prestando ningún servicio útil a la comunidad y permanecen sucias y subutilizadas. ¿Cuál será el negocio con ese presupuesto?”

Entre tanto, Ronald Bautista, transeúnte, señala que “en lugar de meterle plata a eso, sería necesario fortalecer la cultura ciudadana y aumentar la presencia de las autoridades para garantizar el cuidado y la conservación de estos espacios públicos”.
















